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Domingo

¡Trabajemos Juntos!


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En el mes de marzo de este año, tuve la oportunidad de ser seleccionada para participar en la tercera edición del Programa Juntos del gobierno de Japón. “Juntos” es una iniciativa que no solamente busca promover el entendimiento de la historia y desarrollo de Japón, sino pretende incentivar la implementación de las buenas prácticas –producto de un largo proceso de aprendizaje– en otras sociedades. Indudablemente, Latinoamérica puede aprender mucho de esta experiencia, del enorme desafío, y oportunidad, que representa superar la crisis para construir una sociedad sobre bases y principios sólidos que contribuyan al desarrollo de todos los ciudadanos. Pero ¿cuáles son esas buenas prácticas que han dado al pueblo japonés una ventaja sobre el resto del mundo?

En principio, es importante hacer notar los contrastes históricos que distancian a la sociedad japonesa de las latinoamericanas. En este sentido, deben evaluarse dos factores; su participación en la Segunda Guerra Mundial y su política imperialista que culmina al finalizar la guerra. El paso del imperialismo hacia el establecimiento de una Monarquía Constitucional con las características de un Estado Moderno, es probablemente una de las lecciones más interesantes de la historia del Japón, pues en el afán de descentralizar el poder para devolver valor a la ciudadanía, no debilita sus políticas, sino las fortalece al conceder poder a cada individuo de su sociedad. El empoderamiento del individuo se hace efectivo gracias a una importante apuesta por la institucionalidad. De aquí nace una reflexión importante: no son las personas que ostentan el poder quienes tienen la capacidad real de cambiar a una sociedad o al sistema que la representa, el cambio depende del compromiso de los individuos con el proceso de transformación.

La oportunidad de conocer de cerca la historia, política y cultura del pueblo japonés, me ha permitido redescubrir el valor del individuo en la construcción de las sociedades. Una sociedad funciona cuando las personas que la integran son funcionales en lo individual. La individualidad alimenta al colectivo, le da valor. La conformación de los principios, valores e ideales de un grupo, solamente cobra vida cuando estos son puestos en práctica por cada ciudadano en lo particular. Esto nos demuestra que las sociedades, tanto como quienes las representan en el poder, sí son, en algún sentido, un reflejo de lo que somos en lo individual los ciudadanos que la integramos. Cada miembro de una sociedad tiene un rol imperante en la construcción de la institucionalidad, pues para dotar del valor y carácter que necesitan las normas formales para convertirse en instituciones, se necesita la legitimidad que solo da el pueblo y la misma se construye cuando se cree en las normas y las mismas son puestas en práctica.

En este sentido, cada ciudadano asume un papel protagónico en el proceso de transformación del sistema. Esto aplica, desde luego, también para Guatemala; pues de este análisis surge una reflexión importante para atender el momento que estamos viviendo. Hemos atravesado en los últimos tres años, con sus éxitos y fallos, un proceso exhaustivo de depuración del sistema. El mismo aún no culmina. Sin embargo, de manera paralela, debe empezarse a trabajar en la remodelación de las instituciones que hoy se encuentran debilitadas. Derivado de la experiencia que recojo del proceso de aprendizaje de Japón, me atrevo a decir que es una tarea que no puede ni debe ser delegada a actores que no se identifiquen, ni practiquen, los principios y valores que defendemos como sociedad. De esta premisa nace una serie de interrogantes que deberían plantearse todos los individuos. ¿Qué estoy haciendo yo para transformar el sistema y a mi sociedad? ¿Cómo contribuyo a la construcción de la cultura de legalidad desde los espacios en que me desenvuelvo? ¿Estoy siendo yo honesto, respetuosos, honrado, dedicado? ¿Defiendo la verdad y la justicia a cada lugar que voy?

No debemos olvidar que cada uno de nuestros actos tiene una consecuencia directa sobre la forma en que se desenvuelve nuestra sociedad. Trabajemos cada uno por convertirnos en el ciudadano que aspiramos ver trabajando por Guatemala. ¡Hagámoslo Juntos y construyamos país!

Sociedad de Plumas es una red de colaboradores comprometidos con promover en las páginas editoriales el balance, el contraste y la propuesta constructiva.

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