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Domingo

Operación Clinker (Tercera parte y final)


Por: Manolo E. Vela Castañeda

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El 21 de mayo y el 16 de julio pasados publiqué las primeras dos partes de esta crónica. Presento ahora la tercera parte y final.

Lo que pudo haber pasado. Antes de una tragedia –en días, horas o minutos– la vida te da posibilidades de cambiar de curso. El caso del secuestro de la señora de Novella no iba a ser la excepción. Tres días antes de que los negociadores cayeran en manos del comando antisecuestros, hasta el Comandante Isaías llegó una nota para intentar convencerle de abortar las negociaciones y, sin ninguna condición, liberar a la víctima. La respuesta, como se sabe, fue negativa: “no voy a cumplir esas órdenes, todo está montado, y es responsabilidad mía”.

Lo que terminó por detonar las alarmas en ORPA fue la revisión del diseño de la operación de recolección del rescate, el dinero. Mucha gente metida en un gran operativo, lo que iba en contra de la sorpresa y la movilidad, principios básicos del accionar insurgente en ámbitos urbanos.

Y así, en el empeño por querer salir airosos de una operación que –a lo largo de semanas– se había complicado, todo terminó por venirse abajo; al estilo de lo que iba mal terminó aún mucho peor. Hay que ser coches, pero no trompudos.

Mincho. Ya acorralados, entre gritos y quejidos, el ruido que deja el choque del palo sobre hueso y músculo; y los jaloneos para meterlos a los vehículos, Isaías vio por última vez a Mincho. Y después, en aquellas breves horas que transcurrieron entre la noche del 19, la madrugada y la mañana del 20 de octubre, el Comandante Isaías insistía en la liberación, con vida, de su acompañante. Y así, la suerte de Mincho terminó por definirse.

El “poderoso” Álvaro Arzú. La desaparición de Mincho llegó hasta el punto en que el presidente Arzú, confrontó al jefe del Estado Mayor Presidencial, el general Marco Tulio Espinoza Contreras. En Las Huellas de Guatemala, Gustavo Porras recuerda las palabras exactas del entonces presidente: “General, yo sé que esto no es un juego de niños. Si lo tuvieron que matar, lo puedo entender, pero lo que no puedo admitir es que me engañen. Dígame exactamente qué fue lo que pasó” Y el general Espinoza mantuvo su versión y hasta allí llegó el “poderoso” Arzú.

Era el tiempo en que el jefe del Ministerio Público estaba sometido al presidente y no hubo más investigaciones. Tampoco hubo decisión de emplear a la Inspectoría General del Ejército, un mecanismo de control en manos del presidente.

Apenas dieciocho meses más tarde iba a ocurrir lo mismo, cuando, la noche del 26 de abril de 1998, tuvo lugar el asesinato del obispo Juan José Gerardi. Aquí, otra vez, la versión que prevaleció fue la del Estado Mayor Presidencial. Y aquí, también, hasta allí llegó el “poderoso” Arzú. Ni bravatas, ni llamado a los garrotazos, solo la duda y el silencio, cómplice, ese que se queda atorado en la garganta y que dura para lo que queda de vida.

Restablecer el proceso de paz. Pasado el operativo de intercambio había que restablecer el proceso de paz. Para ello, dos emisarios del gobierno, el general Julio Balconi Turcios, ministro de la Defensa, y Gustavo Porras, secretario privado de la Presidencia, viajaron a Toluca, México, para tener una reunión con los comandantes guerrilleros.

Hasta ese momento nadie en Guatemala se había enterado de qué era lo que había ocurrido la tarde noche del 19 y la madrugada del 20 de octubre.

En la suite de un hotel que se halla en los alrededores del aeropuerto internacional de aquella ciudad del Estado de México, todo empezó con fríos saludos y siguió con la declaración del comandante Garpar Ilóm, que terminó con un mea culpa. Las condiciones para el regreso a las negociaciones fueron puestas así: uno) la salida de la mesa de negociaciones de Gaspar Ilóm; y dos) la elaboración de un comunicado donde la organización reconociera su responsabilidad. El proceso de paz tenía que sellarse meses más tarde, el 29 de diciembre.

En aquella reunión los otros dos comandantes, Pablo Monsanto, de las Fuerzas Armadas Rebeldes, FAR; y Rolando Morán, del Ejército Guerrillero de los Pobres, EGP, fingieron desconocer el motivo de la reunión. En realidad, ellos habían estado al tanto de qué había ocurrido horas después de que la operación fracasó.

Las consecuencias a largo plazo. Se dice en que en política lo real es lo que no se ve. A pesar que pareció que ya todo estaba arreglado, las consecuencias del secuestro de la señora de Novella se fueron dosificando, lentamente, a lo largo de mucho tiempo, como un poderoso veneno.

Entre los actores principales de los acuerdos: el gobierno, pero particularmente el presidente Arzú y la URNG, la confianza nunca más iba a restablecerse.

A partir de este evento, la decisión de gobierno fue aplazar –de forma indefinida– la desactivación del Estado Mayor Presidencial. Dieciocho meses más tarde esta unidad iba a verse involucrada en el asesinato del obispo Gerardi.

Las bases urbanas de URNG, en uno de los primeros  desafíos hacia la dirigencia del muevo partido,  cuestionaron la falta de contundencia en la exigencia por el aparecimiento con vida de Juan José Cabrera Rodas.

Adentro de URNG el fracaso de esta operación agudizó viejas rencillas y minó el terreno de la fusión de cuatro organizaciones en una sola. Tres años más tarde, en 2001, la guerrilla iba a partirse en dos: unos se fueron con Pablo Monsanto, el líder de las FAR; y otros, la dirigencia de ORPA y de EGP, continúan, hasta ahora, en URNG.

El nombramiento de Jorge Rosal en lugar del Comandante Pancho para estar el 29 de diciembre en el acto de la firma de la paz provocó el desconcierto en el liderazgo de ORPA. Nadie podía creer cómo Asturias había preferido nombrar a un colaborador más bien externo que a alguien que se hallaba en la línea de mando.

***

El general Marco Tulio Espinoza Contreras, en aquel entonces jefe del Estado Mayor Presidencial, ya retirado del Ejército, está dedicado a sus negocios. El coronel Rudy Vinicio Pozuelos Alegría, segundo de Espinoza en el Estado Mayor Presidencial, tiene una investigación abierta por la ejecución extrajudicial de Monseñor Juan Gerardi.

La señora Olga Alvarado de Novella murió el 15 de agosto de 1998. Su hijo, Enrique Novella Alvarado, quien se hizo cargo de llevar la negociación del secuestro, murió en un accidente aéreo el 9 de septiembre de 2002.

Rodrigo Asturias, el hijo primogénito del Premio Nobel de Literatura, después de temer su captura, y vivir momentos de abatimiento, hacia septiembre de 1997 regresó a Guatemala. En 2003 fue candidato a la presidencia. El 15 de junio de 2005 falleció, a los 66 años, de un ataque al corazón.

El Comandante Isaías, con una nueva identidad, vive en un lugar desconocido. Su última aparición pública tuvo lugar el 21 de octubre de 1996, en El Salvador, en una reunión de las direcciones nacionales de URNG.

Juan José Cabrera Rodas, Mincho, continúa desaparecido.

A la fecha el Ministerio Público continúa con la investigación del caso.

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