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Domingo

La agenda imperial


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Crecí escuchando y viendo consignas “antimperialistas”, porque eran los años del fragor de la Guerra Fría. Aclaro que no en el seno del hogar de mis padres, sino en la calle, donde se exhibían pintas, donde se leía: ¡Fuera el imperialismo Yanqui!, entre muchas otras expresiones que responsabilizaban al gobierno estadounidense de la miseria y debacle nacional. En ese entorno crecí; eran años de guerra de guerrillas, de asesinatos de intelectuales, cuyo pensamiento discrepaba del pensamiento oficial dominado por la milicia que gobernaba el país, con mano de hierro, reclutando a jóvenes en todas las plazas de nuestros pueblos, haciendo obligatoria la “Inscripción militar” y eventualmente el servicio militar. ¡Guatemala estaba en guerra!; seguían siendo tiempos –recordando a Efraín de los Ríos– de “ombres” contra hombres. Los guatemaltecos mataban a guatemaltecos… ¡muy triste! y los bandos encontrados, eran solo sirvientes de dos imperios antagónicos que suministraban el odio, la ideología y las armas. También eran tiempos de voladuras de puentes, daño a la infraestructura, asesinatos de emprendedores honrados y ataque inclemente a la propiedad privada… los imperios, permanecían incólumes, mientras procuraban la muerte en el mundo pobre e ignorante que estaba destinado a permanecer así, porque ello alimenta: la guerra, la división, la muerte y a la vez, permite negociaciones imperiales, a espaldas de los cándidos que se matan, por causas y órdenes foráneas.

Los que odiaban a los “Yanquis” eran los dirigentes de una izquierda muy beligerante y también belicosa. Este discurso “antimperial”, ganó muchos adeptos, principalmente entre los estudiantes de institutos públicos, de la universidad estatal, algunos colegios privados religiosos, y también, entre los dirigentes magisteriales que –a la sazón– eran muy distintos al abominable y farsante Joviel Acevedo; se trataba entonces de gente con convicciones claras y el valor para defenderlas. De niño presencié, en primera fila, como “El Pelotón Modelo” reprimía cuanta manifestación surgía y respiré los gases lacrimógenos, porque viviendo y estudiando en el hoy conocido como “Centro Histórico”… pues allí estaba la acción. En edad universitaria, al adoctrinamiento, por las rutas del marxismo, el ateísmo y la lucha de clases, estaba a la orden del día y se podía respirar… aún en universidades privadas. Eran días de matanza e impunidad, de dolor y sangre inocente. A mi propio hermano lo mataron en 1979, sin que tuviera que ver, el asunto, con su pensamiento político, ni nada por estilo… lo mataron porque el “río revuelto”, los malos siempre lo aprovechan y su muerte –por cierto impune– fue perpetrada desde el Ministerio de Gobernación que dirigía el repulsivo marrano, aún en fuga, Donaldo Álvarez Ruiz.

Además de esa pérdida –la más dolorosa para nuestra familia– lamenté la muerte de muchas personas útiles que “cometieron el error” de afrentar el statu quo, no con armas, sino solamente con su voz e ideas. Presencié –incidentalmente– el desarrollo de los hechos trágicos de la Embajada de España y también estuve a cien metros de distancia del bombazo de 1980 en el Parque Central, porque trabajaba muy cerca y de hecho los vidrios que tenía a 50 centímetros de mi espalda quedaron hechos trizas… el ruido ensordecedor y temblor que provocó aquel cobarde atentado, simplemente es inexplicable… uno no entendía qué estaba pasando. En esta vorágine de guerra interna, azuzada por los protagonistas de la Guerra Fría (URSS y EE. UU.), las facciones encontradas, en Guatemala, no obedecían a un imperio sino a dos, aunque los gobiernos, estaban alineados –y firmes– con EE. UU., potencia que realmente dirigía, por interpósitas manos locales, la guerra contra la insurgencia.

Los tiempos cambiaron, de pronto EE. UU., ya no se reconoció como rector de nuestra absurda guerra interna… y fue mutando hasta convertirse en un gobierno con ideas “socialistas”, apoyando causas de la exguerrilla y tomando distancia de su antiguo subordinado… El Ejército de Guatemala. Es más, “le zafó la alfombra” y apoyó el enjuiciamiento de militares de la vieja escuela que otrora recibieron órdenes de Washington, ejecutándolas el pie de la letra. No cabe duda que a partir de la finalización –al menos temporal porque está resurgiendo– de la “Guerra Fría”, los lobistas de izquierda han logrado mucho mejores resultados que los de derecha… sin duda han sido más unidos, estratégicos e inteligentes. Han hecho valer el hecho –innegable– de que “la bandera” de miseria, marginación e ignorancia que priva en la Guatemala que nunca ha querido ver la derecha recalcitrante y dogmática… está más visible y vigente que nunca. Los EE. UU. se han percatado de la descomposición social, también manifestada en migraciones masivas de nacionales a su territorio y en la proliferación del crimen organizado que se ha instalado en sucesivos gobiernos democráticos, con la ayuda y permisión de criminales de cuello blanco, vestidos de financistas, estrategas y estadistas.

La agenda “del imperio” cambió paulatinamente, desde hace más de una década. La ausencia de la amenaza soviética y la politización, de sus otrora líderes guerrilleros guatemaltecos que aún viven e intelectuales simpatizantes con ellos, les abrió un espacio, para “balancear” el poder y dar cabida a la visión social… aunque esta sea –solo– del diente al labio y expresada en gobiernos “socialistas” tan corruptos como los “capitalistas”, tal el caso –juzgando por el discurso– los de Portillo y Colom. Así las cosas, corruptos “derechistas” e “izquierdistas”, más oportunistas y nefastos, se pelean hoy por el poder… ganando cancha –a todas luces– la izquierda que evidentemente, nunca perdió la guerra y está claramente, vigente. La decantación ideológica, por la “izquierda” es tal –a pesar de Trump– que existen criminales de guerra, solamente en la derecha, se habla de abusos solamente desde el ejército y los relatores ignoran hechos trágicos y salvajes, como el atentado del parque de 1980, donde murieron lustradores, taxistas y vendedores callejeros… todos ajenos el conflicto bélico, todos inocentes.

La base de la “Agenda Imperial”, desde hace varios años, es: 1- Evitar la inmigración a toda costa, 2- Luchar contra la corrupción institucionalizada, en sus países, aún “alineados”, 3- Controlar, a distancia, de los gobiernos de los países-amenaza, considerados también sus patios traseros, los cuales pretenden “ordenar”. Ante esta realidad, ahora quienes propugnan por la “soberanía” y quienes gritan –aunque sin pintas– pero sí moviendo todos los hilos que pueden ¡Fuera el imperialismo Yanqui! son sus antiguos aliados “ideológicos”, sin percatarse que la ideología imperial ha cambiado. El imperio cambió de camisa, de ideología y de estrategia, también cambió de amigos… y no es la primera vez que lo hace. Lo cierto del caso es que sujetos al “imperio” siempre hemos estado y estaremos, quedando a expensas de las decisiones imperiales, las nuevas reglas del juego. Lo único que cambiará –respecto a Guatemala– con el nuevo embajador, es el “estilo”, la “forma”… pero ni el fondo ni la agenda. Donald Trump –en el que muchos tenían fincadas sus esperanzas– tiene cosas mucho más importantes que atender, está próximo a liderar una guerra mundial, o ser purgado del poder; Guatemala y otros países bananeros se pueden manejar –sin dificultad– a distancia, lo cual está ampliamente demostrado, con la efectividad de modelos como CICIG que serán replicados, no solamente en Centroamérica, sino en muchas naciones inviables, más las directrices de embajadores cada vez más poderosos que se irán convirtiendo –rápidamente– en Procónsules Imperiales y regionales… para allá vamos ¡Piénselo!

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