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Domingo

Las horas bajas de Jeff Sessions


Donald Trump y Jeff Sessions comparten la visión de que Estados Unidos está socavado por la inmigración clandestina.

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AFP/DPA/UNIVISION –Jeff Sessions muestra una aparente sencillez tranquilizadora, por su temperamento pausado y su cabello blanco bien peinado, pero este exsenador ultraconservador muy cercano a Donald Trump, que lo puso al frente del Departamento de Justicia, es un estratega radical que no cede ante la tormenta.

Cuando ambos comparecen juntos, proyectan una imagen llena de contrastes.

Trump es más bien corpulento y adepto de la retórica explosiva. Sessions es pequeño y delicado, con voz dulce y palabras medidas.

Sus orígenes también son opuestos. Mientras el presidente es un multimillonario nacido en la cosmopolita Nueva York, el titular de Justicia proviene del sur del país, donde su padre tenía una tienda con una clientela rural.

A uno se le reprocha sus gustos caros, del otro se burlan por su vida austera.

Trump se ha jactado de sus conquistas femeninas y de haberse casado tres veces, una con una actriz y dos con exmodelos. Su fiel secretario celebrará pronto sus bodas de oro con una discreta maestra, muy comprometida con las actividades de su iglesia.

Visión compartida

Pero entre ambos, de 70 años, existe un punto en común crucial, a pesar de que hace 15 meses pocos les auguraban un futuro político brillante.

Trump era un magnate de los negocios que hizo fortuna en el sector inmobiliario, con un potente perfil televisivo. Sessions era senador del pequeño estado de Alabama y un dirigente secundario del Partido Republicano.

Ambos sellaron una alianza anti-establishment y unieron sus ambiciones para llegar a Washington.

Comparten la visión de que el país está socavado por la inmigración clandestina, los trabajadores blancos son injustamente apartados, los valores cristianos ya no son respetados y el orden público sacrificado por una indulgencia general.

Pero Sessions afronta ahora la tormenta provocada por sus encuentros el año pasado con el embajador ruso en Washington.

El Fiscal General estadounidense, consideró el pasado 13 de junio que la idea de una colusión entre Rusia y la campaña de Donald Trump en las elecciones de 2016 es una mentira “detestable”, aunque alegó que no podía recordar muchos detalles.

Sessions testificó ante el Comité de Inteligencia sobre sus vínculos con el embajador ruso cuando era miembro de la campaña de Donald Trump y su rol en el despido de James Comey.

El Fiscal General y Secretario de Justicia buscó disipar las dudas que penden sobre él: “Nunca me encontré ni tuve ninguna conversación con rusos o funcionarios de cualquier otro gobierno sobre interferencia en ninguna campaña en Estados Unidos”, expresó.

Nombre con historia

Jefferson Beauregard Sessions III fue bautizado con el nombre de su padre y de su abuelo, este último llamado así en homenaje a Jefferson Davis, el presidente de los estados confederados del sur durante la guerra de Secesión.

Nació en Selma, la ciudad conocida por la represión policial contra manifestantes pacíficos durante una marcha a favor de los derechos civiles en la época de la segregación racial.Es licenciado en Derecho por la Universidad de Alabama.

Si el temor de los indocumentados tuviera nombre propio en Estados Unidos, este sería el de Jeff Sessions quien fue senador durante los 20 años previos a su entrada en el Gobierno de Trump.

El National Journal lo calificó como uno de los cinco senadores más conservadores del país: contrario al aborto, al matrimonio homosexual y al uso recreativo y medicinal de la marihuana que algunos estados norteamericanos permiten por ley.

Las acusaciones de racismo contra él frustraron su carrera como juez federal a mediados de la década de los ochenta, cuando un abogado testificó que le había escuchado decir que los abogados blancos que defienden a clientes negros eran “una vergüenza” para la raza.

Trump entró el 20 de ener o a la Casa Blanca con la promesa de echar a más de 11 millones de indocumentados, la mayoría hispanos, y desde entonces arma a golpe de órdenes ejecutivas y de memorandos de los Departamentos implicados un marco legal en el que prioriza la deportación de todo sin papeles, no solo de los que han cometido delitos graves y crímenes, como era el caso hasta su llegada.

Solo ha dejado al margen, al menos hasta ahora, a los “dreamers” (soñadores), jóvenes indocumentados que llegaron de niños junto a sus padres y a los que Barack Obama protegió de la deportación y otorgó permisos de trabajo temporales con el Programa de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA por sus siglas en inglés).

Sessions es un viejo enemigo de DACA y de todo intento de reforma migratoria que incluya regularización.

Las audiencias de confirmación de su nombramiento en el Senado se vieron interrumpidas por las protestas de activistas denunciando su presunta cercanía al Ku Klux Klan -que él negó- y su animadversión hacia los inmigrantes.

El día de su juramento como fiscal general, en el Despacho Oval avanzó cuál iba a ser el andamio para armar legalmente el viraje que la administración de Trump ha dado en materia migratoria. “Tenemos que poner fin a esta impunidad que amenaza la seguridad pública y abarata los salarios de los trabajadores estadounidenses”, dijo.

Puesto clave

>Desde su puesto al frente del Departamento de Justicia, supervisa las actividades del FBI, los fiscales federales, la Agencia sobre Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos (ATF), el sistema penitenciario, el Cuerpo de Alguaciles (USMS) y la agencia antidrogas DEA.

“Aquellos que siguen intentando entrar de manera ilegal en este país están advertidos: esta es una nueva era. Esta es la era Trump”.
Jeff Sessions, fiscal general durante una visita a Arizona, en un puesto de la frontera con México el pasado 15 de abril.

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