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Domingo

S.O.S por una laguna que se queda sin oxígeno y agua


Una investigación efectuada entre 2002 y 2014 evidencia el grave deterioro de la laguna de Calderas, ubicada en Amatitlán. En esos 12 años, sus antes aguas claras y de alta calidad se convirtieron en lecho de plantas acuáticas y algas cargadas de nutrientes que le roban oxígeno. A principios de 2017, la transparencia del espejo acuático preocupó a pobladores de comunidades que viven en la cercanía, pero también la notable disminución del nivel de agua, igual como ocurrió con otras lagunas y lagunetas del país que hoy han desaparecido.

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La laguna de Calderas es un hermoso paraje ubicado en las faldas del volcán de Pacaya, entre las aldeas Humitos, Mesillas Bajas y Mesillas Altas de Amatitlán. Los expertos explican que este cuerpo de agua tiene un origen de hace miles de años, cuando al colapsar el cono de un antiguo volcán se formó una caldera que con el tiempo se cubrió de agua hasta formar la laguna. Los pobladores le llaman “el antiguo Pacaya” y hoy es posible observar vestigios de ese coloso en poblados como San José Calderas y San Francisco de Sales.

Hay fumarolas térmicas alrededor de la laguna que emanan vapor caliente y los lugareños aprovechan el fenómeno y lo utilizan como técnica en la cocina. Entierran por ejemplo, huevos y güisquiles hasta que están cocidos y listos para comer.

La zona es considerada de alta recarga hídrica y su importancia ha sido reconocida desde 1956, cuando fue decretado el Acuerdo de Zonas de Veda (para todos los volcanes del país) y luego fuera catalogada como Parque Nacional. El territorio cercano a las 2 mil 221 hectáreas recibió el nombre de Parque Nacional Volcán de Pacaya y Laguna de Calderas. En los años noventa fue incluido en el Sistema Guatemalteco de Áreas Protegidas, en la categoría I, por su preciso sistema de manejo, explica Humberto Morales, director del Parque Nacional.

Para ingresar al área protegida es necesario viajar hacia San Vicente Pacaya, Escuintla, y continuar el trayecto hacia la aldea San Francisco de Sales. El visitante tiene oportunidad de recorrer dos senderos que le permiten admirar la belleza del entorno: el volcán de Pacaya a espaldas de la laguna, la cuenca boscosa y si es posible alguna especie endémica (nativa del lugar), como la salamandra del Pacaya o el cedro del Pacaya, menciona Morales.

Pobladores de San José Calderas y de otras 13 comunidades viven cercanos a la orilla de la laguna y utilizan el agua para consumo humano y riego, señala Morales. “Es la única fuente de agua”.

Pero, también sirve como recipiente de descargas de aguas residuales de algunas de las aldeas, ubicadas en la parte alta de la cuenca. El agua servida es rica en nutrientes y fertilizantes y estos han hecho estragos en la laguna, cuyas aguas han perdido transparencia debido a las algas que viven de nitrógeno y fosfato y se reproducen a gran escala.

A estos problemas, el director del Parque Nacional suma otro, que mantiene en alerta a los vecinos. Tras la explosión del volcán de Pacaya, el 27 de mayo de 2010 y luego del paso de la tormenta tropical Agatha, los pobladores comenzaron a observar el descenso de nivel de agua de la laguna. “No sabemos qué pasó. Solo que desde entonces perdemos 50 centímetros cúbicos de agua al año”, añade Morales.

Por esta causa, en febrero pasado, fue convocada una mesa técnica con distintos participantes y dirigida por la oficina del Procurador de los Derechos Humanos (PDH) con el propósito de frenar el deterioro del manto acuático.

 

Hallazgos científicos

Sin embargo, en 2014, un artículo científico publicado en la revista de la Escuela Regional de Ingeniería Sanitaria y Recursos Hidráulicos (ERIS), de la Universidad de San Carlos de Guatemala (Usac), evidenció las primeras señales de daño en la laguna de Calderas.

A Gabriel García, ingeniero civil y estudiante de la maestría en Ingeniería Sanitaria por la ERIS, le fue solicitado un requisito adicional a la presentación de una tesis cuando concluyó sus estudios en 2014. Le pidieron que escribiera un artículo científico para publicar en la edición de octubre de ese año en la revista de la ERIS sobre el tema que él eligiera.

“En la maestría recibimos el curso de Limnología (ciencia que estudia los aspectos físicos y biológicos de los ecosistemas de agua dulce, especialmente los lagos) y hay que visitar las lagunas del Pino, de Calderas, la de Ayarza para medir el oxígeno del agua. Cada grupo deja los datos que interpretó y quedan registrados. Por eso decidí escribir sobre la laguna de Calderas”, indica el experto.

Ramos se inclinó por profundizar en el Estado Trófico del cuerpo de agua, ya que antes otros grupos habían efectuado análisis similares y reportados los resultados. “Había datos de 2002, 2004 y 2011”, afirma García.

El investigador utilizó la información que obtuvo con trabajo de campo y laboratorio y luego la comparó con los otros registros que comprenden un periodo de 12 años. “En 2002 la laguna tenía Índice de Estado Trófico de 39 lo que la ubicó en un estado oligotrófico, esto significa que presentaba agua clara y de alta calidad para uso humano, con elevada presencia de oxígeno y poca presencia de algas”, cuenta el experto.

Pero, en 2014, las condiciones del cuerpo de agua fueron distintas. “Se hicieron las mediciones y tenía un Índice de Estado Trófico de 44, lo cual significó que había avanzado al estado mesotrófico, había plantas en el lecho de agua y niveles moderados de nutrientes”, explica el investigador.

El estudio avanzó hacia los niveles de oxígeno del agua y por ello García determinó que, con base en las características de la laguna en 2002, 2004, 2011 y 2014, la presencia de oxígeno disuelto se había reducido en un 20 por ciento. “Esto se debe a distintas causas como, erupciones volcánicas, pero también al crecimiento poblacional y con ello una mayor generación de aguas residuales”, afirma García.

Asimismo, García evaluó la transparencia de la laguna y detectó una pérdida del 50 por ciento. “En 2002, era transparente hasta 4.03 metros y en 2014 hasta los 2.90 metros”. Esto es grave, porque significa pérdida de oxígeno y con ello un grave daño al ecosistema de la fauna que habita la profundidad de la laguna. Por ejemplo, los peces ya no pueden respirar en aguas profundas y deben migrar a las orillas para reproducirse.

Desaparecen

Con la instalación de una mesa técnica de trabajo, en la que participan distintas instituciones y organizaciones comunitarias se intenta revertir el daño causado a la laguna y que no ocurra como ha sucedido con otras en los últimos 40 años.

Esta situación comenzó a ser evidente, en 1989, cuando César Castañeda, actual director del departamento de Ingeniería Agroforestal en la Universidad del Valle de Guatemala, publicó el estudio Deterioro y Desaparición de Lagos y Lagunas, para el Centro de Estudios Urbanos y Regionales (CEUR).

El experto consiguió documentar la desaparición de lagunas de municipios de Huehuetenango, como: Ocubilá, en Chiantla; Toquiá de San Juan Ixcoy; Piol en San Sebastián; Istinaj de San Rafael La Independencia y varias de Nentón. En Sacatepéquez para entonces se habían secado las lagunas de Dueñas y Quilisamate, así como la de Retana, en Jutiapa

En los años en que Castañeda efectuó las investigaciones comenzaban a mostrar serio deterioro las lagunas Zapotal y Petexbatún, en Sayaxché, Petén, y la de Chicabal en Quetzaltenango.

En la capital, la laguna Naranjo, ubicada en cerro El Naranjo (en el área que hoy comprenden las colonias Bosques de San Nicolás y Montserrat) comenzaba a convertirse en un pantano de acuerdo con el experto. En la actualidad, el cuerpo de agua no existe en la zona.

Para entonces, en el país había por lo menos 300 cuerpos de agua catalogados como lagos, lagunas y lagunetas. El censo actual no llega a los 200.

En los últimos cinco años, Delegados departamentales del Ministerio de Ambiente y Recursos Naturales (MARN) han identificado otras 27 lagunas en problemas. Algunas se han secado y otras están en proceso de desaparición.

Por ejemplo, la de Atescatempa, era considerada una laguna dinámica. En época seca bajaba el nivel de agua y se recuperaba en invierno. Desde 2008, el cuerpo de agua se había mantenido. Sin embargo, ahora está seca por completo.

La laguna El Comendador en Pasaco, Jutiapa, también se secó, así como las de Lemoa, La Garza (en el Instituto Adolfo V. Hall) y La Estancia en Santa Cruz del Quiché. La laguna artificial El Prado en San José Ojetenam, San Marcos, ya no existe y La Blanca, en el municipio de La Blanca de ese departamento, también está en proceso de desaparecer. En Chisec, Alta Verapaz, donde están las cuatro lagunas de Sepalau, dos se secaron en verano y el MARN espera que se recuperen en los siguientes meses.

El Ministerio detectó que en otras como Nisguaya y La Encantada en Pasaco, Jutiapa; del Hoyo, Itzacoba, Pito y laguneta Achiotes en Jalapa; así como la del Pino, El Carrizal, Ixpaco y Ayarza en Santa Rosa, ha disminuido de manera considerable el nivel de agua.

Las causas del fenómeno que expuso Castañeda en el estudio de 1989 siguen vigentes. En su momento señaló que los cuerpos de agua desaparecían debido al mal manejo de los recursos naturales de las cuencas, evidenciado en extensas zonas deforestadas y un crecimiento desordenado de las comunidades.

Para Francisco Castañeda, director del Centro de Estudios Conservacionistas (Cecon), son varias las causas por las cuales las lagunas se desecan. La sobreexplotación del agua es una de ellas. “No todos (los cuerpos de agua) responden de la misma manera, porque algunos requieren agua de lluvia para mantenerse y otros tienen afluentes subterráneos. Los primeros cambian con el clima, en verano se secan, pero se recuperan en el invierno”, menciona el experto.

“El colapso de algunas culturas, como la Maya en Petén, tiene relación con la sequía y la escasez de agua. Explotaron el recurso y los lagos y lagunas se secaron”, advierte.

La situación ocurre en la actualidad, afirma Castañeda. “Utilizan el agua de la laguna para consumo humano, riego de grandes plantaciones. Depende el cultivo las desecan o las inundan a conveniencia. Eso ha pasado en la Costa Sur”, dice.

El daño al ecosistema es profundo cuando desaparece un lago o una laguna indica el investigador. “Se pierde fauna, flora, en algunos casos endémica y cuando el agua dulce no llega a los manglares, deja de haber presión a las corrientes de agua del mar, las fuentes de agua dulce comienzan a salinizarse. El impacto es grave e irreversible”, añade.

Revertir el daño

Castañeda considera que para proteger los cuerpos de agua tiene que tomarse una decisión política. “Es indispensable ordenar el uso del recurso hídrico. Hoy cualquiera perfora para abrir un pozo sin ninguna regulación. La usan para riego o cualquier otra actividad productiva sin pagar nada al Estado”, asegura.

En algunos casos la industria o la producción agrícola se aprovecha del recurso sin medir las consecuencias ambientales, por esta razón resulta necesaria una ley Marco de Agua que obligue a quienes utilizan el recurso a asumir los costos ambientales y sociales de sobreexplotarlo, agrega.

En el caso de la laguna de Calderas, esta semana fue programada la quinta reunión de la mesa técnica de trabajo que intenta frenar el proceso de secamiento del cuerpo de agua.

Everardo Peralta, auxiliar del PDH en Amatitlán, menciona que se han retomado las recomendaciones que formuló la Usac hace diez años, antes de que el problema se agudizara. “Las personas están preocupadas porque es la única fuente de agua que tienen”, indica.

Como primera medida, las comunidades de San Vicente Pacaya y Amatitlán aceptaron que fueran colocados contadores en las tuberías que salen de la laguna y abastecen los domicilios. “Hay que identificar la cantidad de agua que se consume y si ese es problema. Pero también, se ha previsto convocar a propietarios de granjas avícolas, porcinas y productores de mango y aguacate”, señala Peralta.

Este censo podría ayudar, en el corto plazo; pero la recuperación de la cuenca, con programas intensivos de reforestación, son necesarios en el futuro.

Reconocen problema

Para el Consejo Nacional de Áreas Protegidas (Conap) lo que ocurre con algunas lagunas y lagunetas del país está relacionado a factores como el desvío de ríos, cambio climático, la falta de cobertura forestal, el poco interés de proteger los bosques en las partes altas de cuencas que afecta en gran medida las partes bajas.

Un caso emblemático para el Conap es la laguna del Tigre, en Petén. “Es reconocida a nivel mundial como sitio Ramsar, pero que lamentablemente está perdiendo su potencial por el cambio de uso de suelo, incendios forestales, tala ilegal y drenajes utilizados por personas que usurpan el lugar”, indica la institución.

De acuerdo con el Conap es necesario prestar mayor interés al manejo integrado de las cuencas. Para ello se requiere mejorar el presupuesto de las instituciones encargadas de velar por los bosques.

96 mil turistas visitan al año el Parque Nacional Volcán de Pacaya y Laguna de Calderas.

100 mil metros cúbicos de agua produce al año la laguna de Calderas. El líquido abastece a diez aldeas de Amatitlán y tres de San Vicente Pacaya con un total de 15 mil personas.

157 lagunas, cinco lagunetas y cinco lagos identificó el Instituto Nacional de Sismología, Vulcanología, Meteorología e Hidrología (Insivumeh) en Guatemala. Algunos de estos cuerpos de agua han desaparecido. En los años sesenta, los cuerpos de agua con esas características eran más de 300.

 

Tres casos

Laguneta Achiotes


Ubicada en el municipio de Jalapa, este  cuerpo de agua conserva una interesante riqueza biológica y paisajística, según el Conap, por lo que son urgentes las acciones para restaurarla y conservarla. En la zona hay cultivos a la orilla de la laguneta y una pequeña porción de bosque artificial de eucalipto.

Pobladores del área denunciaron contaminación del espejo de agua. Los cambios físicos visibles resultan evidentes, lo que indica prácticas inadecuadas en el manejo del recurso hídrico.

 

Laguna Atescatempa

Ocupa territorio de los municipios de Atescatempa y Asunción Mita de Jutiapa. Está situada dentro de las zonas de vida del Bosque Húmedo Subtropical Templado y el Bosque Seco Subtropical.

Este año se secó, lo que no ocurría desde 2008. Ello sucedió por el cambio de uso de la tierra asociado al crecimiento de los poblados, la pobreza, falta de desarrollo económico e incertidumbre por la tenencia de la tierra, de acuerdo con el Conap. Los vecinos identificaron presencia de grandes cantidades de desechos sólidos de ríos que fluyen hacia la laguna y descargas de productos agroquímicos y de nutrientes utilizados en los pastizales para cultivos y ganado.

 

Laguna de Ordóñez

Se encuentra en el área protegida Parque Regional Municipal K’ojlab’l Tze’ te Tnom (Reserva Forestal del Pueblo) Todos Santos Cuchumatán, Huehuetenango a 3 mil 713 metros de altura sobre el nivel del mar. La Laguna Ordónez encierra leyendas míticas sobre su formación. Tiene belleza escénica donde se mezcla el entorno de la laguna, bosque de huitó (Juniperus standleyi) y formaciones rocosas. Es un sitio ideal para hacer actividades de campamento y caminatas.

El agua de la laguna, antes de su declaratoria era para atender rebaños de ovejas. Desapareció a consecuencia de la escasa lluvia y la canícula prolongada de 2015.

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