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Domingo

Los límites de la sociedad civil


Edelberto Torres-Rivas

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Se mantiene el problema de cómo se establece la función de la sociedad civil cuando surgen, en la dialéctica social, el Estado, el mercado, la sociedad política. Las relaciones son múltiples y los límites imprecisos en la práctica diaria de la vida social: el mayor de los ‘roces’ se produce con el Estado, especialmente en los momentos de la democracia en transición, o cuando la construcción de la vida política significa búsqueda de equilibrios entre Estado y sociedad civil. La prueba es que un Estado débil no ayuda a construir una democracia estable, ni esta se logra necesariamente con una sociedad civil vigorosa. Cuando esto último sucede la sociedad con la fuerza de sus intereses reduce el tamaño del Estado y deja la impronta de su existencia. Puede ocurrir al revés y más repetidamente; es el Estado y sus límites los que rozan las organizaciones y los espacios sociales, tienden a reducirlos; no hay que olvidar que casi siempre las unidades de la sociedad civil requieren el reconocimiento del Estado para existir.

Hay numerosos ejemplos en que la sociedad en revolución no respeta los límites con el Estado. La Revolución Francesa constituye una experiencia de cómo ‘el pueblo’ en asamblea pública se alza contra el Estado y lo destruye. Los soviets, actuando en nombre del pueblo, destruyeron al imperio zarista. Esos son casos límite en que la sociedad corrige al Estado. Por lo general, sucede lo contrario, es el Estado el que, con un grado de organización mayor, establece los límites con la sociedad civil. Son numerosos los casos donde la sociedad conforma un dominio público no políticamente estructurado. Los movimientos populares que alimentaron la crisis del poder comunista en los países del socialismo real fueron movimientos desde la sociedad para cambiar la naturaleza del Estado.

La sociedad y el Estado tienen muchas formas de relacionarse sin que haya sido problema la identificación de sus límites. Este no es un tema histórico sino un problema sociológico. La sociedad civil y el Estado han experimentado cambios en el reconocimiento de sus campos, sus relaciones, sus mutuas determinaciones. Interesa menos reconocer dónde uno termina y el otro empieza y más el carácter que adoptan las relaciones. En situaciones como Guatemala, que camina en una transición a la democracia, o viene saliendo de historias de dictaduras y violencia, el tema de los roces es más decisivo pues desde el Estado o el mercado pueden debilitar o fortalecer a la sociedad civil. Los grados de organización de nuevos grupos sociales, de ampliar sus derechos, pueden ser intentos de ampliar el tamaño de la sociedad civil.

La dinámica de la vida en sociedad vuelve problemático el tema de las ‘boundary relations’. La distinción conceptual puede ser admisible pero difícil en sus aspectos prácticos. La frontera móvil depende de la vida política, especialmente en momentos de coyunturas críticas. Si el destino de la democracia es lo que más interesa, lo que se refiere a las diferencias regionales y sociales en el interior de una sociedad ocupa un punto esencial.

En una sociedad heterogénea, como la guatemalteca, la densidad organizacional es fuerte en algunas partes o inexistente en otras. Por ejemplo, en el mundo rural o urbano; o entre las clases medias o los sectores del gran capital. Ello se traduce en que no todos los intereses particulares tienen la misma oportunidad de organizarse. La sociedad civil no es fuerte en todo el país, sus límites son variados y señalan espacios débiles o fuertes, ahí donde el Estado o los grandes poderes económicos señalan esas diferencias.

En esta época de la informática y de la sociedad digital, la educación vuelve a ser un instrumento de diferenciación social y de reproducción de desigualdades. El resumen es que el mercado puede contribuir a fortalecer/debilitar las bases socioeconómicas en que se construye la ciudadanía política. La sociedad civil también es desigual en términos territoriales y sociales.

Cierta euforia de izquierdas se contagió por las políticas de numerosas fundaciones interesadas en “promover la democracia”. Hay algunas como la AID que, para ayudar a la democracia tienen programas para fortalecer la sociedad civil en paquetes envasados. La institución inglesa Westminster Foundation, la Fundación Adenauer y varias más, se han entusiasmado por la Sociedad Civil, las ONG y la democracia. Y en breve: Brasil vivió un vigoroso crecimiento de su sociedad civil hacia 2003 con un gobierno autoritario y el régimen sandinista se implantó sin que creciera su sociedad civil.

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