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Domingo

El Libro de los Sueños 2016


Ayúdanos a escribir un final feliz.

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Son seis niños que desde una humilde condición quieren construir una Guatemala diferente. Se enfrentan con determinación y un inmenso talento a la violencia, a la precariedad, a la falta de oportunidades dentro de una sociedad que los margina y los condena al silencio. Ellos responden produciendo belleza, reconfortándonos el espíritu a través de la música, la danza, el teatro, la escultura, la pintura… A sus pocos años, apuestan todo lo que tienen por construir su sueño, nuestro sueño de un país que enaltezca lo mejor de sus habitantes para proyectarse hacia el futuro. No tienen recursos, construyen desde la adversidad y desde el aislamiento que a veces impone su oficio, pero todos nosotros quisiéramos parecernos un poquito a ellos. Tener su fuerza, su pureza, su arrojo, su valor para afrontar todo lo que nos agobia.

Este año elPeriódico y El Libro de los Sueños apuestan por la educación y el desarrollo, por la sensibilidad y la belleza. Queremos acompañar y apoyar a Brenda, Erick, Sara, Abner, Anthony y Mía a construir su sueño y el nuestro. A crear, entre tanta corrupción y oscuridad, un mundo luminoso.  Estos niños encierran en sí mismos el futuro que todos queremos y, por eso, los invitamos a que los apoyen para que sus anhelos y sus aspiraciones se conviertan en realidades concretas. Ellos, por su parte, ya nos están ofreciendo lo mejor de lo que son capaces.

 

Brenda y su sinfonía en la colina

A los doce años, el sueño de Brenda es formarse como una gran música. Su mayor ventaja, el talento. Su mayor obstáculo, la carencia de dinero.

Pavel Gerardo Vega

Félix Acajabón > elPeriódico

Detrás de un portón de hierro negro que protege la entrada a una colina en Magdalena Milpas Altas, una melodía susurra suavemente. Ahí vive Brenda, quien con sus delicadas y pequeñas manos toma el arco y lo acaricia sobre su violín para iluminar el rostro de sus padres con las notas de su tonada favorita, Humoresque de Antonín Dvořák.

Pero, el talento de Brenda no se reduce a la interpretación del violín, ella también sabe cómo la música puede emanar del teclado, la marimba, la guitarra y la flauta transversal. Es la versatilidad que desarrolló gracias al talento y apoyo de su padre, Juan Carlos Gómez, un mecánico independiente que ajusta el motor de la familia para que su única hija tenga una chispa de esperanza en su carrera musical.

“Me gusta mucho la música, le encuentro mucho sentido a eso. Cada vez que interpreto el violín me transmite muchos sentimientos, lo que una tiene por dentro y lo quiere sacar”, cuenta Brenda con su tenue y dulce voz.

El anhelo de la pequeña violinista es embarcarse en un viaje por el mundo, ese que no puede visualizar desde su ventana en una casa de blocks y lámina, pero que se esconde inmenso detrás de las montañas de Sacatepéquez.

Su desarrollo musical comenzó cuando sus padres se percataron de que los pequeños dedos de su hija, entonces con cuatro años, eran imparables en el teclado de Juan Carlos. Él era parte de la orquesta de una iglesia evangélica a donde llegó para curar su adicción al alcohol.

Fue a esa edad que Brenda ingresó a una escuela municipal de música en La Antigua Guatemala; a los siete años comenzó a estudiar violín, luego se interesó por los otros instrumentos y su pasión por la música creció. Sería hasta el 2015 que una maestra que conocía de su talento le notificó sobre la oportunidad de pertenecer a la Orquesta Sinfónica Juvenil Femenina Alaíde Foppa en donde “más he avanzado porque me enseñan cosas nuevas”, reflexiona.

Y es que, también desde el año pasado ha sido estudiante del programa Pentagrama del Ministerio de Educación en San Lucas Sacatepéquez, pero considera que ya ha llegado a un límite en donde no está aprendiendo más, sino solo practicando.

Es por esto que su meta el próximo año es asistir al Conservatorio Nacional de Música en la Ciudad de Guatemala, aun dejando los estudios tradicionales en segundo plano con un plan por correspondencia.

Así de grande es su sueño, pero tan grande es el sueño que resulta casi imposible, pues, Juan Carlos hace cálculos y, preocupado, estima que cada día en el que ella viaja se deben invertir, al menos, Q50, mientras que ellos dependen de los clientes de él o los cortes de cabello que realice la madre de Brenda, Mirna.

“Yo necesito tener Q25 diarios para comer, cuando la nena viaja a San Lucas o a la Capital solo se lleva un pan con huevos y regresa a almorzar aquí”, comenta mientras se frota los dedos angustiado. Es una travesía que Brenda debe comenzar a las 6:00 horas para terminarla a las 15:00 horas. Toda una jornada con solo un alimento en el estómago.

Pero, ni Brenda ni su familia están derrotadas. La música que vibra fuerte en el corazón de la pequeña no dejará de sonar, no dejará de ser escuchada, porque a través de ella también vive la esperanza en aquella colina en las montañas de Sacatepéquez. Porque después del Conservatorio, la vista de Brenda está puesta en Juilliard, una de las escuelas musicales más prestigiosas del mundo.

 

Brenda necesita

> Un violín profesional nuevo, pues el que tiene ya está gastado. Le interesan libros sobre la historia de la música y de los autores, así como nuevas partituras para violín y DVD con conciertos. Le gustaría aprender inglés para llegar a Juilliard y estudiar en una escuela profesional de música para mejorar. Para lograr todo esto, Brenda necesita ayuda económica para transporte, alimentación y hospedajes. Para Navidad quiere una laptop para estudiar.

 

 

¡BAMos guate!

Depósitos Cuenta

40-5584966-1
a nombre de Mirna Mayde López Velásquez de Gómez

 


 

El inmenso pequeño actor

Erick es un niño de 11 años originario de Santa María de Jesús, Sacatepéquez, que busca ganarse a pulso el título de actor profesional.

Braulio Palacios

Félix Acajabón > elPeriódico

Quizás Erick Pio Telón no sea un nombre reconocido, así fue la historia de muchos actores de Hollywood a quienes no les fue fácil iniciar una carrera artística, pero jamás se rindieron y consiguieron roles memorables en filmes y obras que hicieron brillar sus nombres en las taquillas más importantes del mundo.

Así, la vida de un niño de 11 años nacido en Santa María de Jesús, Sacatepéquez, podría ser diferente. El nombre de Erick podría relucir en la pantalla grande o en alguna gran producción teatral.

El primer acercamiento directo de Erick con la actuación fue gracias a su madre, una actriz analfabeta quien ha participado en obras de teatro y una película candidata a ser nominada para los premios Oscar, Ixcanul. Del rodaje de esta última, donde participó como actor de reparto, el pequeño actor aprendió que el público es más intimidante que una cámara de filmación.

Pero para entender porqué un chico prefiere encubrir su considerable nerviosismo con tal de actuar, es necesario conocer qué le hizo tomar esa decisión.

Erick sabe que su padre murió cuando él tenía 11 meses de nacido, que mientras este prestaba servicio militar recibió un golpe que no sanó del todo. Con el tiempo se convirtió en el cáncer que terminó con su vida en 2005.

El pequeño actor resintió la ausencia de una figura paterna cuando vio que el resto de los niños aprendía a labrar la tierra o a usar un serrucho con la ayuda de sus padres. El dilema de qué hacer para ganarse el pan diario, algo que en su entorno pesa mucho, lo resolvió con la actuación.

“Yo escogí ser actor porque no tenía un padre que me enseñara a trabajar”, afirma Erick, rodeado de canastos de verduras y frutas, mientras su madre, doña María, lo cobija con sus brazos. Ella apoya totalmente al tercero de sus hijos en su inmersión en las artes escénicas, pero lamenta no poder costear los gastos para que su pequeño gran actor pula su talento. “Me emociona cuando actúa, él se entrega a la obra”, cuenta.

Luego de que su hermano mayor empezara a trabajar Erick empezó a ayudar a su madre con la venta de frutas que tiene en el parque central de Santa María de Jesús. Mientras que por las tardes estudia la primaria en la Escuela Nuevo Milenio.

Es en ese espacio, entre el trabajo y el estudio, en donde Erick aprovecha para afinar los pasos de la coreografía y los diálogos que tiene en la obra Mi pueblo y yo que realiza con el grupo de teatro comunitario Ru rux’ Raj, Ru rux’ Ulew (Corazón del cielo, Corazón de la Tierra), de Santa María de Jesús.

“Soy un actor, así que debo practicar”, dice al explicar que para él la obra tiene muchas virtudes, como la de sumarle mayor experiencia en el teatro. Pero la que más resalta es la de fortalecer la confianza en sus capacidades. “Soy tímido, pero me digo: ‘lo tengo que hacer y puedo hacerlo’”, cuenta sobre el nerviosismo que siente previo a salir a escena.

Marvin Coroy, quien actuó en Ixcanul y apoya a Erick en el teatro comunitario, comenta que el Canche, como le apodan al chico, recibe “los regaños” sin tomar a pecho las correcciones. “Esa aceptación de la crítica y el entusiasmo son bien recibidas por quienes hemos trabajado con él”, agrega el actor que interpretó a “Pepe” en la película de Jayro Bustamante.

Ahora, Erick seguirá su carrera actoral con los esfuerzos que él y su madre realizan para alcanzar su meta, pero, ese camino a las tarimas más importantes del mundo tiene obstáculos que deberá traspasar con el entusiasmo que le caracteriza. Y quizás, su nombre, Erick Pío Telón, algún día sea un referente guatemalteco de triunfo en las principales taquillas internacionales. Porque este inmenso pequeño actor quiere salir de las faldas del volcán para volar hacia las estrellas.

Erick Estuardo necesita

> Q8 mil 500 para cubrir sus necesidades básicas y apoyar al grupo de teatro comunitario Ru rux’ Raj, Ru rux’ Ulew, de Santa María de Jesús, en el que desarrolla su talento. También para el pequeño actor es importante conocer sobre la historia y teoría del teatro en libros que le abran la mirada al mundo escénico internacional.

 

 

¡BAMos guate!

Depósitos Cuenta

40-5584968-8 
a nombre de Maria Telon Roj

 


 

La escultora que moldea su futuro

La escultura se ha convertido en algo más que un pasatiempo para Sara: es talento y expresión. Aunque le encanta aprender, sus estudios están amenazados por su situación familiar.

Jaime Moreno

Félix Acajabón > elPeriódico

 

Las manos de Sara son especiales. Con ellas es capaz de crear los más inesperados objetos producidos por su imaginación. Maneja con precisión la terracota y las herramientas que le dan forma. A sus diez años, esta pequeña escultora ha descubierto en el arte un mundo lleno de posibilidades para su creatividad inquieta. Pero a pesar de ser una alumna destacada de la Escuela Municipal de Escultura, su potencial puede quedar truncado por la falta de recursos económicos. Vive en la periferia de la zona 1 en un cuarto junto con su hermano y su mamá, quien sostiene a la familia a fuerza de su labor como costurera. En un mundo donde las necesidades diarias apremian, el arte no es prioridad.

Sarita, como gusta que la llamen, siente que ha aprendido muchas cosas nuevas en la escuela de arte. “Me han enseñado a manipular el barro, a hacer cosas con alambres y paletas; también a hacer piezas con reciclaje”, cuenta. Su pasión por la escultura no es nueva. Desde que tiene memoria juega con plasticina, material que con las habilidades de Sara adquiere diversas formas. Este gusto lo pone en práctica en sus clases de escultura. “Me gusta manipular cosas. Como el barro parece plasticina, me agrada mucho”, dice. Y el gusto que sus manos han encontrado en los materiales se traduce en una habilidad notable para dominarlos.

El arte le viene bien. Es una niña dedicada, comprometida. Estefany, su maestra de escultura, la reconoce como una estudiante con aptitudes y cualidades. “Es constante en su trabajo y le gusta experimentar con materiales”. Sara tiene facilidad para utilizar diversos productos y lograr que el resultado final sea el que ella quiere –como caracoles, mariposas y modulares. “Le gusta hacer su trabajo y hacerlo bien”, puntualiza su profesora. También ha aprendido a manipular las herramientas de trabajo. Estecos –objetos de distintas formas para modelar barro– y pinzas son palabras comunes en su jerga. Con ellos sus manos realizaron varios proyectos. Para el año que viene espera seguir estudiando escultura y poder aprender cosas nuevas. Entre los retos venideros está el aprender a trabajar el yeso y realizar un proyecto especial para el Encuentro de Escuelas de Arte, evento en el que niños de diversas academias coinciden para mostrar sus creaciones.

Pero el camino de Sara tiene barreras invisibles a los ojos de una pequeña. No bastan el entusiasmo y la ilusión para seguir con sus estudios. Su madre debe hacer malabares para mantener la economía familiar a flote. Por Sarita le transfieren una pequeña cantidad monetaria como pensión alimenticia y de ahí salen los gastos de alquiler y servicios del cuarto en el que viven junto con Brandon. Su hermano, de 19 años, no trabaja por el momento y este año terminó un curso de enfermería auxiliar. Los demás rubros del presupuesto salen de los servicios de costura que la madre de ambos realiza. “Coso desde la casa y así voy cubriendo los demás gastos”, afirma. Los estudios de escultura siempre están en la cuerda floja, sujetos a la satisfacción de las necesidades básicas de la familia.

Sarita pasa sus días jugando con sus muñecas o con su plasticina, así imagina mundos provenientes de lo profundo de su mente. Espera con ansias el próximo año, cuando le toque estudiar cuarto primaria. También sus manos están deseosas de que llegue el próximo ciclo para seguir descubriendo el mundo de la escultura; eso sí, si la vida lo permite.

 

Sara necesita:

> Q5 mil para continuar con sus estudios de escultura el año próximo. Esto incluye la inscripción y las mensualidades necesarias, así como materiales y varios. Además, el proyecto para el Encuentro de Escuelas de Arte no está incluido en los costos anuales y necesitará Q1 mil para realizarlo. También sus estudios regulares necesitan apoyo (cursará 4o. primaria en una escuela de su barrio), como útiles escolares o libros de arte. Le encantan las muñecas y quisiera recibir una bicicleta para Navidad.

 

 

¡BAMos guate!

Depósitos Cuenta

40-5584970-1
a nombre de Sara Mercedes Pérez Aguilar

 


 

El violinista de San Juan

Abner desde muy pequeño supo que tenía pasión por el violín. Es tímido, PERO lo olvida cuando se pierde entre las notas musicales.

Isela Espinoza

Walter Peña > elPeriódico

Es una mañana fría de noviembre en San Juan Sacatepéquez. A cinco kilómetros de la cabecera municipal se ubica la aldea Comunidad de Zet. Un camino de terracería decorado con la siembra de flores y milpa conduce a la escuela World Vision. Ahí es el refugio de niños y jóvenes músicos que desde temprana edad experimentan su pasión.

Todas las mañanas de los sábados Abner, de 10 años,  usa sus mejores galas y lleva a su compañero de viaje: un violín. Recorre tres kilómetros a pie desde su casa hasta la fundación para estar puntual en sus clases de solfeo y orquesta.

El pequeño músico es tímido pero risueño. Mientras saca su violín del estuche relata que cuando escucha las notas de cada melodía se “acerca a Dios”. Es así como rompe el silencio de esa mañana y las montañas son amenizadas por Movimiento Perpetuo pequeña suite No.6 de Karl Bohm. A sus cuatro años su repertorio de melodías subía a quince.

Pequeño músico

Abner vive con su mamá, sus abuelos y tres tíos, dos de ellos  Andrea y Álvaro también asistieron a la fundación. Ella es violinista y él guitarrista. Actualmente, trabajan en la capital como maestros de música. “Yo no quería que mis hijos anduvieran con las manos y los pies sucios por trabajar en el campo”, relata Manuela, la abuela de Abner, quien al ver la oportunidad que les brindaba World Vision, junto a su esposo decidió cambiar el futuro de sus hijos. Y ahora el de su nieto.

El pequeño músico tenía tres años cuando despertó su admiración por este instrumento. Su tía Andrea, fue la inspiración. Según recuerda: le gustaba ver la pasión con la que ella interpretaba cada nota.

Ante la inquietud de Abner e incertidumbre de su mamá, Angela Patzán, ella se dijo: ¿por qué no intentarlo?”. Así fue como llegó a la fundación donde le dieron estimulación temprana sobre los instrumentos, notas musicales y el ritmo. Año y medio después, Abner aprendía a leer música.

Pero la fundación no podía darle un violín de los que tenían porque su tamaño podía deformarle los dedos. Para que Abner se sintiera incluido en sus clases, su familia le fabricó uno con caja de cereal, después uno de madera. Pero con cuatro años, él sabía que aquellos “instrumentos” no emitían melodías.

Su amor por la música incentivó al director Martin Corleto de World Vision a buscar más instrumentos para niños de cuatro años. Para cuando los consiguieron, Abner ya había crecido tanto que los violines nuevos le quedaban pequeños.

Paso a paso y con el apoyo de su mamá, Abner logró usar un violín que le quedaba pequeño y emitir sus primeras notas. Ella sostenía el instrumento y él acomodaba sus deditos y el arco. “Este violín sí suena”, recuerda su mamá que exclamó el pequeño cuando pudo hacer sus primeros ensayos.

Ante su avance, una de sus maestras decidió inscribirlo en un concurso en el Conservatorio Nacional de Música. Todos los participantes tenían de 9 a 11 años. Pero Abner superaba cada etapa interpretando temas más avanzados que los demás.

Con cinco años y ante la admiración del público, Abner ganó su primer violín en la competencia. Pero no lo pudo usar hasta hace dos años pues el premio era, de nuevo, demasiado grande para su edad.

Angela agradece a Dios por el talento de su hijo. Abner sueña con ser violinista profesional. Pero su anhelo más cercano es conseguir un violín digno de su tamaño y capacidad.

 

Abner necesita:

> Para que Abner pueda continuar con sus estudios de música necesita un violín profesional de 3/4 que cuesta aproximadamente Q6 mil. Debido a que ese tamaño se acopla a sus manos y brazos. Asimismo, necesita apoyo económico para cubrir las giras y comprar partituras y lecciones. Para Navidad le gustaría una bicicleta.

 

 

¡BAMos guate!

Depósitos Cuenta

40-5585038-6
a nombre de Ángela Fidelina Patzán Pirir

 


 

El pintor de sueños

Guadalupe le apuesta a su hijo, Anthony, y su vocación por la pintura para desarrollarse en un país donde el arte es lo de menos. Aunque no sabe si el próximo año podrá seguir estudiando pintura.

Juan D. Oquendo

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Elías Rodríguez > elPeriódico

A sus siete años, Anthony no solo sueña con todo lo que le gusta, también lo pinta. Su mano toma el pincel para formar una extensión de su brazo. Sus muñecas se mueven en un vaivén sobre los lienzos, el papel, la pared, el cuaderno, cualquier superficie a la que los pigmentos del acrílico, el óleo y la tinta se adhieran.

Cuando Anthony entra a la habitación donde vive con sus papás se convierte en el curador de una exposición por la cual da un recorrido. Sus obras cuelgan del techo y la pared, cubriendo todo lo que no sean los muebles y la cama. Comienza señalando una medusa, su primera obra, de tonos azules que hizo cuando tenía cuatro años.

Sus piezas más recientes son más retratos y naturaleza. Por ahí están también unos bodegones, imágenes de naranjas y un tamal. Anthony describe la pintura como algo que es suyo, la oportunidad de expresarse, de ver otros mundos. Mientras pinta su actitud cambia por completo.

La mirada solo salta del lienzo a la paleta de pinturas donde remoja el pincel. Se detiene, ve los trazos de tonos amarillos que acaba de hacer, se voltea y dice: “siento que nací para pintar”. Su madre, Guadalupe, está detrás. Ella fue quien se percató de que su hijo tenía una vocación.

Desde muy pequeño rayaba y rayaba todas las hojas que se le atravesaran. Una vez, cuenta Guadalupe, tomó un bote de pintura que alguien había dejado en el pasillo que comparten los vecinos. A los ojos de Guadalupe su hijo no había manchado la pared, la había pintado y en lugar de enfadarse lo alentó a que continuara.

“Algo me decía a mí que él quería pintar. Pero nosotros no sabíamos dónde ni cómo enseñarle”. Fue el destino, piensa Guadalupe, cuando cuenta la historia de cómo Anthony llegó a la Escuela de Niños Pintores Frida Kahlo donde ha recibido clases desde los cuatro años.

Ella era trabajadora doméstica en una casa donde una niña de la familia asistía a esa escuela. Guadalupe se interesó y llamó. “Así fue como conocimos a Beatriz”. Beatriz Sandoval junto a Ronal Carrillo desarrollan las clases de pintura y arte de la escuela.

Nobleza, valentía y sensibilidad son las palabras que usa Beatriz para describir a su alumno. “Es un niño que antes que nada se preocupa por los demás, que apoya a su mamá y que se lleva bien con todos”, dice la artista quien ha visto la evolución de las obras de Anthony.

A sus siete años, ya ha participado en diversas exposiciones y sus obras han sido publicadas en revistas y medios. Sin embargo, sus padres no saben si podrá continuar. Su mamá aún no ha encontrado un empleo y su papá es el único que trabaja a la fecha. El salario apenas alcanza para sobrevivir.

“Es importante para él continuar en la pintura. Le ha permitido crecer en muchos aspectos y sé que él será un gran artista cuando crezca”, considera Guadalupe, quien a pesar de la dificultad para conseguir el dinero para los materiales, cuotas y transporte se esfuerza para llevar a Anthony cada sábado a sus clases.

De todos los sueños que pinta Anthony, el suyo es el más abstracto, pues la realidad de su casa lo obliga a pensar que su meta principal es apoyar al sostén de su familia. Mientras tanto seguirá pintando hasta donde pueda, a la espera de que en algún momento ese sueño se vuelva también una obra.

 

Anthony necesita

> Una beca de pintura en la Escuela Frida Kahlo equivalente a Q6 mil para estudiar durante un año. También quiere tener un kit de pinceles, témperas y acuarelas, así como un caballete y lienzos para seguir pintando en su casa. Esta Navidad le gustaría recibir una computadora o una tableta para estudiar y diseñar.

 

 

¡BAMos guate!

Depósitos Cuenta

40-5584964-5
a nombre de Guadalupe Ramos Latin de López

 


 

Mía y las zapatillas para soñar

Su mayor anhelo es transmitir a otros niños lo que hoy su maestra de danza le enseña.

Redacción Domingo

baletista

José Luis Pos > elPeriódico

 

“Mi mamá me cuenta que mis primeros pasos los di de puntitas, a los tres años inicié a recibir cursos de ballet, aquí en este mismo lugar (escuela de danza) y desde entonces no he dejado de practicarlo”, de esta manera resume Mía Patzán, su encuentro con la danza.

Mía, es una niña de 10 años de edad, cursa el segundo año de la carrera de danza profesional en la Escuela de Arte de la Municipalidad de Guatemala, recién finalizó el tercer grado de primaria, es hija única y vive solo con su madre, pues sus padres están separados desde hace más de cinco años.

Mía Noemí Patzán Can, es una niña que no tiene dificultad para hacer nuevos amigos y a su corta edad, sabe  “que quiere ser cuando sea grande”, y desde ahora trabaja en ello.

Su principal objetivo en la vida es graduarse de bailarina profesional, para convertirse en maestra de danza “y con el dinero que gane, poner una escuela de baile para enseñarle a otros niños, especialmente aquellos  de escasos recursos”, relata, mientras juega con sus manos y sonríe cada vez que habla de ballet.

Todos los días se levanta temprano, su día lo divide entre la escuela y las clases de ballet, las cuales recibe durante las tardes por dos horas diarias. Ahora  que se encuentra de vacaciones del ciclo escolar, utiliza la mañana para practicar aquellas posiciones que se le dificulta dominar, “desgonzarme y formar un arco con mi cuerpo, son los pasos que me cuesta hacer, pero sé que con mucho esfuerzo voy a lograrlo”, comenta.

Cuando el reloj marca las 12:30 horas, Mía empieza a vestirse para sus clases, se coloca un leotardo color negro, sobre ello se pone un suéter y unos pantalones deportivos, en una mochila guarda un par de calentadores, una toalla y un par de zapatillas desgastadas que fueron compradas en una tienda de ropa de segunda mano.

“Me costó conseguirle los zapatos, recorrimos muchas pacas, hasta que encontramos un par de su talla”, cuenta su madre, mientras le sirve el almuerzo a Mía.

“Me gustaría comprarle unas zapatillas nuevas a mi hija, pero son muy caras, fuimos a averiguar en una tienda de accesorios de danza y nos dijeron que valen Q1 mil 500”, añade.

Sulma Can, es una joven madre que a pesar de los problemas económicos que enfrenta, apoya a su hija para que pueda cumplir su sueño.

La manutención que recibe, se divide en el pago del alquiler de la vivienda, la alimentación, los servicios de agua, luz y los gastos de educación. Además, debe pagar las clases de danza y los accesorios que Mía utiliza para practicar esa disciplina.

Las facturas que llegan mes a mes, la han obligado a vender productos de belleza por catálogo, “me las arreglo para que mi hija no deje sus clases de ballet”, indica.

Mía vive en la colonia Quinta Samayoa de la zona 7 capitalina, por lo que tiene que salir de casa con varias horas de anticipación para llegar a tiempo a sus clases de ballet.

Para llegar a la escuela municipal, debe tomar dos buses extraurbanos, la primera es la ruta 36, esta la lleva hacia la colonia la Bethania, ahí toma la segunda, ruta 37, la que la conduce hasta la zona 1 de la ciudad capital, donde está ubicada la escuela de danza.

Este recorrido lo realiza a diario junto a su mamá, desde ya hace dos años, cuando inició a estudiar la carrera de danza profesional, la cual tiene una duración de diez años.

En el mes de noviembre, Mía intensifica sus ensayos, esto debido a la presentación oficial que se realiza cada año en el Teatro Nacional Miguel Ángel Asturias, esta será su segunda participación.

“Cuando voy en el bus me pongo a practicar en mi mente, también practico los fines de semana en la casa de mi abuela”, explica.

Mientras Mía se preocupa por hacer una buena presentación, su mamá se afana por conseguir el dinero para pagar el vestuario que Mía utilizará el día del evento, el alquiler del traje tiene un costo de Q250.

“Por ahora solo voy a pagar el alquiler del traje porque no me alcanza comprarlo, ya que tengo que pagar como Q600 si lo compro, ahora me está costando sacar a mi hija adelante, pero sé que todo este esfuerzo no será en vano”, concluye

 

MIA necesita:

> Zapatillas para ballet
> Leotardo
> Medias
> Calentadores
> Zapatos deportivos para después de las clases.

 

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40-5584967-0
a nombre de Sulma Sucely Can Catú

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