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Domingo

Guerra “santa” y control mundial


César A. García E.

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Las matanzas –cruentas– se extienden por el mundo desarrollado. Eventos, similares, a los que en nuestra sufrida tierra, son “comunes” y de todos los días, acaparan las miradas del mundo entero y cubren los espacios de los noticieros mundiales más importantes… porque la masacre y la crueldad es –ahora– en la parte del mundo, considerada “civilizada y próspera”. Lo cierto del caso, es que los crímenes tienen tonos raciales y religiosos, clamándose por “La muerte a los infieles”, lo cual nos hace pensar –inevitablemente– en la época oscura y también sangrienta de “Las Cruzadas”, largo período de dos siglos, donde “en nombre de Dios” se persiguió y masacró a mucha gente inocente. Los más perseguidos fueron los musulmanes, pero también se incluyó a los judíos y a todo aquel que no se “alineara” con la “madre iglesia” que a la sazón, era realmente una fuerza militar, movida por la codicia de sus dirigentes quienes más que guías espirituales, eran monarcas caprichosos.

Curiosamente –como ocurre ahora– los turcos fueron noticia, en aquellos tiempos, y tuvieron mucho que ver en las cruzadas, durante el lejano siglo XI, porque fue su conversión al Islam la que aparentemente inició todo… y la gota que derramó el vaso, creando la excusa perfecta, fue cuando se apoderaron de la “Tierra Santa”, imponiendo el islamismo como religión y prohibiendo las peregrinaciones cristianas al lugar. La reacción no se hizo esperar y se iniciaron una serie de ataques militares, denominados “cruzadas” que buscaban recuperar Jerusalén y –por supuesto– sus tesoros, lo cual convirtió aquel territorio y sus adyacentes –como Egipto– en el epicentro de una lucha que envolvió crueldad, segregación y el pretexto ideal para imponer un cristianismo bastante deformado, como lo haría –en otro momento– la “Santa inquisición” y “La Conquista”, persiguiendo todas las creencias ajenas al catolicismo. Las potencias de siempre: Alemania, Inglaterra y Francia, fueron protagonistas fundamentales de las cruzadas y
–curiosamente– este confuso y largo movimiento de “cruzados”, arremetió de tiempo en tiempo, incluso sobre facciones cristianas, como la ortodoxa; es decir –paradójicamente– los cristianos se mataron entre sí, en nombre del Dios, cuya creencia compartían.

Las cruzadas, sin embargo, no fueron el inicio de la “guerra santa” que de “santa” nunca tuvo nada. Siglos atrás Mahoma y su religión islámica se habían expandido –con gran éxito– durante los siglos VII y VIII a través de la conquista militar. Mahoma, inició su movimiento, en La Meca, alrededor del año 612. Solamente veinticinco años después, sus sucesores, los denominados “Califas”, dominaban la península Arábiga. Apenas en el año 650, se constituyó lo que se denomina el Estado Islámico que abarcaba Arabia y Mesopotamia, así como el territorio que hoy ocupa Egipto. El Islam logró dominar también Jerusalén y las reyertas por el dominio de ese pequeño territorio, han durado hasta nuestros días. Indudablemente hay que reconocer dos cosas: 1- El Islamismo es la religión más prolífica que la humanidad haya visto y su expresión es hoy vigente y obvia en el mundo occidental; todo ello se debe quizá a la irrevocabilidad de sus antiguos valores. 2- El Islam fue y será, una expresión no solamente filosófica y religiosa, sino también militar y de gobierno, por ser quizá la forma más cercana a una teocracia.

El papa Francisco –con obvio conocimiento de los antecedentes– planteaba, hace pocos días, su deseo porque la guerra que vive el mundo… no se traslade al ámbito religioso, pero su clamor es tardío, ya que evidentemente el tinte de lo belicoso de hoy, es religioso, como también es económico y político. Lo obvio y natural, será que los brotes y rebrotes de violencia religiosa recalcitrante, dentro de las entrañas del occidentalismo, convoquen a un acuerdo mundial, donde las religiones deberán hacer –todas– grandes concesiones, para buscar “la unidad”, a través de una nueva expresión religiosa sincretista; de igual manera, en el ámbito político y económico, el G20 se sentará
–pronto– a escuchar las directrices del G-7 (EE. UU., RU, Alemania, Francia, Italia, Canadá y Japón), en cuanto a la nueva forma de gobierno mundial centralizado y arribarán a acuerdos, en la búsqueda de evitar un conflicto bélico de grandes proporciones… mismo que no necesariamente será evitable, en virtud del poderoso polo, antagónico, que lideran China y Rusia.

Al interno de los poderosos países occidentales, se propugnará por más control y menos libertad de sus ciudadanos, quienes –a su vez– deberán renunciar a su privacidad, en nombre de la “seguridad”. El desarme de civiles también es un paso, poco impostergable y la excusa de crímenes en calles y a plena luz del día, será la justificación idónea, para que todo el mundo entregue sus armas, exigencia que –eventualmente– podría traer revueltas insospechadas, en las calles de las más ostentosas ciudades del orbe. Se avecinan tiempos de tenebrosa paz, quizá antes o después de una funesta guerra… tiempos de control absoluto, nula privacidad e indefensión, de un sistema corrupto –que otra vez– intentará dominar las voluntades y aniquilará la libertad… “en el nombre de Dios”. ¡Piénselo!

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