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Domingo

¿Hacia dónde vamos?


María Alejandra Morales Arana
Sociedad de Plumas

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Lecciones aprendidas para asegurar el cambio.

Los acontecimientos suscitados durante abril de 2015 marcaron el inicio de una lucha ciudadana. El destape del caso “La Línea”, que involucró a los más altos funcionarios, despertó la indignación de cientos de miles de guatemaltecos. Estos convirtieron La Plaza de la Constitución en un símbolo de unión y de esperanza. En ese lugar, durante 23 sábados, coincidieron ciudadanos provenientes de diversos sectores, que compartían el deseo y la necesidad de transformar la historia. De esta manera se concretó el primer paso de un eventual proceso de
reforma.

El siguiente gran paso a tomar debía enfocarse en la formulación de propuestas que generaran cambios profundos dentro del sistema y mitigaran el problema. Es en esta etapa en donde actualmente nos encontramos. Haciendo una revisión histórica de los acontecimientos que han transformado significativamente el funcionamiento del Estado guatemalteco, se pueden mencionar dos eventos que fueron trascendentales en la historia de Guatemala: La Revolución del ‘44 y la instauración de la democracia en 1985. Ambos sirven como ejemplos de procesos en los cuales se ha sometido al Estado de Guatemala a profundas reformas.

En primer lugar durante la Revolución del ‘44, los movimientos ocurridos entre julio y octubre propiciaron el resurgimiento de la sociedad civil. Esta entendida como un grupo de ciudadanos organizados, que participan de manera activa, de forma paralela al Gobierno, y se conforman como un actor relevante de la vida política del país. Asimismo, se implementaron las garantías sociales y se llevaron a cabo las primeras elecciones libres en Guatemala. En este momento se experimenta una recuperación parcial del elemento democrático que se había perdido. Cabe mencionar que desde la óptica del patrimonialismo, no fue un proceso revolucionario, pues la característica patrimonialista del sistema –la tradición de percibir el acceso al Gobierno como una oportunidad de generación de riqueza– no se modificó, solamente se adaptó a las demandas del momento. Una importante lección que hay que tomar en cuenta en el actual proceso.

El segundo proceso, la instauración democrática del ‘85, se trató de una modificación profunda en la forma de hacer Gobierno. La entrada de la era democrática pone fin a una larga serie de dictaduras autoritarias caracterizadas por el personalismo y la represión. La creación de una nueva Carta Magna establece que el Gobierno guatemalteco es “republicano, democrático y representativo”. No obstante, el sistema patrimonial sobrevive esta transición a través del corporativismo, un sistema a través del cual los individuos, agrupados en corporaciones, pueden participar activamente de las decisiones de Estado, siempre y cuando hayan sido legalmente reconocidas por este. El nuevo modelo democrático que se implementó se adecuó a un sistema de representación corporativa, a través del cual trata de garantizar la participación de los distintos grupos emergentes dentro de la sociedad. Los intereses patrimoniales lograron encontrar una forma de subsistir.

Los eventos históricos trazados ponen al descubierto el elemento de cambio que actualmente buscamos conseguir. Ambos, muestran la implementación de reformas sustanciales que lograron en su momento hacer frente a la crisis; así como efectuaron cambios sustantivos dentro del sistema. Por el momento no hemos sido testigos de ese tipo de transformaciones. A pesar de los logros que la ciudadanía conquistó el año pasado, el fin de la tormenta nos hace un llamado muy claro para empezar a regenerar nuestro sistema.

De los movimientos del año pasado surgió una serie de propuestas que aún deben materializarse en un plan de cambio que sea sostenible en el largo plazo. Aunque este no ocurra de manera repentina o violenta, ya es momento de empezar a generarlo. Asimismo, no puede ser improvisado, debe ser consensuado y tener como único objetivo la modernización del Estado a través del fortalecimiento de las instituciones, el cambio de la clase política, la conformación de la sociedad civil y la eliminación del sistema patrimonial.


 

Sociedad de Plumas es una red de colaboradores comprometidos con promover en las páginas editoriales el balance, el contraste y la propuesta constructiva.

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