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Domingo

Una guerra que huele a paz


César A.  García E.

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Incesantes correos electrónicos y mensajes de WathsApp, anunciaban el pasado miércoles, el inicio de la “Tercera Guerra Mundial”. A esta preocupación planetaria, se sumó antes y ahora, hasta el papa Francisco. Se trata de una guerra atípica, en la cual las súper potencias bélicas, se unen –frente a un enemigo tan común, como intangible– que, se dice, se “localizaba” en Siria. En efecto, se divulgaba que: EE. UU., Alemania, Francia y Rusia, irían tras los huesos de los salvajes líderes de ISIS. Algo huele mal –al menos para mí– en toda esta confabulación mundial, donde los países sumergidos (no emergentes) como el nuestro, son –en el mejor de los casos– ignorantes y nimios. Lo que une a los casi archienemigos (hasta hace dos semanas) Putin y Obama, es –aparentemente– la sed de venganza contra los terroristas y el establecimiento de la “paz mundial”. Ambos han declarado, en distintos tonos, repudiar los actos salvajes contra gente inocente, y en eso, tienen razón, solo un loco podría estar de acuerdo. Me temo que –lo lamentable– es que, quienes rigen el mundo, están –también– lo suficientemente locos, para “aprovechar” esta repugnante carnicería humana parisina, en favor de consolidar su poder y por ello la guerra me resulta inusual, pienso que no se parecerá a ninguna otra y creo, nos llevará al temido y repudiable “Nuevo Orden Mundial”, el cual hoy “se justifica porque existe una amenaza global”. Este nuevo orden mundial, tiene como herramienta el sometimiento humano y la terminación de cuanta libertad hemos –en mayor o menor grado atendiendo al país en el que vivimos– disfrutado.

La crisis en Siria que posicionaba –hasta hace un mes– a Obama en contra del régimen de Al Asad y a Putin a su favor. Es más, la vez que se vieron ambos mandatarios, en torno a la vista del papa en EE. UU., se dieron la mano a la fuerza y se prodigaron –mutuamente– muecas de desprecio, así como comentarios adversos y bastante hostiles, si no a la cara, cada uno por su lado. En los encuentros –públicos– de Putin y Obama, en el seno de la cumbre de la ONU, no pudieron ser más obvias las antipatías mutuas. Posaron para una foto de pie, sin enseñar un solo diente y brindaron, tocando sus copas, a la fuerza, en medio de un simbolismo, quizá involuntario pero muy raro… Obama con la mano izquierda y Putin con la derecha. Sus respectivos discursos, con desaires y ausencias mutuas, a sus respectivos discursos, fueron confrontativos, principalmente en lo tocante a Siria y cómo afrontar la crisis de ISIS. Al respecto hubo, entonces –hace menos de dos meses– dos posturas claras: Putin era aliado de Bashar Al-Asad, mientras Obama lo consideraba un tirano. Putin había tomado la iniciativa de doblegar a los “rebeldes o terroristas” y a Obama, culpaba a Al Asad y hubiese preferido
–parecía– que el dictador cayera y tener el control del territorio sirio; realmente el territorio también lo quería Putin y ese era el lío.

En poco tiempo, pasó mucha agua bajo el puente y un avión ruso derribado, con más de doscientos inocentes asesinados, se presume hoy por ISIS, así como los atentados en Paris, juntan a los “enemigos” Putin y Obama, alrededor de una mesa, proponiendo el primero que busquen una alianza, similar a la de la Segunda Guerra Mundial, contra los Nazis. Pero resulta que no hay un ejército visible, como el de Hitler a quien confrontar, resulta que ISIS no está –necesariamente– en Siria y que con dominar ese país, el cual –seguramente– se dividirán Rusia y la OTAN, lo cual no sería ni la primera vez, ni ninguna novedad… la guerra no parará. De momento vemos una guerra rara, de orígenes desconocidos y ciertamente –quizá– la más siniestra de todas, con muchos amigos poderosos visibles y un enemigo invisible e incrustado en el occidentalismo, a la usanza de los griegos, cuando fraguaron el mítico Caballo de Troya… una guerra que asemeja una metástasis que afecta todos los órganos del statu quo y del occidentalismo. Una guerra que parece plantear la excusa perfecta, para controlar al mundo, como nunca antes ha ocurrido; una guerra, en la que usted –preciado lector– no es parte, ni causante, pero sí objetivo y deberá renunciar –“como su aporte a la paz mundial”– a su privacidad y sus libertades, y rendir cuentas y eventualmente hasta pleitesía, a un gobierno hegemónico mundial, donde los gobiernitos del tercer mundo, tendrán poco que decir y mucho que obedecer. De esa cuenta, no se preocupe demasiado por el nuevo gobierno chapín… éste se limitará a obedecer y la –algún día soñada– independencia y soberanía, si hasta hoy eran un mito –como el Caballo de Troya– ahora estarán proscritas para siempre… lamentablemente no supimos construirla, valorarla, administrarla, ni crecer, ni proyectarnos ni avanzar –como país– hoy otros deciden por nosotros y parecen que toman mejores decisiones, pero ¿Cuál será el costo? Pronto lo veremos.

Es rarísimo que Putin y Obama ahora resulten de amigos espontáneos… sobre todo luego de las múltiples descalificaciones mutuas, pero –en esta lucha– no solo lo son, sino ellos dispondrán que hacer y el primer pagano será el dictador que jamás debió existir Al Asad… quien tiene sus días contados, pero al final, ese dictador y su papá, fueron empoderados por los mismos que hoy los purgarán. De igual manera ocurrió con Sadam Huseim, Muamar Gadafi, entre muchos otros lejanos, pero también en nuestra región con Ubico, Batista, Somoza, Noriega y Trujillo… entre muchos. Los dictadores van y vienen –en naciones sometidas– mientras que los mandamases del mundo, cambian su hoja de ruta o modifican sus planes, de acuerdo a sus intereses. Entre tanto, muchos inocentes mueren y seguirán muriendo, en una guerra contra el enemigo invisible y donde no hay “buenos”, donde los troyanos podemos ser todos y los griegos también. El escenario difícilmente puede ser más horroroso. ¡Piénselo!

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