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Domingo

“La Unión Europea ya no es el modelo exportable que imaginábamos”


La incertidumbre está en el aire de la Europa del siglo XXI, luego de haber fracasado en su intento de contener la crisis financiera de 2008, de la caída de Grecia y del intento fallido de incluir países del Este. De esto nos habla el economista italiano Elido Fazi, haciendo un paralelo con la posible construcción de la “Unión Centroamericana”.

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Juan D. Oquendo

joquendo@elperiodico.com.gt

Bajo los lentes redondos, la mirada de Elido Fazi viaja hacia todas partes cuando habla sobre la Unión Europea, su historia, su presente y el devenir. El economista italiano visitó Guatemala para impartir una serie de conferencias sobre la política exterior europea y las líneas en común con la integración centroamericana en el Instituto Italiano de Cultura y la Universidad de San Carlos.

Para el estudioso, Europa no comienza en su economía, sino en su cultura. De aquí que Fazi tenga una pasión por el poeta inglés John Keats, del que ha sido su traductor al italiano. “Existe una cultura europea desde siempre. Keats leía a Dante en italiano. La cultura se iba de una frontera a otra. Ese contexto común es el que permite pensar en una verdadera Unión Europea”.

Para la Unión Europea, ¿qué ha tenido de positivo y negativo la unión aduanera como la monetaria?

– Hay beneficios, evidentemente. Tanto como poderse mover de una frontera a la otra, aunque en este momento histórico se están construyendo nuevas barreras por el tema migratorio. También hubo beneficio económico, se pudo crear una moneda única administrada por el Banco Central, que es de hecho una forma de unión federal económica. Sin embargo, después de la crisis de 2007 y 2008, la banca estadounidense logró realizar maniobras para vitalizar la economía a través de deficit spending, mientras que el Banco Central de Europa no logró hacer una maniobra de ese tipo. No tomó en cuenta las realidades de los países europeos. La acción, bajo el ojo de Alemania, no fue tan eficaz como la estadounidense.

¿Qué diferencia hay entre una posible integración de países y los tratados de libre comercio?

– La diferencia es fundamental. La Europa nace porque los fundadores imaginaron una unión política más allá de la unión monetaria, económica y fiscal. El objetivo comercial se logró en Europa, el reto es llegar a una unión política. Eso marca la diferencia con los tratados de libre comercio.

¿Cuál es el tratado más emblemático para la Unión Europea hoy en día?

– Si se habla de tratados, se puede mencionar el Transatlantic Trade and Investment Partnership (TTIP) como uno de los más importantes que se encuentran en vía de negociación entre EE. UU. y Europa. Pero el valor del TTIP no es solo de carácter económico, sino más bien geopolítico. Es decir, EE. UU. busca crear un vínculo que establezca colaboraciones políticas y económicas que condicionen la relación de Europa con Rusia.

¿Qué implicaría el fracaso de las negociaciones?

– Desde un punto de vista geopolítico, una eventual cooperación entre Europa y Asia dejaría a los Estados Unidos marginados. Y como EE. UU. no ha realizado una cohesión política fuerte con Latinoamérica, el país quedaría más como actor regional que mundial. Y esto lo dicen varios intelectuales, pensadores, think tanks: ven los tratados de libre comercio como acciones geopolíticas.

¿Cree que se concretará el TTIP?

– Es muy difícil que se pueda concretar este tratado por la fuerza de poderes que generan presiones. Este tratado, en el caso de Italia, no sería tan conveniente por su economía a base de pequeñas y medianas empresas. No tenemos muchas multinacionales.

¿Es aplicable un modelo como la Unión Europea a Centroamérica?

– Es difícil dar una respuesta porque aún no sabemos cuál es exactamente el modelo europeo. Es una construcción que no termina y no sabemos si llegaremos a terminarlo. Tenemos muchos puntos en común, nacionalismos, guerras. Entonces sí existe la posibilidad de aplicar en Centroamérica. Igual como pasa en Europa, somos parte del continente Euroasia, entonces si no encontramos un punto en común, corremos el riesgo de salirnos del área de interés de China. La realidad de aquí es muy parecida, la ventaja de Centroamérica es una cohesión fuerte por su similitud lingüística. Pero también es necesario tener una visión para dialogar con Estados Unidos y Suramérica.

¿Qué retos políticos inmediatos enfrentan naciones como las centroamericanos para integrarse en una unión?

– Primero es el nacionalismo. Superarlo es lo más difícil y es algo que pasó en Europa. Obviamente el poder de las elites locales que perderían son las primeras en enfrentarse. Y es algo que sucede actualmente en Europa. Existen sujetos que no quieren transferir o descentralizar su poder hacia un organismo externo.

¿Quiénes son los actores más importantes para crear una unión?

– El sujeto político es el que promueve este proceso y es el más influyente para esta articulación. En el caso de Europa, quien más influencia tuvo es Alemania, que tiene un rol hegemónico a lo interno de Europa. Cuando se creó la Unión Europea, Alemania aún estaba dividida en dos y hubo un primer ministro italiano, Giulio Andreotti, que quería que Alemania se quedara así. En Europa existe una estructura que no es un Gobierno, pero que su funcionamiento se acerca a uno. Hay un consejo, una comisión y un aparato que no solo produce normas fiscales.

¿Cuál cree que sería el papel de EE. UU. en caso que Centroamérica hiciera una unión?

– Un rol positivo. Por ejemplo en los años cincuenta, detrás de todas las maniobras para realizar la Unión Europea, había un gran empujón de los EE. UU. que lo veía como un factor positivo. Con la caída del Muro de Berlín y la Unión Soviética cambió la dinámica. Ahora Europa tiene 28 Estados miembros y 19 que hacen parte de la eurozona, pero EE. UU. sigue jugando un papel importante en las decisiones relacionadas con países como Ucrania, Siria e Irak.

Casos como Guatemala, El Salvador y Honduras son emblemáticos por su corrupción, violencia y narcotráfico. ¿Qué tan fortalecido se debe encontrar un Estado para generar una unión?

– En Europa existen las mismas dinámicas con tonos distintos, aunque la violencia es mucho menor. Pero la corrupción sigue ahí. El caso de Volkswagen es ejemplar, porque en Alemania hicieron un fraude casi perfecto que ni nuestros científicos italianos imaginaron que se podía hacer. El fraude tuvo repercusiones en todos los sentidos, porque todos en Alemania tenían conocimiento, desde los más bajos funcionarios hasta Angela Merkel. Europa tenía originariamente la intención de crear una unión de estados más que económica o comercial, y una agenda en común de política exterior. En el caso de Guatemala, Honduras y El Salvador debería hacer lo mismo: crear un área en la que se compartan metas políticas y de defensa. El enfoque debe ser político.

¿Hacia dónde va la UE?

– En los últimos años se ha aumentado mucho el movimiento federalista en Europa, que haya una unificación política. Sin embargo, también están surgiendo fenómenos como el crecimiento del nacionalismo y eso choca contra los europeístas. El caso de Grecia es emblemático. Difícilmente Europa olvidará este caso grave en términos económicos y políticos. Asimismo hay mucha incertidumbre en Europa, en particular por un referéndum por el cual Inglaterra busca salirse de la Unión Europea.

¿Qué papel ha jugado el euro ante estas crisis, la moneda en común?

– Positivo para algunos países como Alemania y negativo para otros como Italia. Esto en el sentido que ante una crisis como la de 2007 y 2008, las políticas nacionales no lograron dar buenos resultados. En este momento se desarrollan en países europeos partidos políticos en contra del euro, que quieren abandonar el concepto de moneda única.

¿Fracasó el euro?

– Nos dimos cuenta que el euro no está funcionando. Una posible salida sería crear un tesoro, una banca central europea que dé fundamento a una institución política que se ocupe de la economía de todos pero que tenga la posibilidad de gasto, que sea efectivamente útil y que no se limite a tener un margen de maniobra tan pequeño que le impida generar resultados. Por su parte, Alemania quisiera imponer en Europa un neoliberalismo extremo sin políticas convencionales como la keynesiana, como buscan Italia y Francia. El tema crítico es que la propuesta alemana busca que cada gobierno ceda parte de su soberanía a la estructura de la Unión Europea. Son reglas estúpidas.

Su visión en torno a la Unión Europea no deja de tener un aire de pesimismo. ¿Es un modelo deseable para el resto del mundo?

– Hasta hace cinco años estábamos convencidos de que el modelo europeo se podía exportar a otras realidades como América o África. Pero actualmente eso no es posible y es una lástima porque los europeístas estaban convencidos de esta aspiración. Simplemente no somos un buen ejemplo.

¿Por qué no?

– No para quien observa la dinámica desde fuera la escena, en que un país tan fuerte como Alemania trata de expulsar a Grecia. Ahora hay que ver cómo evoluciona Europa. La crisis comenzó con el intento de integrar países como Ucrania a la Unión Europea.

¿Cuál fue el error?

– El intento de añadir a los países del Este no fue de la manera más acertada. Se debió crear dos bloques en la Unión Europea, porque en cada realidad de Europa hay una forma distinta de ver el mismo proyecto. Hay políticas y tradiciones que no son europeístas. Entonces la idea de incluir a Ucrania fue un poco atrevido, que estos países se acostumbraran a este escenario no funcionó.

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