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Domingo

Del deber cívico y la interpretación de la victoria


César A. García E.

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Siendo viernes 23 de octubre, rasando el mediodía, cuando termino estas líneas… no tengo ganas de ir a votar, pero sospecho (no aseguro) que finalmente lo haré, porque los recuerdos del aciago gobierno de la UNE, son suficientemente tétricos, como para inhibirse… si voy, será la primera vez que no vote nulo en la segunda vuelta, porque, según recuerdo jamás he estado convencido de ninguno de los “finalistas”, ni ahora lo estoy… y ese es el dilema, no creo que tengamos al idóneo, pero la una… ya gobernó y lo hizo muy mal; tengo un conflicto serio, pues creo que hay que votar con convicción y no por castigar a nadie ¿Me da vergüenza reconocerlo? En absoluto, “vergüenza es robar” y siempre escribo honradamente, intentando trasladar –sin tapujos– lo que pienso. Mi falta de ganas, también obedece, a la mala interpretación que –creo– Jimmy Morales, le estuvo dando a su inminente triunfo. Me cuesta procesar, cómo alguien que surge desde la improvisación, para llegar –casi seguro– a la presidencia, no pueda valorar, en su extensa dimensión, la oportunidad –milagrosa– que Dios le da, para servir a su patria y se vista –en cambio– de azaroso triunfalismo, yendo a rendir pleitesía a quienes, desde la sombra han gobernado siempre este país, infestado de miseria, desnutrición y muerte… todo ello “gracias” al amiguismo, el mercantilismo y el tráfico espurio de influencias; temo que si él está ya plegado –a los mismos– tendremos una versión, aunque más folklórica de Berger… y eso sería terrible.

Ciertamente la fatuidad y la apariencia, dominaron los –mal llamados– debates, dejando un vacío enorme de calidad, seriedad y fondo. Ello incluido, el timo que perpetraron “los mejores periodistas” (así autonombrados) y los candidatos, con el fallido debate de Canal Antigua, acto que representó, una afrenta chusca, al pueblo interesado en ver las –nunca presentadas– propuestas serias que eran los únicos que no sabían el debate no se realizaría, creyendo que sí… por no poder ser de otra manera, a entender, por la nutrida publicidad que no cesó, pese a que la ausencia de Jimmy, por secretas reyertas, con “los mejores periodistas” era conocida de sobra, pero solamente… por él, por ellos y seguramente también por Sandra, quien lució segura y desenvuelta, por primera vez, en todos los “foros y debates” de quebradiza calidad, con preguntas bobas y respuestas vacías. Creo que Jimmy erró en no asistir, pues era tarea fácil, salir airoso de ese concurso de egos, poses y muecas… en todo caso le apostó al triunfalismo y aunque ganará la elección… su firmeza, carácter, principios y convicciones queda en entredicho innecesariamente.

Puede que usted se sienta igual que yo, y no se sienta mal por sentirse en medio de un profundo desazón. Tampoco crea a los autómatas que repiten como lo que son que “quien no vota no tiene derecho a hablar”… esos normalmente no hacen más que votar, dándose por bien servidos. Tenemos suficientes razones, para no creer en este sistema corrupto y los pocos que nos hemos atrevido a denunciarlo, hemos sido acusados de “negativos”, “pesimistas” o “fatalistas”. Pero resulta que el tiempo nos dio la razón. Hemos estado gobernados por la roña, el endeudamiento obsceno –en el que participó cómplicemente el sector privado organizado y gobiernos– ha favorecido el enriquecimiento ilícito de un montón de ladrones… unos cachimbiros, otros de postín, pero ladrones todos, y como tales, repudiables. Resulta ser que tenía razón, en cada una de mis columnas en las que increpé a impresentables, timadores, tecnócratas marionetas, y dipucacos… resulta ser que “el diálogo y la armonía”, por lo que muchos propugnaban, no servía de nada, por ser diálogo entre mañosos, farsantes y ladrones… resulta ser que nos han baboseado durante todo este tiempo y nos venimos a dar cuenta de que es así
–atendiendo a nuestro marcado malinchismo– hasta que foráneos desnudan a los roñosos. Al final quedamos agradecidos –y me incluyo– de que esos foráneos nos demostraran que los ladrones, no tienen mejor sitio para vivir que la cárcel. De eso algunos pocos estábamos convencidos de siempre, mientras otros muchos, se desvivían por juntarse con los poderosos, aunque fuesen igualmente apestosos… ni modo “con dinero baila el mono”.

Dos grupos habrá este día; el primero y mayoritario, sintiéndose “patriota” por haber ido a votar y pensando –cándidamente– que su candidato lo arreglará todo. El segundo, el confundido y con razón, por tanta traición reiterada, el cual, o no acudirá, votará nulo o por “el menos malo”. El primero se sentirá mejor que el segundo y le recriminará. Pero la asistencia a las urnas, es apenas una nimiedad de lo que significa amar a Guatemala. Independientemente de por quién vota usted, o si vota o no lo hace… es momento que tome conciencia que votar es –solamente– un derecho, pero propugnar por la verdad, repudiar la mentira, denunciar la corrupción y ejercer el valor –porque los valores si valor son capacidad instalada en desuso, es decir no sirven de nada– es su harta obligación. El electo deberá –a su vez– estar persuadido que no quedó porque la gente lo ame, sino porque no había de otra y si lo interpreta de otra manera… su suerte será el fracaso. ¡Piénselo!

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