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Domingo

El apocalipsis de los enfermos


Si usted padece diabetes, presión alta o alguna enfermedad gastrointestinal, ir por medicamentos al IGSS quizá no sea su mejor opción ante la crisis hospitalaria y el desabastecimiento de medicinas. Lo más probable es que tenga que ir a lo privado para conseguirlas, o esperar a que el tiempo lo cure o lo mate.

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Juan D. Oquendo joquendo@elperiodico.com.gt –  El único remedio era esperar. Ella se concentraba en el ruido que ejercía la fricción de su pantalón de lona sobre el cuero desgastado de la silla, para no pensar en el ligero dolor que la acompañaba desde hacía meses. A su lado se encontraba un joven repartidor que se había caído de la moto quebrándose una pierna. El yeso, grueso y desordenado sobre la piel, se movía insistentemente. María solo escuchaba el roce contra el asiento y pensaba en el trabajo, en la hija asmática de tres años, en el celular a punto de quedarse sin batería, en la posibilidad de que al salir lloviera.

“¡María López!”. Necesitó de otro grito de la enfermera y de una leve mirada mía para salir de su ensimismamiento. “¡María López!”. Se levantó de forma automática y reflexionó en un pequeño murmullo: “Púchica, de veras que hay que ser paciente para que lo atiendan a uno”. La seguí con una mirada cómplice, hasta que ella se sentó en una silla frente a la doctora de la clínica de Accidentes de una unidad del Instituto Guatemalteco de Seguridad Social (IGSS).

No hay mal que dure cien años

La doctora Zulma Calderón, jefa de Supervisión Hospitalaria de la oficina del Procurador de Derechos Humanos, ha estado en el ojo del huracán desde abril de este año, cuando anunció que la red hospitalaria colapsaría. El Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social (MSPAS) respondió a la advertencia, que las cosas no eran así. Calderón dice que así fue desde Jorge Villavicencio –el ministro acusado por el mismo Gobierno por anomalías en contratos con ONGs por más de Q400 millones– y su sucesor, Luis Enrique Monterroso, quien fue sustituido esta semana por el diputado Mariano Rayo, en la cabeza de la cartera.

Con una combinación entre satisfacción y tristeza, el tono de Calderón afirma que el tiempo les ha dado la razón. “Lo más grave para nosotros es la falta de respuesta de las autoridades ante esta situación”. El colapso del IGSS se agudizó, debido a una mala administración, desde hace un par de meses, con el desabastecimiento de medicamentos y la falta de infraestructura y recurso operativo para atender a la cantidad de afiliados. “El recurso financiero no debería ser una limitante para el IGSS”, en especial si se toma en cuenta que los recursos de 2015 suman más de Q12 millardos, para atender a un 15.7 por ciento de las consultas de salud.

Si usted es un paciente, asegura Calderón, vaya al IGSS que vaya, no encontrará espacios físicos suficientes. Las emergencias están llenas, los encamamientos también. La oficina del PDH ha detectado que las unidades que más presentan esta problemática son el Camip, la Periférica zona 11 y el Hospital de zona 9. En esas emergencias, los “pacientes esperan una cama y dos meses para que los operen”. A la fecha, el IGSS es la institución de salud más denunciada en la oficina del PDH, con más de 800 expedientes abiertos, la mayoría por falta de medicamentos. El último informe de septiembre presenta 178 medicamentos de los que carece el Seguro Social, desde una aspirina hasta medicinas para tratar el cáncer.

– ¿Cómo ha seguido?– dijo la doctora mientras ojeaba el expediente de María del otro lado del escritorio.

– Pues aquí doctora, con un poco de dolor todavía.

– ¿Pero sí ha estado haciendo los ejercicios que le dejamos?

– Sí, dos veces al día, en la mañana y en la noche.

– Bueno, vamos a revisar entonces. Súbase a la camilla.

Ella tomó la bata que le extendió el enfermero y se la colocó sobre la ropa, arremangando el pantalón por la pierna izquierda. La camilla rechinó bajo el peso del cuerpo entero. La doctora le pidió levantar la extremidad, la tomó con las manos y la flexionó en seis ángulos diferentes. Luego palpó la articulación, mientras preguntaba “¿Le duele?” cada vez que las yemas del índice y el pulgar presionaban la piel de ella. “No, no, no, un poco, ahí. No”.

Ni hay enfermo que lo soporte

Lo primero que pasa por la mente de Adrián Chávez es que sorprende que el IGSS, con toda la cantidad de recursos que tiene, padezca problemas como los actuales. La siguiente idea es: administración. Pero el analista de salud del Instituto de Problemas Nacionales de la Universidad de San Carlos (Ipnusac) regresa en el tiempo, unos cuantos meses atrás. Mayo había terminado con la captura de la Junta Directiva del Seguro Social, luego de que fuera acusada de ser la responsable de la muerte de varios pacientes renales al contratar a la empresa Pisa, que infectó a las víctimas que necesitaban tratamiento de hemodiálisis. Pero con los altos mandos también cayeron las enfermeras que habían participado en la junta licitadora.

La desaceleración de compras, según Chávez, se debe a este caso, donde se ventiló la manera en que operaban los directivos para beneficiar con contratos a empresas específicas. “Antes, administrativamente te daban una citación (para integrar una junta licitadora) y si no ibas simplemente te amenazaban con una sanción. No te decían cuál, pero la amenaza era lo suficientemente grande como para obligarte a ir. El problema de ahora es que la gente prefiere que le apliquen cualquier sanción a exponerse a firmar algo que le pueda comprometer”. Esta crisis implica también, para el analista, que los usuarios del seguro social no solo dan su aporte mensual al instituto, sino que también se les obliga a gastar en lo privado. “Hay un doble gasto y eso en términos generales es preocupante, porque la falta de salud y educación son los principales acarreadores de pobreza”.

En este momento, la prioridad número uno, según Chávez, es la estabilidad administrativa a través de mecanismos técnicos más que políticos. Pero de nada sirve una cantidad exagerada de recursos bien administrada si no se privilegia la prevención de la enfermedad y la promoción de la salud a mediano plazo. “Es importante que las autoridades del IGSS se encaminen a aportar un sistema de salud coordinado con el Ministerio de Salud”. A largo plazo, alcanzados los dos puntos anteriores, el analista propone la descentralización de los servicios especializados para evitar que los pacientes deban trasladarse a la capital para ser atendidos.

El músculo de María estaba mejorando, la articulación no estaba mal, pero la resonancia magnética que se había hecho hacía un mes–uno de los servicios que el IGSS contrata– indicaba una lesión en el ligamento cruzado posterior, con incremento de líquido intra-articular ligero y bursitis en el tendón popítleo. Todo porque el operador de una grúa, en la bodega que ella atravesaba todos los días para llegar a su puesto, había maniobrado mal golpeándole la rodilla. A esto se sumaba el descuido de haber soportado el dolor por varias semanas.

Las últimas citas le habían recetado Ibuprofeno y Orfenadrina, un antiinflamatorio y un relajante muscular. Ahora que había mejorado, solo quedaba tomar Ibuprofeno. El problema es que no hay en existencia, pero todavía queda Aceclofenaco, otro antiinflamatorio. Hasta ahí había llegado la consulta. María fue trasladada al Hospital de Accidentes de la zona 7, donde le darán seguimiento a su lesión y se determinará si es necesaria la terapia. Pero la cita será hasta dentro de cinco meses, en febrero del otro año. En el filo de la mirada de María, como una ola moribunda, brotaba la última hilacha de una esperanza cuyo origen debía encontrarse muy lejos.

815
denuncias ha recibido la oficina del PDH contra el IGSS.

> Las medicinas que faltan
Según la oficina del PDH, el IGSS padece desabastecimiento de 178 medicamentos, que van desde pastillas para la fiebre a retrovirales para VIH. Clasificados por dos médicos, presentamos un listado parcial por enfermedad que revela que los pacientes con presión alta, diabetes y problemas gastrointestinales son los que menos medicinas encontrarán en las bodegas del Seguro Social. Pero en la cola están también los pacientes con anemia, fiebre, depresión, parkinson, artritis y asma.

“El desabastecimiento existe y es real. Y concuerda con los problemas de salud que aquejan a la mayoría de guatemaltecos que usan este tipo de servicios”.

Adrián Chávez, analista de salud del Ipnusac.

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