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Deportes

Otro bochorno más


La Selección nacional cumplió otra desastrosa actuación, esta vez contra El Salvador luego de perder 3-1, con baile incluido, en un proceso que no termina de tener ni pies, ni cabeza.

 

 

 

 

 

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Sin personalidad, sin orden táctico, sin ideas y, sobre todo, sin enjundia. Así se presentó nuevamente la Selección nacional de fútbol en el plano internacional y, esta vez, contra un rival con poco peso e historia futbolística, por lo que no caben las excusas.

Nada de nada…
Los dirigentes de la Comisión Normalizadora nombrada por la FIFA y el entrenador Walter Claverí intentaron buscar excusas y justificaciones luego de perder contra Argentina, Ecuador y luego frente a Israel; sin embargo, esta nueva debacle no tiene justificación, ni explicación.

El equipo que dirige Claverí -con estos y otros jugadores que ha convocado- volvió a demostrar que carece de orden táctico, de una idea futbolística, de desbordes por las bandas, de recuperación de la pelota y, lo que es peor, no generó casi ninguna opción de gol.

La zaga fue un espanto. Cristian Guzmán y Héctor Moreira en el centro dejaron espacios infantiles por erróneas coberturas que aprovecharon los delanteros, especialmente David Rugamas, quien los metió en problemas todo el partido.

Wilson Pineda y Rafa Morales no pudieron proyectarse por las bandas porque afrontaron enormes problemas para marcar a Jaime Alas y Gerson Mayén.

En el medio campo, a José Márquez le quedó grande el partido, igual que a Édgar Macal, Jorge Vargas y Robin Betancourth, quienes ni sabían qué hacer para marcar, ni mucho menos para producir juego ofensivo.

El único que salvó un poco el desastroso juego nacional en el medio campo fue Alejandro Galindo, quien intentó proyectar cierta personalidad en dicho sector.

Con ese panorama, Danilo Guerra quedó solo y desabastecido en el ataque, lo que dejó de manifiesto que el sistema de Walter Claverí nuevamente fracasó a lo grande, ya que apostó por jugadores con poco roce internacional y dejó en casa a elementos experimentados como Rodrigo Saravia, Jorge Aparicio y Stefano Cincotta, por mencionar a algunos, quienes atraviesan por un buen momento y se quedaron en Guatemala.

Sin argumentos

Uno puede entender que el fútbol de Guatemala no cuenta con jugadores de alto nivel competitivo –pese a que algunos de los flamantes futbolistas nacionales hacen maravillas en nuestro medio, pero cuando salen al exterior dejan mucho qué desear-; sin embargo, una selección, por lo menos, debe presentar una idea táctica, enjundia y amor propio, pero con este equipo y con las estrategias de su entrenador nada de nada.

El actual timonel de la Selección no ha logrado darle una estructura futbolística al equipo azul y blanco, ni mucho menos ha podido contagiarlo de amor propio, de pelear cada pelota con coraje para que la afición se sienta orgullosa de su representativo nacional.

El paupérrimo nivel proyectado por la Selección contra Argentina, Ecuador y, especialmente, frente a Israel quedó de manifiesto el miércoles en Los Ángeles que no fue fruto de la casualidad, de “largos viajes”, del “cambio de horario”, de “falta de rodaje internacional” o por el alto nivel competitivo de los rivales (las excusas que presentó el cuerpo técnico y algunos dirigentes), simplemente es la realidad de nuestro fútbol.

Una realidad que empieza en el ámbito local, donde nuestros futbolistas figuran y se lucen en una liga mediocre, la cual está conformada por algunos equipos que apenas si se les puede llamar profesionales.

Cada domingo vemos los deprimentes espectáculos en muchas de las canchas donde se disputan los partidos de la Liga Nacional, la cual sirve para albergar y proyectar ilusiones lejanas a la realidad, ya que los futbolistas se lucen y meten grandes goles por el bajo nivel competitivo del torneo, pero cuando salen con la Selección proyectan su triste realidad.

Lo que sí está claro es que, pese al bajo nivel de nuestro fútbol, por lo menos deberíamos tener un equipo base medianamente competitivo con jugadores que ya tienen mayor roce internacional y que no les pese jugar con la casaca nacional.

Quizá no alcance eso para ganar, pero por lo menos para ya no seguir haciendo bochornos como el del miércoles en Los Ángeles, que se une al proyectado contra Argentina, Ecuador y, fundamentalmente, frente a Israel.

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