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Nacionales

“La ciencia cognitiva usa categorías informáticas para explicar la mente”


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El ingeniero Alejandro Berganza ha propuesto una solución a la cuestión mente-cerebro en una tesis de maestría en la Universidad de Navarra en España, revisada por el grupo de neurocientíficos del proyecto Mente-cerebro de esa universidad y ha sido aceptado para optar al doctorado sobre esa línea de investigación para poder presentar su teoría en el diálogo científico universal. Si su teoría resulta acertada, sería un hito en la historia del mundo.

¿Cómo surgió esta inquietud?

– A mediados de los años 80, después de trabajar seis años para IBM y en otras empresas de tecnología informática, me surgió la idea y me dediqué a investigarla. Un amigo, científico alemán que desarrollaba investigaciones en Guatemala, el doctor Andreas Koechert (QEPD), la revisó y le pareció. Para mí esto fue significativo. En 1986 me fui a Alemania a tomar un curso de inmersión en alemán y permanecí allí un tiempo para proponer y discutir mi teoría en círculos académicos. Con desilusión comprobé que no había interés en la neurociencia en Europa. Con mi teoría bajo el brazo, me sentía como el principito que mostraba su dibujo de una boa que se había tragado a un elefante y todos le decían que era un sombrero. En esas estaba, cuando conocí por casualidad al decano de la Facultad de Filosofía de la Universidad de Navarra quien visitaba Colonia. Terminé trasladándome a esa Universidad, pero allí tampoco había interés en la neurociencia. En España me inscribí en un posgrado de artes liberales en espera de la oportunidad que nunca se dio, pero la suerte prepara sorpresas como verá adelante. A mi regreso a Guatemala guardé todos mis papeles (cientos de folios) en un cofre de madera, y me olvidé del asunto. En 2009 regresé a la U. de Navarra para una maestría en Gobierno y Cultura de las Organizaciones. Allí me encontré por casualidad con un excompañero de clases de 1985/86, quien dirigía un grupo de neurocientíficos de un proyecto llamado Mente-cerebro. Le expliqué mi teoría y aceptó dirigirme una tesis sobre el tema. Este fue el fruto del traslado a España 24 años antes. En el tribunal examinador de mi tesis estuvo un neurocientífico que había trabajado en MIT. Aprobaron mi tesis con sobresaliente, lo que me abrió las puertas para continuar con el doctorado.

¿Ya terminó su investigación doctoral?

– Lamentablemente no. Gracias a una herencia, contaba con los fondos necesarios para una estancia mínima de tres años en España y, a la vez, proveer para mi familia, pero mientras partía, tomé la mala decisión de darlos en préstamo a cuatro meses plazo y a cambio de intereses. Los cuatro meses se volvieron años, no se me devolvió buena parte del capital y perdí la oportunidad del doctorado. De no ser por eso hoy ya tuviera mi PhD, estaría dando clases en Guatemala o España, hubiera publicado libros,
artículos y ofrecería conferencias en varios países. Todavía no he podido conseguir otras fuentes de fondos. Pero para mi suerte los investigadores neurocientíficos están en un atolladero con la línea de investigación basada en ciencia cognitiva, y nadie se acerca a la solución que yo he propuesto con enfoque de pura ciencia natural. Y las investigaciones que no son de ciencia cognitiva solo asocian comportamientos observables con mediciones de actividad en núcleos cerebrales de proceso mediante neuroimágenes. Esperan llegar en algún momento a resolver el todo desde el conocimiento de las partes, pero creo que ese no es el camino, porque el todo unificador es de naturaleza emergente o no lineal, lo que significa que no es deducible o proyectable de abajo hacia arriba. Hay que intuirlo directamente según sus indicios y comprobarlo en dirección de arriba hacia abajo. Nadie me respira en la nuca, por así decir.

Me están dando tiempo para conseguir los fondos y publicar mi teoría.

¿Por qué si su investigación ha pasado los filtros iniciales de una universidad europea de primera línea mundial, puesto que la Universidad de Navarra se pelea los primeros lugares con la Universidad de Harvard en Administración de Empresas, no ha conseguido fondos para continuar con su investigación?

– Mis dos estancias de estudio en Europa las he financiado con mis ahorros, porque siendo ingeniero solo podía lograr becas de posgrado para ingeniería, lo que no era mi campo de interés. Mi tesis sobre neurociencia me ha abierto puertas para gestionar financiamiento en fuentes formales, pero no ha sido posible hasta el momento, pese a las múltiples recomendaciones del grupo de neurociencia de la U. de Navarra y de algunas personas generosas locales. Y es que mi caso es bien particular. No encaja en los formatos estándar para becas. Soy ingeniero industrial con un posgrado en Humanidades con una tesis de Maestría sobre neurociencia. Imagínese. Solo el grupo de neurocientíficos de la U. de Navarra conoce el valor de mi trabajo.

¿En qué consiste la ciencia cognitiva y por qué dice que estanca el progreso en la investigación de la cuestión Mente-cerebro?

– El principio es bien sencillo y muy fácil de comprender: la ciencia cognitiva usa categorías informáticas para explicar la mente, busca comprender la mente desde la comprensión de la informática, pero la informática es imitación muy imperfecta y muy incompleta del cerebro por mucho que, en cuanto ciencia en sí misma, sea merecidamente respetable. Solo el término “almacenamiento” de uso común y prestado de la informática causa formidable confusión. Para poder avanzar por esa vía hacia la comprensión de la mente, tendría que estar funcionando una computadora que realizara todas las funciones del cerebro incluida la conciencia, habría que crear una mente humana electrónica. Pero si esto estuviera hecho, ya estaría resuelto el misterio mente-cerebro y no haría falta explicar el cerebro con categorías informáticas, sino al revés: se explicarían las computadoras con categorías cerebrales.

¿Es posible una computadora con inteligencia humana que eventualmente nos gobierne?

– Cuando se pregunta por posibilidades como colonizar Marte o reforestar los desiertos que ocupan el 25 por ciento del planeta, se puede lograr una idea clara de las dificultades que hay que resolver y de los medios que se necesitan, pero en este caso no hay idea de las dificultades que es preciso resolver para crear una conciencia humana electrónica. No existe en el mundo ni el más mínimo conocimiento de cómo funciona la conciencia

–hay neurocientíficos como Colin McGinn que dicen que este misterio jamás será resuelto–, mucho menos de lo que hay que resolver para crear una conciencia electrónica. Esta pregunta, aunque legítima, es anacrónica, porque en este tiempo no hay bases para comprenderla y responderla. Mi situación personal y particular es diferente, porque mi teoría es precisamente sobre cómo se genera la conciencia. Mi propuesta de solución del vínculo mente-cerebro es la única que existe hoy en el mundo y la primera en la historia de la humanidad. Otra cosa es que resulte acertada, de lo cual yo estoy animado por la aprobación inicial de un tribunal de tesis experto en la materia. Según este conocimiento, creo que las dificultades que se deben resolver son prácticamente infinitas por mucho que se logren avances descomunales en inteligencia artificial, que es realmente una evolución lineal de la computación tradicional habilitada por el crecimiento exponencial de velocidades de proceso, y capacidades de almacenamiento y comunicaciones. La dificultad mayor para semejante proyecto es la conciencia que es la única inteligencia puramente humana: no es instrumental, sino autónoma y originadora absoluta racional y discrecional de sus propios movimientos o falta intencional de ellos. No hay ninguna pieza de tecnología informática que se acerque remotamente a la conciencia.

¿Qué es la conciencia según su teoría?

– Primero que todo, la conciencia es un proceso, no es un órgano, es el proceso más costoso del cerebro. Más del 95 por ciento del cerebro se activa con una estimulación visual simple más una tarea simple de control de la atención. No podemos dejar de estar conscientes de que hacemos algo o no hacemos nada. El proceso de conciencia se repite en pulsaciones varias veces por segundo, pero el cerebro nos da la sensación de continuidad, así como creemos que nuestra vista es continua pese a que capta 24 cuadros o fotos fijas por segundo. Conocemos lo demás desde este proceso de conciencia. Todos nuestros conocimientos son conscientes, únicos por su inserción en nuestra subjetividad y propios de cada uno de nosotros. No hay conocimiento que no sea de alguien, y ese de que lo pega al individuo es la conciencia. El grueso de mi teoría es que el proceso de conciencia consiste en captar una representación de sí mismo. El resultado de esta percepción es la conciencia, y desde esta percepción, obrando como motor cognitivo, conocemos lo demás. En mi teoría explico cómo se forma la representación de sí mismo, el desarrollo del proceso y cuáles son las partes del cerebro y del sistema nervioso que intervienen y el modo de hacerlo. Una vez formulada la teoría básica, los hallazgos vienen en cascada. Con mi teoría doy, por ejemplo, explicaciones sobre el síndrome de Tourette, la esquizofrenia y el síndrome de estrés postraumático que he verificado en contactos personales con varios amigos psiquiatras locales e internacionales. Cuando nadie le daba importancia al hipocampo noté que era el procesador del eje espacio-temporal de nuestra subjetividad y varias cosas más. Basado en mi teoría también he diseñado un aparato terapéutico, sencillo, portable, que de probarse eficiente puede ser de gran beneficio y utilizable por cientos de millones de personas en todo el mundo. Este aparato nació como experimento de comprobación de mi teoría.

Si usted no es médico ¿cómo llegó a esta propuesta?

– El cerebro es una computadora, de hecho, las aplicaciones más asombrosas de la computación son copias de la forma en que el cerebro funciona, la más impresionante de las cuales, a mi parecer, es la red neuronal: los factores que influyen en la decisión final dentro de un contexto, del cual se crea un modelo, se programan como nodos (funciones) que se estimulan o inhiben para alcanzar o alejarse de un umbral de disparo hacia otros nodos según el peso o la intensidad de los inputs recibidos. No hay algoritmos ni motores de reglas de negocios, solo modelos del mundo e intensidades de señal recibida estimulante o inhibidora. Así funcionan a grandes rasgos los procesos de decisión de nuestro cerebro que cuenta con alrededor de 80 millardos de neuronas o nodos. Una red neuronal artificial con solo 60 neuronas o nodos puede ser funcional. Parece más factible entonces dar con la solución del problema mente-cerebro desde la informática que desde la medicina. La informática ha sido la principal ocupación profesional de mi vida, pero aunque ha sido necesaria, no ha sido suficiente. Mi vocación son las ciencias humanísticas. Estudié ingeniería industrial, porque cuando me acerqué a la Usac en 1971, la Facultad de Filosofía era un hervidero de activismo ideológico con pocas clases y muchas huelgas. Graduarme de Ingeniero Industrial me abrió la puerta a trabajar para IBM, la empresa dominante de tecnología informática en ese entonces, y después, con otras empresas similares que me expusieron al campo de la inteligencia artificial. En los últimos años he recibido fuerte apoyo por parte de la Facultad de Ingeniería de la Unis. Sin esa experiencia intensa en ingeniería, ciencias humanísticas y tecnología de información de punta que se dio en mí por azar, no creo que me hubiera sido posible desarrollar esta propuesta de solución. En mi tesis hago referencias estructurales a Hume, Smith, Descartes, Kant, Aristóteles, Platón, Viktor Frankl, Tomás de Aquino y Alasdair MacIntyre, por quien siento especial simpatía. Yo no sé de ningún filósofo de vocación que se haya graduado de ingeniero, haya obtenido un posgrado en Humanidades y haya trabajado toda su vida en las ramas clave de tecnología de información, incluyendo inteligencia artificial, como me aconteció a mí.

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