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Nacionales

La de los pajaritos también comen


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Cuando fotografiaba mi último libro, Historias Culinarias de México Central, conocí a Simón Angoa y su familia, de San Juan Ixtenco en Tlaxcala, último reducto de la comunidad Otomí de nuestro vecino país.  Llegar a casa de Simón, te transportas a uno de esos lugares mágicos que te atrapan y nunca te quieres alejar, la razón: esta bella familia de hombres y mujeres de maíz.

Al entrar a su casa, Simón nos recibe: Amigo solo logré reunirte treinta y dos variedades de maíz, que pena contigo!

En este Estado se registran un aproximado de 200 variedades de maíz. de las cuales Ixtenco registra la mayor parte.

Mis ojos no podían creer la variedad de maíz de colores que había cosechado en sus terrenos que son de origen Otomí. Ellos son como los guardianes de la semilla que por años ha sido alimento básico de la población mesoamericana, y que para los Otomís significa la herencia de sus abuelos que les decían: “el día que se pierda el maíz, se perderá la memoria de nuestros ancestros”, por ello lo cuidan y lo resguardan.

Su bisabuelo anduvo con Emiliano Zapata en los años de la Revolución, desde que Simón tiene razón, su familia ha sido campesina y han conservado por generaciones esta semilla. Entre los cultivos multicolores de San Juan Ixtenco, último reducto de la comunidad Otomí, se conserva el maíz ajo o tunicado, una de las semillas más longevas del país, de origen precolombino y es considerado como el estado natural del maíz cultivado.

A Simón su papa le inculcó que también los pajaritos tienen que comer, razón por la cual no pone espantapájaros en sus sembradíos, Nos comenta: los pajaritos también tienen derecho a comer.

No me pude resistir a pedirle semillas para traer a Guatemala y sembrar estas variedades de maíz que en nuestro país no existen. Para hacerles el cuento corto, mi milpa creció muy bonita en el Valle de Panchoy, las matas eran de 4 metros de altura y la flor del maíz me quedaba afuera de la ventana de mi habitación, observándolas un día, me di cuenta que había muchas abejitas llegando a las flores de la milpa y por primera vez logré fotografiar y filmar la maravillosa tarea de las abejas polinizadoras. Otro día les hablaré de Panchito y sus abejas.

En este video, conoce más a Simón y su familia.

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