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Nacionales

Estados Unidos aborda una campaña presidencial bajo la influencia del COVID-19


Los votantes demócratas ven a Trump como una amenaza para la democracia. A estas voces también se han unido algunos republicanos.

Los algo más de 227 millones de estadounidenses que podrán acudir a las urnas el próximo 3 de noviembre, depositarán su preferencia política bajo un clima sumamente enrarecido. La opción de renovar cuatro años más al presidente y candidato republicano Donald Trump, o de entregar las riendas de la mayor potencia económica y militar del planeta al candidato demócrata, Joe Biden, se ajusta a medida que se aproximan los comicios.

La balanza se inclina de momento del lado de Biden, según el consenso de los sondeos de opinión. Pero el complejo sistema electoral estadounidense, que exige obtener, al menos, 270 de los 538 delegados que proporcionan los 50 estados –California, 55, el colegio electoral clave para los aspirantes–, puede deparar sorpresas.

Como en 2016, cuando Trump se hizo con el Despacho Oval con 2 millones de apoyos menos que su contrincante, Hillary Clinton. Y se complica aún más por el terreno en el que se batirán ambos contendientes –con visiones casi antagónicas sobre el futuro del país– y una marcada preferencia del voto ciudadano por la economía. Ocho de cada diez decidirán su sufragio bajo este parámetro, con EE. UU. sumida en una recesión histórica, del 32.9 por ciento en el segundo trimestre, y dudas sobre el despegue del ciclo de negocios pos-COVID.

“Serán unas elecciones feas”, titulaba The Economist. En medio de un conflicto de alta intensidad social. Con los votantes de Trump en lucha directa frente a los manifestantes del movimiento Black Lives Matter en ciudades como Portland (Oregón), muertes de ciudadanos afroamericanos en detenciones policiales y asesinatos de supremacistas blancos en protestas ciudadanas que se han desplegado en el país. Derechos civiles frente a ley y orden. Es una de las dicotomías que separan las dos visiones que los contendientes en las urnas ofrecen sobre el futuro de EE. UU. Pero gran parte de los ciudadanos y electores americanos muestra su preocupación por un clima de enfrentamiento cívico, que podría llegar a desencadenar una crisis constitucional.

Además, la división social ha hecho mella en el electorado estadounidense. Hasta el punto de que gane uno u otro aspirante, la mitad de la población no estará conforme con el resultado.

La pandemia domina el debate

Crisis sanitaria, versus recesión económica. Es la gran dicotomía en la que se han enfrascado los aspirantes. Pero cargada de realidad. Biden achaca a Trump haber reaccionado demasiado tarde y con escasos medios ante la pandemia del COVID-19. Habla de catástrofe sanitaria, un mensaje que sintoniza con el parecer mayoritario de los ciudadanos, según los sondeos, en los que la voz de los encuestados descuenta que el día de las elecciones EE. UU. habrá sobrepasado el cuarto de millón de fallecidos por coronavirus.

Un mensaje que el líder demócrata relaciona con la coyuntura: “La economía no volverá a su cauce de prosperidad hasta que no se supere el virus”. Considera que es el principal punto débil de su rival.

Para Trump, en cambio, el despegue del PIB y el retorno a la normalidad productiva es su gran baza. Defiende su insistente decisión de volver a la actividad en pleno pico de contagios. La economía es el único factor en el que domina a Biden en los sondeos. Con un desempleo en dobles dígitos. La pasada semana se solicitaron todavía más de 884 mil coberturas de desempleados, un dato peor de lo esperado, con lo que se eleva a 13.3 millones de trabajadores con algún tipo de beneficio.

Mientras el PIB, que se contrajo un 32.9 por ciento en el segundo trimestre, parece haber alcanzado el punto intermedio de recuperación, tras la debacle. La vuelta del periodo estival ha reanimado el consumo, la rúbrica esencial y motor de la primera economía global. El e-commerce y el lento, pero persistente, retorno a los puestos laborales están impulsando las compras, la afluencia a restaurantes y centros comerciales.

Quizás estas señales ayuden a Trump a recuperar el diferencial en la intención de voto que detectan las encuestas. Porque, también según el de Gallup, el 48 por ciento de los estadounidenses aprueban su política económica. De ahí que, en recientes entrevistas en plena campaña, haya valorado como su mejor aval presidencial su condición de “buen gestor”.

En cualquier caso, a los estrategas de Biden les tiene en vilo esta percepción social. Sobre todo si, antes de los comicios, la tasa de desempleo se reduce del ocho por ciento. Por eso, su rival demócrata prefiere debatir en términos futuros. Sobre el patrón de crecimiento pos-COVID. Es decir, en torno a un cambio de paradigma que impulse la innovación y las medidas para combatir el cambio climático bajo el prisma de la neutralidad energética.

In On capital
www.inoncapital.com

Tensión

No es la primera vez que unos comicios presidenciales han tenido que soportar una atmósfera de tensión. El actual clima de campaña recuerda episodios como el complejo, lento y dudoso recuento en Florida que llevó a George Bush, hijo, a la Casa Blanca frente a su rival, Al Gore, o las supuestas interferencias de Rusia en 2016, sin esclarecer en toda su dimensión, que aupó a la Administración Trump al poder.

183 electores seguros, 29 probables y 66 aún indecisos, otorgan las encuestas actualmente a Biden, frente a los 88 seguros, 37 probables y 44 ligeramente favorables para Trump. En total, la suma de los apoyos demócratas ya le otorgaría la presidencia a Biden, con 278 delegados. Pero los 91 sin clara inclinación abren posibilidades para el actual presidente.

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