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Nacionales

La selva tropical guatemalteca: selva frondosa, vestigios mayas y aviones llenos de cocaína


La selva es mutilada para crear pistas de aterrizaje clandestinas, claros lo suficientemente anchos para permitir que aterricen aeronaves llenas de cocaína, abiertos entre robles y palmeras.

Parque Nacional La Laguna Del Tigre, Guatemala • Las aeronaves llegan en el medio de la noche con las luces apagadas, guiadas por drones e inestables por el peso de la droga. Descienden sobre antiguas edificaciones mayas, sobre campamentos de investigadores de jaguares y ornitólogos, sobre pobladores y finqueros ilegales.

El juego del gato y el ratón entre Estados Unidos y los líderes del narcotráfico latinoamericano se ha desplazado a este tramo salvaje de Guatemala, uno de los paisajes más inhóspitos del hemisferio occidental. Los aviones pueden acarrear más de US$100 millones en cocaína para ser transportada rápidamente de la selva, a través de México, hacia Estados Unidos.

Durante los 50 años de la guerra de Estados Unidos contra las drogas, una verdad ha prevalecido: cuando una ruta del narcotráfico se cierra, otra emerge en su lugar.

No hace mucho, los carteles movían más droga en submarinos y botes pesqueros por el Océano Pacífico. Las embarcaciones de la Guardia Costera de Estados Unidos estrecharon esa ruta. Los aviones llenos de cocaína solían volar principalmente a México y Honduras, hasta que esos países crearon sus propios equipos de interdicción aérea.

La frontera norte de Guatemala, sin embargo, sigue siendo una tierra de nadie, una reserva de vida silvestre que se ha convertido en un parque criminal. Esta es la ruta más reciente, la cual atraviesa la selva tropical centroamericana más grande, que alguna vez fue cuna de la civilización maya y que ocupa una extensión del tamaño del estado de Delaware.

Las fuerzas de seguridad de Guatemala encontraron 50 narcoaviones abandonados en el país el año pasado. Las autoridades cuentan que docenas de aeronaves aterrizaron y después se fueron. El 90 por ciento de la cocaína que actualmente se consume en Estados Unidos transita por Guatemala.

La pandemia del coronavirus ha tenido un impacto mixto sobre el narcotráfico en América. La creciente dificultad de transportar el producto por las fronteras cerradas ha reducido el precio de la hoja de coca en Sudamérica, aunque, en términos generales, las incautaciones de cocaína en Estados Unidos no han tenido variación.

Las autoridades dicen que en este tramo sin defensa alguna de Guatemala las aeronaves han seguido entrando. El 21 de junio se encontró un bimotor turbohélice impecable en un claro de la selva. Los restos quemados de un avión, aparentemente incendiado por los narcotraficantes después de retirada la droga, fueron encontrados el 19 de junio. Otro se estrelló al sur del Parque Nacional Laguna del Tigre en abril, esparciendo por toda la maleza miles de libras de cocaína muy bien empacada en ladrillos.

En los últimos meses, el parque se ha visto devastado por más de una docena de inmensos incendios. Muchos han sido provocados por narcotraficantes que están quemando tramos de selva para construir “pistas de aterrizaje ilícitas para el transporte de drogas”, de acuerdo con las palabras del presidente Alejandro Giammattei en un discurso dirigido a la nación. En julio, un equipo de bomberos fue capturado en el parque por un grupo de hombres armados.

Si bien los funcionarios guatemaltecos reconocen la transformación de esta área protegida en un corredor del narcotráfico, las fuerzas de seguridad de ese país afirman que son superadas por los carteles, pues cuentan con mejores recursos. Al sobrevolar Laguna del Tigre a principios de este año, un periodista de The Washington Post contó más de una docena de pistas de aterrizaje por todo el parque y varios aviones en ellas.

“Estamos hablando de una industria que tiene el suficiente dinero como para abandonar aeronaves de millones de dólares en la selva”, expresó el coronel guatemalteco Juan De Paz. “Sus recursos son infinitos y solo estamos tratando de igualarlos”.

Muchos de los aviones vienen de Venezuela. Entre 2012 y 2017 los flujos de cocaína a través del país aumentaron en un 57 por ciento, según la base de datos consolidada antidrogas del Gobierno de Estados Unidos; el Departamento de Justicia este año acusó al presidente Nicolás Maduro de narcoterrorismo. Más cocaína aún proviene de Colombia y Ecuador.

Soldados guatemaltecos se encuentran en terreno que fue ilegalmente ocupado al este del parque. El Ejército lleva a cabo patrullajes para protegerlo de invasores y finqueros ilegales que, según los funcionarios, están vinculados al narcotráfico.

“Las organizaciones narcotraficantes colombianas y venezolanas a menudo se asocian con carteles mexicanos para enviar grandes cargamentos de cocaína”, expresó Michael Miller, portavoz de la Agencia Antidrogas de Estados Unidos (DEA). “El cargamento de cocaína la mayoría de las veces se destina para Guatemala”.

Este año el Pentágono envió embarcaciones de la Marina y de la Guardia Costera al Caribe en su mayor despliegue hasta ahora para hacerle frente allí al narcotráfico. Pero el procurador general William P.

Barr ha reconocido: “Nuestra presión ha tenido como resultado que intenten una ruta aérea para salir del área centroamericana”.

Esa ruta aérea ha resultado ser más difícil de bloquear. La aplicación de la ley en los rincones más remotos de Guatemala es prácticamente nula y el acceso a la porosa frontera sur de México está libre.

“Los grupos de contrabando guatemaltecos controlan una gran cantidad de pistas de aterrizaje clandestinas y pueden ajustar o redirigir los aterrizajes conforme se necesite”, expresó Miller. “No parece que un cartel controle una pista de aterrizaje”.

Ganado pasta en una pista de aterrizaje clandestina en el parque.

Estados Unidos, preocupado por la amenaza del narcotráfico aéreo, donó seis helicópteros a la “flota de interdicción aérea” de Guatemala en 2013. Para 2016, estos se encontraban fuera de servicio por mal mantenimiento, informó un inspector general del Departamento de Estado. Eso dejó a Guatemala sin la capacidad para hacerle frente a los narcoaviones, aun cuando Estados Unidos los estaba rastreando.
De acuerdo con De Paz, el departamento de Petén, con más de 38 mil kilómetros cuadrados, es protegido por una brigada de 1,200 soldados sin ningún apoyo aéreo. Cuando los soldados logran abrirse paso a través de la selva, las aeronaves ya se han ido o han sido destruidas.

“Es una tarea imposible”, dijo un soldado que no estaba autorizado para hablar con los periodistas. “Oímos las aeronaves volar y solo decimos: ‘Allá va otra’”.

En un caso inusual ocurrido en enero en el municipio de Las Cruces, exactamente al sur del parque, los soldados guatemaltecos se las arreglaron para hacerles frente a los traficantes mientras todavía estaban descargando la droga. Se produjo un tiroteo. Los traficantes tenían siete vehículos y más de una docena de rifles de asalto, contó De Paz. Finalmente desaparecieron velozmente con dirección a México.
Nadie fue arrestado. Pero el incidente les permitió a las fuerzas guatemaltecas una oportunidad poco común de conocer la operación. Los soldados cautelosamente se acercaron a la aeronave con rayas verdes y azules, una Hawker Siddeley 125, comercializada como un “avión comercial mediano”. Estaba intacto.

Subieron las escaleras y encontraron 1,700 kilos

—alrededor de 3 mil 700 libras— de cocaína pura empacados individualmente. Su valor aproximado era de US$160 millones en Estados Unidos.

El Ejército de Guatemala captura un avión con 1,700 kilos de droga en el Parque Nacional Laguna del Tigre en enero.

1,700 kilos de cocaína confiscados de un narcoavión en el Parque Nacional Laguna del Tigre en enero son catalogados por las autoridades guatemaltecas.

Las aeronaves llegan a mitad de la noche

Una fuerza conjunta de 30 soldados, policías y guardabosques salieron una mañana de febrero para patrullar las afueras de la comunidad La Florida.

A las 8:00 horas, la temperatura era de más de 37 °C. Los hombres se movían despacio entre la maleza. No estaban buscando traficantes —no tenían el equipo o la orden—. Su misión era capturar finqueros ilegales.

Pero ellos sabían que la línea entre dicha ocupación allí ilegal y el narcotráfico era borrosa. Las pistas de aterrizaje ilícitas se crean junto a enormes fincas construidas a costa de la selva. Las ganancias provenientes de la droga a menudo se lavan con la compra de ganado que se vende a través de la frontera con México.

“Los narcos utilizan las fincas para justificar su presencia”, contó De Paz.

La unidad había estado patrullando durante menos de una hora cuando vieron a un hombre con camisa verde montado a caballo por un camino estrecho en la selva. La pista de aterrizaje ilícita más cercana estaba a solo unos cuantos kilómetros de allí.

“¿Vieron a ese tipo?”, preguntó un soldado.

“Salió disparado”, dijo otro.

Un soldado trató de tomarle una foto con su celular, pero el hombre pronto desapareció.

“Vamos a enviar un informe al Ministerio de Gobernación”, dijo uno de los guardabosques.

Cuando se le preguntó si pensaba que el informe provocaría alguna reacción, se rió.

“No, ¡qué esperanzas!”.

Aproximadamente una vez a la semana, contaron los soldados y los guardias, oían drones sobrevolar su base en la selva. Luego, con frecuencia en el medio de la noche, llegaban los aviones.

Algunas daban la impresión de ser casi nuevas. Funcionarios guatemaltecos indican que los pilotos reciben hasta US$500 mil por vuelo —un ingreso que parece tomar en cuenta el riesgo—. Según De Paz, el año pasado las Fuerzas Armadas guatemaltecas recuperaron los cuerpos de 10 pilotos muertos al estrellarse la aeronave que volaban. Uno de ellos había chocado contra el vehículo de huida que aguardaba junto a la pista de aterrizaje.

En Flores, la cabecera de Petén, Estados Unidos ayudó a crear el primer juzgado medioambiental de Guatemala. El propósito de este era perseguir por la vía jurídica a los finqueros que destruyen territorio protegido alimentando a su ganado y a los cazadores-traficantes de la vida silvestre en la biósfera. Sin embargo, pronto los funcionarios se dieron cuenta del vínculo inextricable entre los delitos contra el medioambiente en Laguna del Tigre y el narcotráfico.

Las autoridades guatemaltecas señalan que los narcotraficantes lavan las ganancias provenientes de la droga a través de la venta de ganado cuya crianza tiene lugar en el parque.

A la jueza Karla Hernández la mantuvieron como rehén durante tres días en 2018. Ahora tiene asignados dos guardaespaldas.

En 2018, Hernández sentenció a Lester Ovidio Gallegos Mayorga a cuatro años de prisión por pastoreo ilegal de ganado en Laguna del Tigre. Al año siguiente, la Policía lo consignó judicialmente por transportar en un picop 70 kilos de cocaína a través del parque.

Otros casos han dejado al descubierto vínculos entre el tráfico de drogas y familias influyentes.

Una finca ubicada en Laguna del Tigre estuvo registrada durante mucho tiempo a nombre de Waldemar Lorenzana, un reconocido adjudicatario de contratos del Estado incluso mientras dirigía una de las mayores organizaciones del país dedicadas al tráfico de cocaína. Extraditado a Estados Unidos en 2014, finalmente fue declarado culpable de narcotráfico y sentenciado en el presente año. La pena impuesta fueron 23 años en la prisión federal de esa nación.

De acuerdo con las autoridades estadounidenses, la organización de Lorenzana trabajaba con traficantes en Colombia y México para transportar cocaína utilizando embarcaciones y aeronaves con destino a El Salvador y Guatemala, desde donde se distribuía a Estados Unidos. El Departamento de Justicia manifestó que Lorenzana tenía una relación significativa con el Cartel de Sinaloa, el cual en su momento lideró Joaquín el Chapo Guzmán.

Docenas de pistas de aterrizaje identificadas por las fuerzas castrenses de Guatemala permanecen en uso, incrementando así las sospechas de complicidad o participación del Gobierno en el narcotráfico. En algunos casos las Fuerzas Armadas se han rehusado a destruirlas hasta recibir dinamita por parte del Ministerio de Gobernación de Guatemala.

Según informó este año el Departamento de Estado, “en el 2019, el Ejército de Guatemala inhabilitó 16 supuestos campos de aviación clandestinos, aunque gran parte de ellos se encontraban nuevamente en uso días o semanas después”. La DEA ha descubierto que los controladores de tráfico aéreo han recibido sobornos de los narcotraficantes.

“Es una combinación de corrupción en el Estado y falta de capacidad institucional” fueron las palabras de Stephen McFarland, exembajador de Estados Unidos en Guatemala. “Se cuenta con los fondos para hacer más, pero no hay voluntad política”.

Refirió que, entre los años 2008 al 2011, tiempo durante el cual fungió como embajador, trasladó a las fuerzas de seguridad guatemaltecas información relacionada con blancos en la lucha contra el narcotráfico.

“Si bien llevaron a cabo incautaciones significativas, con frecuencia regresaban diciendo: Queríamos hacerlo, pero no teníamos combustible o no pudimos contactar al comandante de la base naval para obtener autorización”.

“Nunca había una respuesta aceptable”.

La demanda de cocaína deja un rastro de destrucción medioambiental

Dos mil años antes de caer en manos de los narcotraficantes, Laguna del Tigre fue cuna de la civilización maya y lugar de una red de caminos que unían cientos de ciudades de esa cultura en una antigua metrópolis en la selva.

“Era una Nueva York en el tiempo de Jesucristo”. Estas fueron las palabras de Roan McNab, el director del programa para Guatemala de la Sociedad para la Conservación de la Vida Silvestre, con sede en Nueva York, mientras sobrevolaba la selva. La aeronave surcaba el cielo de la cuenca Mirador, donde los arqueólogos están encontrando restos de una de las civilizaciones más sofisticadas existentes antes de la era moderna. Una pirámide sobresalía entre la selva. Se trataba de una construcción más grande que la pirámide de Keops, en Egipto.

Con fondos provenientes de Estados Unidos, McNab y su organización han trabajado por años para proteger el parque y su vida silvestre. Un biólogo estudia la población de jaguares en el parque. Otro se encarga de la incubación artificial de la guacamaya roja, especie amenazada. Uno más ayuda a capacitar a los guardabosques del parque.

Dichos guardabosques se han enfocado en conservar un área de aproximadamente 579 kilómetros cuadrados del parque, una fracción de alrededor de un sexto de su extensión total, pues no cuentan con los recursos para expandir la protección. Las organizaciones criminales han arrasado con gran parte del territorio afuera de esa área. McNab mencionó que los incendios provocados por el hombre el año pasado asolaron áreas en conjunto equivalentes a poco más o menos el doble de la superficie del Distrito de Columbia.

“La demanda de cocaína en el hemisferio norte deja un rastro de destrucción por toda América”, expresó McNab. “La devastación ecológica de Laguna del Tigre es tan solo un ejemplo. Más al sur, otras áreas protegidas de Mesoamérica son escenarios de problemas similares”.

Rainforest Alliance, entidad cuyos recursos proceden de Estados Unidos, brinda apoyo para concesiones forestales legítimas a comunidades situadas justo al este de Laguna del Tigre. Este esfuerzo pretende en parte restringir el movimiento de los narcotraficantes; en 2015, como resultado de la presión ejercida por Estados Unidos, las fuerzas de seguridad guatemaltecas destruyeron varias pistas de aterrizaje no autorizadas en el área.

En el cercano El Mirador, una imponente antigua ciudad maya en lo profundo de la selva, el arqueólogo Richard Hansen ha contratado a 28 guardias armados para alejar a los narcotraficantes. En gran medida las fuentes monetarias con las que trabaja se originan de donadores del sector privado, los cuales incluyen a los actores Mel Gibson y Morgan Freeman. Los senadores James M. Inhofe, Tom Udall y James E. Risch —representantes de los estados de Oklahoma, Nuevo México y Idaho, respectivamente— introdujeron el año pasado una iniciativa de ley que asignaría US$72 millones (alrededor de Q555 millones) a “la investigación arqueológica, la aplicación de la ley y el turismo sostenible” en la zona donde se encuentra ese sitio ancestral.

Barriles de combustible abandonados se oxidan en una pista de aterrizaje.

Hansen imagina trenes que, llenos de turistas, viajan por la selva con dirección a la remota ubicación.

“Debemos ser más listos que los narcos”, apuntó.

El negocio de las drogas ha impactado de forma devastadora el medioambiente; es un fenómeno denominado narcodeforestación por la Science Magazine. Laguna del Tigre ha perdido más de una quinta parte de la cubierta forestal que tenía en el año 2000.

Rara vez los conservacionistas financiados con fuentes de Estados Unidos han desarrollado su labor tan peligrosamente cerca de algunos de los más poderosos traficantes.

Los guardabosques de Laguna del Tigre, quienes no están armados, se enfrentan a ellos regularmente. Hace semanas, un grupo de 30 hombres a caballo arribaron a uno de los puestos de control de los guardabosques y les ordenaron dejar de realizar patrullajes, refirió McNab. Estos elementos cuya función es velar por el parque han sufrido secuestros y golpizas. Semanas atrás, hombres provistos de armas tomaron por la fuerza un vehículo del Gobierno conducido por un guardabosques y lo dejaron incendiándose entre la maleza.

No menos de 12 mil personas viven de manera ilegal en el parque. Muchas de ellas fueron desplazadas durante lo que fue el persistente conflicto armado en el país. Otras llegaron en busca de tierras, las cuales son escasas en una nación donde vastas extensiones de terreno se encuentran bajo el control de una minoría con poder político y económico.

No obstante, un gran número termina trabajando en las fincas de ganado ilegales pertenecientes a ricos hacendados. Muchos de ellos están vinculados al negocio de las drogas. Los asentamientos en el parque han crecido hasta convertirse en pequeños poblados con escuelas, clínicas y tiendas. Muchas de estas poblaciones están localizadas cerca de pistas de aterrizaje ilícitas. Sus habitantes, sin embargo, insisten en que son campesinos pobres no involucrados en el narcotráfico.

El maestro Rony DuVon, de 38 años de edad, es líder dentro de la comunidad La Lagunita.

Rony DuVon, de 38 años de edad, quien es maestro en el asentamiento La Lagunita, afirma que ven pasar las aeronaves pero no saben a quiénes les pertenecen. “Estamos aquí porque creemos que como guatemaltecos tenemos derecho de vivir y cultivar aquí y los conservacionistas son los que están en contra de nuestros derechos”.

Pero el punto de vista de los guardabosques es distinto. En su opinión, La Lagunita es un eslabón de la cadena criminal en el parque.

McNab señaló que los narcotraficantes cuentan con “una considerable capacidad económica y coercitiva”.

La Policía y soldados destruyeron una pista de aterrizaje utilizada por narcotraficantes.

“Un Estado ausente y la falta de apoyo de la sociedad civil dejan, aparte de los poderes activos en el parque, pocas opciones para su sostén a la gente pobre sin tierras que habita el área”, agregó.

Los funcionarios guatemaltecos manifiestan que se encuentran en proceso de poner en funcionamiento otra flota de helicópteros. El presidente está solicitando ayuda al extranjero con el fin de hacer frente a la emergencia. El equipo de McNab trata de salvar la parte de la reserva aún intacta.

Con frecuencia piensa en la civilización maya. Colapsó en parte debido a su uso inmoderado de los recursos forestales. Sin embargo, después de su caída, el bosque gradualmente volvió a la vida.

“Tal vez eso es lo que sucede aquí,” expresó McNab. “La selva retorna a la vida después de que la humanidad se ve obligada a dejarla”.

Edición de fotografías por Chloe Coleman. Revisión de texto por Ryan Romano. Diseño y desarrollo por Tyler Remmel’

Soldados del Ejército de Guatemala asignados al Centro de Operaciones Guayacán, en el Parque Nacional Laguna del Tigre, juegan fútbol durante su tiempo de descanso.

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