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Nacionales

En Ayutla solo el contrabando pasa por la frontera


La caravana de migrantes aguarda el momento para intentar, por tercera vez, llegar a México para seguir su camino hacia EE. UU.

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Los centroamericanos que este año intentan llegar en caravana a Estados Unidos llevan cinco días varados en Ayutla, San Marcos. Unos dormitan en las aceras, otros esperan un plato de comida en las afueras de la Casa del Migrante y hay quienes están sentados en la orilla del río Suchiate, frontera natural entre Guatemala y México, a la espera del mejor momento para cruzar al otro lado.

En la última semana, el grupo ha intentado dos veces llegar al lado mexicano, pero los elementos de la Guardia Nacional han impedido el ingreso de casi todos.

Los migrantes repiten constantemente que los agentes mexicanos los golpearon el pasado lunes con piedras, palos y botes llenos de arena, cuando casi logran atravesar la valla humana a la orilla del Suchiate. Ellos aguardan sin poder cruzar a México, mientras que la mercadería de contrabando es trasladada a Guatemala en balsas improvisadas; y como es habitual en la zona, frente a los agentes de seguridad mexicanos y guatemaltecos.

Hay centroamericanos que señalan, además, que a consecuencia del enfrentamiento con la Guardia Nacional, hubo al menos tres fallecidos. Sin embargo, ninguna de las autoridades en el municipio da cuenta de esos hechos.

El paso de mercancías en el río Suchiate se mantuvo frente a agentes mexicanos y guatemaltecos.

Por estos días la Casa del Migrante en Ayutla sobrepasó su capacidad, dice Mario Morales, coordinador del centro. Esta semana la Casa ha servido en promedio 300 raciones de comida diarias, cuando lo habitual es atender a entre 20 y 40 migrantes cada día; lo cual supone un esfuerzo mayor para los colaboradores porque el albergue necesita donaciones de comida, ropa y artículos de higiene personal, resaltó Morales.

Desesperación, desconfianza

En la Casa del Migrante ya no hay espacio para más personas, por lo que al otro extremo de la calle en un lote baldío varias organizaciones que apoyan a los migrantes han colocado toldos para que los centroamericanos se puedan resguardar. Allí duerme la mayoría y durante el día los utilizan para cubrirse del calor, que al mediodía alcanza los 33 grados. Quienes no tienen suerte duermen en las aceras.

Fausto Ambrosio, técnico del Centro de Salud local, aseguró que desde el pasado sábado se ha dado atención médica a 790 personas, entre ellos 41 niños menores de cuatro años, seis menores de un año y a tres mujeres embarazadas. Del total de atendidos, 628 son hondureños y el resto procedentes de El Salvador, Nicaragua y Guatemala.

Los integrantes de la caravana que aún permanecen del lado guatemalteco parecen desesperados y al ser abordados por la prensa expresan su desconfianza.

Piden comida, dinero y que los ayuden a cruzar la frontera.

El canciller mexicano, Marcelo Ebrard, aseguró que casi mil migrantes –de los 2 mil 400 que ingresaron el fin de semana–, solicitaron el retorno. Los demás, asilo o refugio ante la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados o han decidido optar a algunos de los 4 mil puestos de trabajo temporal que les ofreció México.

Anoche, aproximadamente 114 migrantes abordaron los buses ofrecidos por el Gobieno de Guatemala que los retornarían a sus países.

Un grupo de centroamericanos fue trasladado anoche en buses para retornar a sus países de origen.

Tercer intento

Hasta ayer, el grupo de centroamericanos que aguarda en Ayutla esperaba el momento para cruzar la frontera hacia México. De hacerlo será el tercer intento por llegar a ese país y posteriormente seguir hacia Estados Unidos. Los migrantes entrevistados, en su mayoría adultos jóvenes que viajan solos, sostienen que no pedirán asilo en México. Otro grupo espera cruzar por la frontera de El Carmen, en Malacatán, San Marcos y uno más en El Ceibo, Petén.

Historias de migración

Ocho días de camino

Elena Vásquez y José Martínez llevan ocho días en la caravana. Son una pareja de esposos oriundos de Olancho, Honduras. Junto con ellos viajan sus hijos de uno y cinco años, con quienes han dormido en las aceras por falta de espacio en los albergues. Dice que eso ha sido lo más difícil hasta el momento. Elena cuenta con voz pausada que decidieron viajar a EE. UU. porque el salario de su esposo como obrero en el campo no les alcanza para sostener a sus hijos. También se queja de la escasez de empleo y la inseguridad en su país. De momento, el objetivo de Elena y Joel es lograr pasar a México, para después llegar a Estados Unidos. “Valdrá la pena, porque Dios nos ayudará al final”, asegura.

“Nuestro país está reventado”

Eli Josué Reyes cuenta cómo él y su esposa se salvaron de ser golpeados el pasado lunes por agentes de la Guardia Nacional de México, quienes les impidieron el ingreso a ese país. Está con sus familiares debajo de un furgón que les hace sombra. Dice que en Guatemala los han tratado bien, pero se queja de cómo actúa el Gobierno mexicano porque a decir de él, los quieren obligar a regresar a Honduras.

Asegura que es la tercera vez que intenta llegar a Estados Unidos de manera irregular, porque en su país la situación no mejora, “Nuestro país está reventado, no hay trabajo. Están pagando lo que ellos quieren, solo le dan medio tiempo a la gente y les vienen a pagar a los tres meses”. Josué, de 38 años, viene desde Comayagua, y dice que esperará a que México acepte el ingreso de los migrantes a ese país.

“Queremos mejores oportunidades”

Marino Flores levanta una bandera de Honduras y la muestra a la fila inmóvil de agentes mexicanos de seguridad que se encuentran a la orilla del río Suchiate. Recuerda cómo el lunes esos agentes los agredieron para que no llegaran a la orilla, a pesar de eso asegura que intentará de nuevo cruzar.

“En Honduras me dedicaba a cortar caña, un trabajo de machete. Nosotros lo que queremos son mejores ingresos, mejores oportunidades”, asegura mientras se encuentra a mitad del río. Mario tiene 25 años y este es su segundo viaje con rumbo a Estados Unidos. El primero lo realizó en noviembre del año pasado, pero no tuvo éxito.

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