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Nacionales

Los pies descalzos que conocieron el mar


Esta es la historia de un proyecto de lectura que ha permitido que decenas de niñas y niños viajen no solo entre páginas de libros, sino fuera de sus comunidades.

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Cuando los pequeños lectores de distintas comunidades de Baja Verapaz supieron que viajarían al mar se mostraron escépticos. Muchos creían que el mar no existía, que se trataba de un invento de la televisión. Meses después pusieron sus pies sobre la arena y hubo quien se sintió como el personaje de uno de los libros que leyó. Esta es su historia.

“Los pies descalzos también leen” es uno de los proyectos de lectura de la Asociación Yo’o, ubicada en San Antonio Purulhá, Baja Verapaz. El programa fomenta el pensamiento crítico y permite que los pequeños viajen fuera de sus comunidades con una dinámica muy sencilla: quienes más lean, tienen más posibilidades de viajar.

Brenda Lemus, gestora del proyecto, explica que los viajes se “pagan” con páginas leídas: durante un año, los niños van sacando libros de las bibliotecas y al devolverlos deben conversar con los gestores para evaluar su comprensión de lectura. El programa no excluye a los más pequeños, pues quienes no sepan leer deben narrar una historia con base en los dibujos que se encuentren en los libros. Así, van acumulando páginas para poder viajar.

La mayoría de los menores de las comunidades de Baja Verapaz no conocían el mar y fueron por primera vez este añor.

Los viajes se realizan en junio de cada año. La parada obligada es la Feria Internacional del Libro (Filgua), donde los seleccionados tienen un bono de Q175 para comprar más libros.

El proyecto nació porque Lemus observó que en su comunidad había niñas y niños que “se comían los libros”, así que un amigo le sugirió llevarlos a la Filgua. El primer viaje fue en 2012, ese año consiguió Q400 para poder viajar con cuatro niños a la capital. “Compré unas camisas anaranjadas y nos fuimos uniformados para no perdernos”, relata.

Lemus agrega que algunos medios se interesaron en el proyecto y la entrevistaron. Mientras hablaba de la travesía se reunió gente a su alrededor y algunos se le acercaron y le metieron un sobre con dinero en la bolsa del pantalón, en su interior había Q200 y una nota que decía “llévelos al Zoológico”. No solo le alcanzó para eso, también los llevó al Cine, al Museo del Niño y a almorzar. “Fue el viaje de sus vidas”, comenta.

La biblioteca permite que niñas y niños de distintas edades accedan a libros de todo tipo.

Han pasado siete años desde aquel viaje. El número de lectores ha crecido: la última vez fueron 96 niños a conocer el mar. Lemus resalta que los viajantes son también lectores críticos en constante aprendizaje sobre la Cosmogonía maya, la colonización española, el conflicto armado y hasta la integración del Legislativo y las Cortes del país.

Actualmente, este proyecto ofrece libros a 2 mil 300 niñas y niños que ya leen libros de hasta 600 páginas, cuenta Lemus. Yo’o –que significa ‘vamos’ en q’eqchi’– ya cuenta con 16 programas que brindan salud, educación, tutorías escolares gratuitas, desarrollo personal, entre otros. “Los niños aman la lectura y hasta le enseñan a leer a sus papás”, comenta Lemus.

El programa inició a mediados de 2012. Los primeros programas fueron con cuatro niños, luego se fue ampliando hasta llegar a 96 pequeños lectores que conocieron el mar. Marieliza Reyes, de 12 años, fue una de ellas.

El mar es real

Marieliza Reyes Caal se dirige con absoluta propiedad a cientos de personas en un auditorio. Explica cómo descubrió el significado de la palabra “léxico” y cómo la duda de saber si era un animal o una cosa la ayudó a descubrir un mundo maravilloso. La pequeña de 12 años es una de las TEDx Talker más pequeñas del país y el video en el que habla sobre cómo la lectura ha cambiado su vida tiene más 21 mil vistas en YouTube.

“Creo que empecé a leer a los siete años por una tía que trabaja en la biblioteca y que me invitó al programa. Empecé con libros de cinco páginas, con más dibujos que letras, y me sentí muy atraída por los libros, luego me pasé a libros de 15 páginas, luego de 20, y así. Ahora leo libros de hasta 500 páginas”, así inicia esta entrevista Marieliza, una de las niñas lectoras de Purulhá.

La pequeña de 12 años ayuda a su mamá en la biblioteca Bernardo Lemus, ubicada en ese municipio de Baja Verapaz. Marieliza se encarga de orientar a los nuevos lectores y cuenta que ese trabajo voluntario la ha ayudado mucho a expresarse mejor.

El programa le permitió conocer el mar este año. Cuenta que cuando le contó a sus amigos que iría le dijeron que el mar no existía y que era un invento de la televisión. Ella misma creía que esa masa de agua salada era irreal.

“Yo no conocía el mar y me dije: esto solo sale en anuncios de la tele, pero cuando llegamos fue muy especial para mí porque fue el primer viaje que hice con toda mi familia”, relata Marieliza.

“No podría definir esto, es una sensación que me encantó. En muchos libros se habla sobre el mar y yo solo me lo imaginaba, pero es diferente imaginarlo que vivirlo: me sentía como el personaje de un libro”, concluye.

Sandra Caal, la madre de Marieliza agrega que tiene tres hijas lectoras: Joani, de 21 años; Daniela, de 17; y Marieliza, de 12. La lectura le ha cambiado la vida a las cuatro.

“A mí también me ha ayudado, antes no me sentía tan segura como ahora y siento que hasta puedo tomar mis propias decisiones. No dejo que otros opinen por mí”, dice Sandra, quien atiende a unos 70 niños diarios que llegan a la biblioteca.

Los libros infantiles son consultados incluso por niñas y niños que no saben leer, quienes narran historias a partir de dibujos.

La pequeña bibliotecaria

A los 12 años, Krisna Tut ya es fundadora de una biblioteca en la aldea Monjas Panimaquito, en Purulhá, Baja Verapaz. Su abuelo la apoyó con un terreno y con la fabricación de las libreras, ella hizo el trabajo de recolección de libros.

Krisna cuenta que lo más difícil de su proceso de aprendizaje en la lectura es trasladarse de Purulhá a Monjas Panimaquito, pues tiene que recorrer dos horas y media a pie entre un punto y otro. Sin embargo, eso no impidió que llevara la lectura a su comunidad y abriera, el 23 de agosto pasado, la primera biblioteca de la aldea con 120 libros: cien de una donación y 20 que ella sacó de su biblioteca personal para que otras personas pudieran leerlos. El centro de lectura se llama “Estrella nuevo amanecer”.

“Yo entré al programa de lectura hace tres años y me ha gustado mucho. Mi libro favorito es el de Alex Dogboy –de Mónica Zak– porque todo lo que ha vivido él me ha pasado a mí”, cuenta Krisna.

La pequeña bibliotecaria también ha viajado gracias a la lectura. Los viajes a Filgua y a Guastatoya son los que más recuerda. “No conocía tanto y viajar me ha motivado mucho”, señala.

El libro más largo que ha leído es La reina maldita –de Sarah Fine–, que tiene 457 páginas.

Krisna se propuso abrir otra biblioteca, una para adultos. “Quiero que sepan mucho más de lo que ya saben”, dice la niña esperanzada en su futuro, el cual dedicará a estudiar química. De hecho, ya se plantea la posibilidad de poner un laboratorio en su comunidad: “Quiero ver de lo que soy capaz y hasta dónde puedo llegar”, añade.

En Purulhá

Según el Censo 2019, el 35 por ciento de la población de Purulhá, Baja Verapaz no tiene ningún grado escolar, mientras que el seis por ciento ha completado preprimaria y el 46 por ciento alcanza la primaria. Solo el 12 por ciento de sus pobladores concluyó la educación media y el uno por ciento ha cursado la educación superior.

El 95 por ciento de su población se identifica como maya y el cuatro por ciento como ladina. La comunidad lingüística más grande es la q’eqchi’ (58 por ciento), seguida por la Poqomchi’ (39 por ciento) y la Achí (tres por ciento).

Proyecto llega a más lugares

Yo’o inició en San Antonio Purulhá, Baja Verapaz y se ha expandido a otros lugares con el programa “Más allá de mi comunidad”, en el cual participan otros centros de lectura como el de Chancol, Huehuetenango; la biblioteca Paco Piñas, en San Martín Jilotepeque, Chimaltenango; la biblioteca Luis de Lion, en San Juan el Obispo, Sacatepéquez; y la Fundación Nueva Esperanza, en Rabinal, Baja Verapaz.

Biblioteca que nace

En la cima de la aldea Los Pinos, en Purulhá, Baja Verapaz, Danilo Co se prepara para instalar una nueva biblioteca. El pequeño de 11 años cuenta que junto a sus amigos Marvin, Nery, Óscar y Juan solicitaron una donación de libros para abrir un lugar en el que niñas, niños y adultos puedan llegar a leer e investigar.

Danilo es parte de Pies descalzos que lee y este año pudo leer 4 mil 15 páginas, lo que le permitió viajar con otros niños de su comunidad. La nueva biblioteca será utilizada por unos 200 niños de su aldea, comenta.

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