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Nacionales

Caos e incertidumbre en albergue de Alotenango


Después de 15 días, desde la erupción del volcán de Fuego, 169 personas se encuentran albergadas y a la espera de la respuesta del gobierno para solventar su situación.

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En el albergue Mario Méndez Montenegro, de San Juan Alotenango, Sacatepéquez, hay 49 familias hacinadas de los caseríos El Porvenir y Santo Domingo. Los 79 menores y 90 adultos viven cada día la desorganización de las autoridades municipales y estatales para administrar el refugio.

Marilú Pérez se despierta todos los días muy temprano para preparar el desayuno de los 79 niños y niñas del albergue. Para ello utiliza 12 litros de leche y seis cajas de cereal, pero desde que las autoridades municipales tomaron el control del lugar, la ración se ha reducido hasta la mitad.

Para los adultos la situación no es mejor. Cada día, la comuna de Alotenango reparte más tarde el desayuno, que consiste en una porción de huevos y dos rodajas de pan. Pero la peor parte llega en el almuerzo, pues los albergados comentan que reciben, de la Municipalidad, alimentos mal cocinados y crudos. “Los ponemos en una bolsa y los tiramos. Salimos a buscar algo o no comemos porque ¿cómo le podemos dar eso a nuestros niños?” dice Regina, una damnificada por la erupción del volcán.

Entre los colchones, la ropa y algunos artículos de limpieza, está Sara, quien observa la ventana asegurándose que nadie la escuche. Cuenta que las niñas y niños están enfermos del estómago, cansados, sin juegos y no duermen bien. “Creo que están tratando de desesperarnos, para que nos vayamos voluntariamente y así se liberan de nosotros”, concluye.

Afuera del albergue llega un picop lleno de víveres, varios vecinos salen a su encuentro. Personas particulares decidieron donar sopas instantáneas, pañales y dulces y los lanzan a los pobladores. Dicen que la Municipalidad no está recibiendo la ayuda en los centro de acopio. Todos los que pudieron salir se aglutinan para alcanzar un artículo.

La incertidumbre

Augusto Sicán, poblador de aldea El Provenir, indica que día a día la versión sobre su estadía en el albergue cambia, las autoridades municipales no se han acercado a ese lugar y solamente se escuchan rumores de los encargados. A veces se habla que serán desalojados en una semana, al día siguiente se oye que los colocarán en carpas en el campo de fútbol, luego que les permitirán regresar a su hogar porque ya no se corre peligro. La incertidumbre es la única constante.

Muchos albergados hablan de la falta de medicina, falta de acceso a agua potable, restricciones para salir del refugio, falta de empleo, falta de privacidad y la nula información sobre su futuro o traslado hacia una vivienda digna. Así es vivir un día al cuidado del Estado.

“No entienden”

Laura Sicajal, encargada del albergue por parte de la Municipalidad, argumenta que los víveres están administrados por la alcaldía por el poco espacio que existe dentro del albergue. Señaló que las personas “no logran captar que es un riesgo para ellos” entregarles los alimentos. Rosario Juárez, responsable de los tres albergues de Alotenango por parte de la comuna, prefirió no hablar al respecto.

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