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Nacionales

“En 2009, fue la crisis por la cianobacteria y creí que iban a escuchar la propuesta”


Desde los años noventa está involucrado en temas de agua y saneamiento. Participó de manera activa en la formulación del proyecto “Saneamiento Básico de Puerto Cortés, Honduras”, que dotó de servicios básicos de calidad a pobladores de esa ciudad porteña. En un proceso largo que involucró a autoridades municipales y a organismos internacionales, como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), fue posible construir redes de agua potable, drenaje sanitario y tratamiento de aguas residuales en esa urbe hondureña. Asimismo, quedó completado el proceso de manejo, recolección y disposición final de los desechos sólidos y alcantarillado pluvial que hoy funciona con regularidad.

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¿Usted ha sido un profesional comprometido con la lucha por librar de contaminantes el lago de Atitlán y elaboró un proyecto con ese propósito?

– He visto una serie de comentarios, iniciativas, pero nada serio. Cuando entregué el documento, lo recibieron, como si nada. Eso fue en 2009. Elaboré “El Decálogo para Atitlán” y allí hacía una propuesta para “blindar” el lago de Atitlán. Esto significa que hay que evitar el ingreso de aguas negras y los afluentes del lago y sacarlos por medio de tuberías recolectoras de las aguas residuales y el uso de plantas de tratamiento residuales con tecnología apropiada. La tecnología del tratamiento final serían lagunas de estabilización con la cual se pueden aprovechar los efluentes para riego. El lago quedaría protegido porque solo recibiría los aportes naturales de los ríos Quiscab y Panajachel y otros caudales que escurren sobre y hacia dicho cuerpo de agua.

¿Presentó a varias instancias de Gobierno “El Decálogo de Atitlán”, recibió alguna respuesta?

– Lo entregué al entonces presidente, Álvaro Colom, al vicepresidente, Rafael Espada; a autoridades de Segeplan; a la Autoridad para el Manejo Sustentable de la Cuenca del Lago de Atitlán y su Entorno (AMSCLAE). Además di una copia a los alcaldes de los municipios de la cuenca, a algunos sacerdotes, a pastores de iglesias evangélicas y a representantes de la asociación Amigos del Lago de Atitlán. En 2009, fue la crisis por la cianobacteria y creí que se iba a escuchar la propuesta. Todos me escucharon. Se limitaron a eso.

En días recientes la Asociación Amigos del Lago de Atitlán hizo pública una propuesta, fundamentada en retirar las aguas negras del lago por medio de tubería subacuática. En ese acto le reconocieron a usted la iniciativa, ¿cómo se sintió?

– Lo que pasó allí me dejó sorprendido y agradecido. En Guatemala no se acostumbra agradecer a nadie nada. Fue una actitud muy honesta y sinceramente no la esperaba porque llegué a la actividad como público. Un reconocimiento así pocas veces se da en Guatemala y más el aplauso, que fue atronador. Es un proyecto interesante, pero que todavía hay mucho trabajo por hacer. Más de lo que parece.

¿Usted participó de forma activa en el “Proyecto de Saneamiento Básico” de Puerto Cortés, Honduras, ¿cómo fue ese proceso?

– Por alguna razón fui invitado por el alcalde, un muchacho de 25 años, y el ingeniero municipal, un joven de casi la misma edad. Cuando venía de regreso me dijeron que estaban interesados en impulsar un proyecto para construir los drenajes pero no habían fondos, ni cómo cubrir mis gastos. Lo pensé y me quedé. Hicimos click porque había experiencia y juventud y ninguno estaba viendo el defecto del otro. No había dinero y empezamos como limosneros. A los dos meses decidimos que íbamos a ir a las oficinas del BID en Tegucigalpa.

¿Allí obtuvieron el apoyo que requerían?

– Fue un viaje de seis horas, muy largo, y llegamos a las oficinas del BID en la capital de Honduras y preguntamos por la oficina de Agua y Saneamiento, para mi mala suerte el jefe era un guatemalteco colega mío y ni un vaso de agua nos ofreció. No dejó que termináramos de hablar. Se paró y somató el escritorio y nos gritó: “aquí no hay ni m… para agua y saneamiento”. Entonces mejor nos fuimos. El alcalde salió y en lugar de irse, se fue directo a la oficina del Representante del país. Corrimos y le tocamos la puerta. Salió y preguntó quiénes éramos y qué había pasado. Le contamos todo y por ser él un diplomático no le llamó la atención a la persona que nos negó el apoyo. Nos habló y nos dio el contacto del representante del BID en Washington.

¿Consiguieron hablarle?

– Sí. Pero el problema era que no había un proyecto. Había como 30 estudios de cómo resolver el problema, uno de un colega guatemalteco. El BID mandó varias misiones y costó mucho definir el proyecto. Entonces, también pedimos apoyo técnico.

¿Cómo definieron el proyecto?

– La mejor opción era crear lagunas de estabilización fuera de la ciudad y luego el agua ya tratada llegara a la laguna Alvarado que tiene salida al mar. El proyecto costó US$18 millones y fue un crédito de 40 años con el uno por ciento de interés sobre saldo, con diez años de periodo de gracia. En la red de alcantarillado se construyeron 15 mil conexiones.

¿Hubo algún plan para comunicar a los vecinos los alcances del proyecto?

– Fue convocado un cabildo abierto y el alcalde dijo que iba a aumentar la tarifa de agua potable, pero que él se comprometía a brindar un mejor servicio. Las personas rechazaron la propuesta al principio, pero luego, cuando comenzó a avanzar el proyecto, lo aceptaron. Hubo que municipalizar el servicio porque el agua potable estaba a cargo de una oficina del Estado y solucionar el problema de la cuenca de abastecimiento, que era compartida con dos municipios. Se hizo una propuesta para el manejo de la cuenca de abastecimiento de Puerto Cortés, que ha sido reconocida a nivel mundial.

¿Lograron finalizar los cinco componentes del Proyecto de Saneamiento Básico en Puerto Cortés?

– Sí. Se construyeron las redes de agua potable, aguas residuales y pluviales; el tratamiento de aguas negras, la recolección de desechos sólidos. Es el único municipio en Centroamérica que tiene el sistema completo y que funciona.

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