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Nacionales

“Hay un pulso de poder por ver quién reconduce el sistema de acuerdo a su visión” Phillip Chicola, analista político


Desde 2015, cuando se registraron las manifestaciones contra la corrupción y la clase política tradicional en Guatemala, empujadas por las investigaciones del Ministerio Público (MP) y de la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG), el país ha vivido un punto de inflexión que marcó el fin de una época. Sin embargo, aún no se ha logrado realizar un cambio profundo en las instituciones estatales, asegura el analista político, Phillip Chicola. El “limbo” en el que se encuentra actualmente el país se puede convertir en una ventana abierta para el surgimiento de un “caudillo populista” que llegue al poder, explica.

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¿Está en riesgo el país de caer en una inestabilidad política?

– Llevamos dos años en proceso de depuración política, pero, como sociedad no nos hemos podido poner de acuerdo en cuál será la ruta para reconstruir instituciones. Este limbo en el que nos encontramos, en el que lo viejo no termina de morir y no está claro qué se va a hacer en su lugar, sí genera un estado de incertidumbre política, más que de inestabilidad. Y esa incertidumbre fácilmente puede desembocar en eso.

¿Este limbo del que habla es necesario?

– Totalmente. Estamos en un proceso en el que se está destruyendo el antiguo régimen. Lo que pasa es que no se vislumbra de dónde vaya a surgir la propuesta para construir el nuevo régimen, o cuál es la ruta para reconstruir la institucionalidad del Estado. El limbo sí es necesario, lo que es riesgoso es que se tarde demasiado tiempo.

Lo que pasa es que la experiencia nos dice que en aquellos países donde ese limbo se tarda más, son los más propensos a caer en inestabilidad y en riesgo caudillista. Eso es un poco el escenario ecuatoriano, ¿qué pasa cuando un país pasa 10 años en el limbo? Este en sí mismo no es malo, lo malo es que nos tardemos mucho en él.

¿Qué escenarios se prevén de no aprobarse las reformas?

– Va más allá de las reformas constitucionales. Hay también una reforma pendiente en materia electoral, servicio civil del Estado, fortalecimiento de las municipalidades y del sistema de Consejos de Desarrollo. No se trata solo de verlo como que las reformas constitucionales son el todo, sino que es toda una agenda profunda y compleja de cambios institucionales. Todos los puntos de inflexión requieren lo que no se ha dado en Guatemala, que es un pacto político.

¿Por qué no hay una propuesta clara de los tres poderes para una reforma del Estado?

– Ese limbo en el que nos encontramos es una lucha de tres grupos: por un lado, hay quienes quisieran hacer borrón y cuenta nueva, hay otro sector más moderado a favor de los cambios solo que con menos profundidad, y hay un tercer grupo que quiere regresar a como estaban las cosas antes de 2015. Este proceso se ve reflejado en el Congreso y el Ejecutivo.

Lo que hay es un pulso de poder entre radicales, moderados y reaccionarios por ver quién reconduce el sistema de acuerdo a su visión, por eso aparecen en el Congreso propuestas de pro-impunidad, de cambios moderados y otras radicales. Las tres se anulan entre sí.

¿Qué debe incluir el pacto de nación?

– Derivado de que lo que nos llevó a esta crisis fue la corrupción y la debilidad de las instituciones políticas, el pacto de nación debe incluir una reforma profunda a la ley Electoral, una reforma sistémica al sector justicia, un cambio estructural a la gestión del Estado como servicio civil, contrataciones públicas; y el poder local y la descentralización.

¿Se ve a algún personaje que quiera aprovecharse de la situación?

– En el escenario de corto plazo le diría que no. Pero otra vez, el caso de Correa en Ecuador, de Evo en Bolivia, de Chávez en Venezuela. Todos son personajes que surgieron en un lapso menor de dos años. Ellos crecen producto de la crisis del momento.

Pero sí vemos dos excandidatos a la presidencia que mantienen discursos populistas…

– Los casos de Zury Ríos y de Alejandro Giammattei, quiera que no, ellos todavía son parte del antiguo régimen partidario. El caudillo populista surge literalmente de la nada. Jimmy Morales es un ejemplo de las condiciones que genera esa incertidumbre: Surgió de la nada. Seis meses antes de las elecciones absolutamente nadie lo tenía en el radar.

“Hay también una reforma pendiente en materia electoral, servicio civil del Estado, fortalecimiento de las municipalidades y del sistema de Consejos de Desarrollo”.

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