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Nacionales

La desnutrición infantil se combate a paso lento


De los Q4.9 millardos que se asignaron este año para reducir el número de niños desnutridos, no se ha utilizado ni  la mitad y se estima que a finales de año la ejecución alcance solo el 70 por ciento.

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La única garantía que tiene el gobierno para lograr disminuir en diez puntos porcentuales la desnutrición crónica que afecta al 37.6 por ciento de niños en el país, es que todas las instituciones trabajen de manera conjunta. Sin embargo, el discurso es contrario a la práctica porque la estrategia ha sufrido cambios sobre la marcha y carece de ritmo.

De acuerdo con datos del Sistema de Información Nacional de Seguridad Alimentaria y Nutricional (Siinsan), hasta el 31 de julio pasado, de los Q4.9 millardos asignados al plan para reducir la desnutrición crónica, únicamente se había ejecutado el 31 por ciento, es decir, Q1.5 millardos. Para finales del año se espera que la ejecución, con dificultad, alcance el 70 por ciento.

En el gobierno del Partido Patriota (PP) el programa se denominó Pacto Hambre Cero y ahora se llama Estrategia para la Prevención de la Desnutrición Crónica 2016-2020. El objetivo es el mismo, pero se ha rediseñado, explicó el titular de la Secretaría de Seguridad Alimentaria y Nutricional (Sesan), German González, quien indicó que el programa no debe ser medido por los niveles de ejecución, sino por la atención a las familias.

“La garantía de la meta es que todos trabajemos en conjunto, sector público y sociedad civil, pero aunque se cumpla la meta el problema todavía será grande. Si no lo resolvemos pronto, estaremos condenados al subdesarrollo”, aseguró el Secretario.

Educación para el cambio

Según González, la diferencia entre el Pacto Hambre Cero y la nueva estrategia del gobierno de Jimmy Morales es que esta última incluye cuatro componentes: primer nivel de atención en salud, educación para cambio de comportamiento, acceso a agua y saneamiento y disponibilidad para mejorar la economía familiar.

Agregó que entre estos elementos destaca la educación para el cambio de comportamiento, porque se buscan promover nuevas prácticas de higiene, alimentación y nutrición en las familias en pobreza y pobreza extrema. No obstante, el secretario de la Sesan admitió que si los cuatro componentes no llegan al mismo tiempo a las viviendas, los resultados difícilmente serán los esperados.

De acuerdo con el documento de la Estrategia para la Reducción de la desnutrición, durante los próximos cuatro años se desarrollarán dos fases. Los municipios priorizados se redujeron de 166 a 138. La primera intervención se focalizará en Alta Verapaz, Huehuetenango, Quiché y Chiquimula; mientras que la segunda en San Marcos, Totonicapán y Sololá, pues son los departamentos más afectados.

Dejan de fuera el desarrollo rural

Adrián Zapata, coordinador el Área de Desarrollo Rural del Instituto de Problemas Nacionales de la Universidad de San Carlos (Ipnusac), aseguró que con el nuevo enfoque del programa costará muchos años lograr reducir la desnutrición si no se incluye una política de desarrollo rural. “Mientras no se ataque la pobreza la estrategia no será sostenible, porque está relacionada con la desnutrición”, dijo.

Zapata criticó que con la estrategia actual únicamente se atenderán las causas inmediatas de la población que vive en condiciones precarias, pero que se dejan de lado aspectos que impulsen una economía campesina con programas productivos y de inclusión campesina, enmarcadas en la Política Nacional de Desarrollo Rural.

Según el IV Censo Nacional de Talla en Escolares 2015, el promedio nacional de la prevalencia de desnutrición crónica infantil (talla baja respecto de la edad) es de 37.6 por ciento. Este padecimiento afecta más en la provincia con 41.7 por ciento, mientras que el 20.9 por ciento de niños lo padecen en zonas urbanas.

Más grandes, más desnutridos
> La prevalencia de desnutrición crónica es mayor en niños de ocho y nueve años, quienes registran el 45.7 y 54.2 por ciento, respectivamente. En tanto que en los infantes de seis y siete años se reportaron niveles de 30.9 y 32.7 por ciento, según el Censo Nacional de Talla en Escolares 2015.

La medición reveló que los indicadores más bajos de desnutrición se reportan en la capital (13.8 por ciento) y Escuintla (18.6 por ciento), mientras que los departamentos del occidente donde los suelos casi siempre son áridos, los niveles son mayores.

“Mientras no se ataque la pobreza la estrategia no será sostenible, porque está relacionada con la desnutrición”.
Adrián Zapata, consultor Ipnusac.

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