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Nacionales

Intento fallido de Otto Pérez por cambiar la imagen del Ejército


En 2014, el gobierno del Partido Patriota (PP) cabildeó en el Congreso estadounidense para modificar la percepción de la institución armada en el país.

 

 

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Durante su administración, Otto Pérez Molina no pudo evitar los fantasmas que lo rodean desde su pasado en el Ejército como uno de los militares destacados en los ochenta y noventa. Su alias, Tito Arias, no fue olvidado fácilmente cuando en 2013, el general Efraín Ríos Montt fue juzgado y condenado por genocidio y delitos contra los deberes de la humanidad.

Una de sus prioridades al frente del Ejecutivo fue reducir el impacto sobre las violaciones de derechos humanos sucedidas durante la guerra interna por parte de los cuerpos armados, mismas que fueron denunciadas en distintos informes nacionales e internacionales.

En 2014 fue contratada, por medio del Ministerio de Relaciones Exteriores, específicamente de la Embajada de Guatemala en Washington D.C., la firma Peck, Madigan, Jones & Stewart, Inc, que subcontrató a la consultora de Otto Reich, un personaje conocido por su influencia en los círculos más duros de Estados Unidos.

Reich es señalado internacionalmente por haber participado en el fallido Golpe de Estado contra Hugo Chávez en Venezuela en 2002, apoyar a los Contras del gobierno sandinista de Nicaragua, entre otros.

Según el portal de Registro de Agentes Extranjeros del Departamento de Justicia de Estados Unidos, el cabildeo le costó a Guatemala US$246 mil 500 desde el 15 de julio hasta el 15 de diciembre de ese año, y su principal objetivo era “diseñar una estrategia para seguir adelante en el cambio de la narrativa de Guatemala a Washington D.C., permitiendo que los actores de los partidos políticos abandonen la referencia de la Guatemala de los años setenta y ochenta del siglo pasado y estén dispuestos a hablar sobre el presente y el futuro de Guatemala del siglo XXI”.

Un esfuerzo que surgió luego de que el Senado estadounidense condicionara al Gobierno guatemalteco su ayuda económica por la carencia de un acuerdo para resarcir a los afectados por la construcción de la hidroeléctrica Chixoy hace más de 30 años.

En febrero de 2014, cuando se publicó el condicionamiento, el expresidente Pérez reaccionó enfadado y atacó al senador Patrick Leahy y a su asesor Timothy Rieser por haber mantenido un discurso contra Guatemala desde 1977.

“Él se cree dueño de Guatemala, siendo  asesor de un senador y él es el que pone ahí las condiciones”, declaró Pérez sobre Rieser en ese momento. Además, insistió en que Guatemala no iba a responder a presiones de otros gobiernos. Meses más tarde, resolvió el apoyo a las víctimas de Chixoy.

Al año siguiente, en 2015, el Senado estadounidense volvió a condicionar el apoyo, y esa vez lo hizo explícitamente sobre las violaciones a derechos humanos. En esa ocasión, el Gobierno norteamericano exhortó a Guatemala a juzgar a los militares involucrados en estas violaciones.

La respuesta del exmandatario fue la misma, arremetió contra la medida. “Aquí en Guatemala no es la Embajada de los Estados Unidos la que manda”, enfatizó.

El exfuncionario estadounidense Otto Reich fue el encargado del cabildeo de Guatemala.

El exfuncionario estadounidense Otto Reich fue el encargado del cabildeo de Guatemala.

Un error, según Carmen Aída Ibarra –del Movimiento ProJusticia– quien afirma que aunque este intento de suavizar la percepción del Ejército se realizaba desde el gobierno de Vinicio Cerezo, fue con Otto Pérez que se incrementó la confrontación.

“Fue muy confrontativo, fue una pésima actividad que de todas formas no terminó en nada, es el gobierno que peores relaciones ha tenido con Estados Unidos”, aseguró la analista.

Según el encargado de la suscripción del contrato, el exembajador de Guatemala en Washington Julio Ligorría, esto no fue un fracaso. Explicó que el cabildeo permitió el intercambio entre congresistas y funcionarios guatemaltecos, incluido el expresidente Pérez. Aunque el objetivo principal no se cumplió.

Edgar Gutiérrez, director del Instituto de Problemas Nacionales de la Usac, explicó que Estados Unidos no ha modificado su política desde que se firmó la paz. “Cuando Bill Clinton vino a pedir perdón por el involucramiento de su país en el conflicto armado, enfatizó la importancia de la justicia transicional”, (esclarecer la responsabilidad de los hechos durante el conflicto armado interno) indicó.

Además, recordó las palabras del consejero del Departamento de Estado de Estados Unidos, Thomas Shannon, quien el año pasado dijo que Guatemala y el Triángulo Norte de Centroamérica representan para su país una de las prioridades para su seguridad nacional, junto a Irán, Ucrania-Rusia, Siria e Irak. “Si algo le interesa a Estados Unidos es una justicia independiente y fortalecida, y juzgar los casos de militares es una muestra de ello”, comentó Helen Mack, de la Fundación Myrna Mack.

Un llamado a Jimmy Morales

Aunque Gutiérrez indica que no hay elementos probatorios para asegurar que el Gobierno estadounidense participó en la estrategia para capturar a 18 militares involucrados en violaciones a los derechos humanos durante el conflicto armado interno la semana pasada, afirma que “es muy difícil no creer que no tengan un mensaje político, veo que EE. UU. no estará disgustado con este mensaje que va destinado hacia Jimmy Morales. La mejor evidencia de esto es que aparentemente Morales dio un giro a su equipo en el tema de seguridad ciudadana, y se alejó de círculos militares que se escuchaban durante la campaña y en el periodo de transición”.

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