Martes 15 DE Octubre DE 2019
Nación

Guatemala, la frontera más allá del desierto

“elPeriódico” investigó los efectos que han tenido en el país los acuerdos que el Gobierno de Guatemala ha firmado con Estados Unidos. Este es el primero de una serie de reportajes que abordan desde el refuerzo de la seguridad en el país por el tema migratorio, hasta la persistencia de migrar de muchos centroamericanos.

Fecha de publicación: 10-10-19
En el kilometro 204 (Chiquimula), en dirección hacia Honduras y El Salvador, la Dipafront ubicó un puesto de registro en el cual agentes de la Patrulla Fronteriza de EE. UU. apoyaban con las revisiones.
Por: CINDY ESPINA

“Mire, aquí cayeron como cinco personas cuando abrí la puerta. ¡Se estaban ahogando!”, fue la manera en que describió la secretaria de la sede de Gobernación Departamental de Jutiapa, lo que sucedió el lunes 30 de septiembre pasado, cuando cientos de personas llegaron a esa institución a llenar el formulario para inscripción al Programa de Migración Laboral, un plan del Ministerio de Trabajo para ofrecer una base de datos a empresas de Estados Unidos (EE. UU.), México y Canadá, para que estas las puedan contratar y gestionar las visas laborales en los países norteamericanos. Los pobladores llegaron muy temprano al lugar luego que el gobierno publicó en sus redes sociales el anuncio. La sede del Ministerio de Trabajo fue insuficiente para atender la demanda por lo que debieron habilitar un lugar en el inmueble que alberga Gobernación Departamental.

Un día después, a unos 140 kilómetros de distancia hacia el nororiente en Chiquimula, un agente de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de EE. UU. (CBP, por sus siglas en inglés) hacía pruebas biométricas; tomaba las huellas dactilares y facciones del rostro a una mujer centroamericana, quien había sido retenida por no cargar la documentación requerida en un punto de registro instalado por oficiales de la División de Puertos, Aeropuertos y Puestos Fronterizos de Guatemala (Dipafront).

Unos 20 kilómetros más adelante ese mismo día, cerca de la frontera con Honduras, Agua Caliente, cuatro migrantes de origen cubano, cinco haitianos, dos nicaragüenses, un salvadoreño y seis hondureños esperaban en la Casa del Migrante José el momento más oportuno para salir hacia a la frontera entre Guatemala y México.

Esa es la imagen actual del territorio guatemalteco. Un lugar de donde sus propios habitantes quieren salir hacia EE. UU. para sobrevivir al hambre y es también el camino de paso para miles de migrantes de otros países, que tienen las mismas aspiraciones de los guatemaltecos: Salir de la pobreza y alejarse de la violencia que los rodea.

Esa población en movimiento, es la que ha llevado a que Guatemala sea controlada por las autoridades de EE. UU. Los funcionarios extranjeros están convencidos que su frontera sur ya no solo es el desierto, el río Bravo y un muro de concreto, entre México y ellos. Sino que creen que su seguridad interna y su tranquilidad también tiene que ver con una serie de acuerdos que controlen el paso por los ríos, las carreteras y las montañas que conectan a México con Guatemala, Honduras y El Salvador.

CÓMO CUIDAR LAS FRONTERAS

Esa misma semana, a unos 40 kilómetros de distancia de la Ciudad de Guatemala sobre la carretera al Atlántico, dos agentes de la CBP suben y bajan de autobuses que van hacia la capital; dos dirigen a los agentes de Dipafront para que detengan carros y buses, además les indican qué preguntar a las personas sobre sus documentos de identificación. El resto de oficiales estadounidenses hacen pruebas biométricas para verificar si los individuos “sospechosos” han sido detenidos o tienen antecedentes penales en EE. UU. junto a agentes de la División Especializada en Investigación Criminal (DEIC).

Este es otro de los puestos de control y registro, que al igual al ubicado en Chiquimula, son parte del Proyecto Arreglo con Guatemala sobre Migración Irregular (GAIM, por sus siglas en inglés) el cual surge del primer acuerdo de cooperación que el ministro de Gobernación Enrique Degenhart firmó el 27 de mayo pasado con Kevin McAleenan, secretario interino Departamento de Seguridad Nacional (DHS, por sus siglas en inglés).

Este proyecto inició hace siete semanas y el encargado de explicar lo que hace la CBP en Guatemala es un agente de las fuerzas especiales, con 20 años de experiencia en esta agencia estadounidense y que coordina el GAIM. La embajada de EE. UU. en Guatemala pidió no dar a conocer su nombre por protocolos de seguridad.

El coordinador del GAIM asegura que hay una distancia al momento de capacitar a los agentes nacionales, pero en el campo se observa que la participación de los agentes estadounidenses es mayor en los operativos para identificar a indocumentados.

Durante un entrenamiento especial a los agentes de Dipafront en la Academia de la Policía Nacional Civil (PNC) ubicada en la zona 6, el coordinador del programa de la CBP compara la situación actual de esa división de la PNC con la de su agencia hace más de 20 años, cuando todavía el Gobierno estadounidense no había creado el DHS, institución que surgió después de la tragedia del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York.

“Cuando inicié, dos oficiales cubríamos 25 millas de frontera de puro desierto. Ahora, con la cantidad de oficiales que hay, tomados de la mano podrían cubrir todas esas millas…además hay cámaras en todas partes”. En casi dos décadas, la CBP pasó de tener 6 mil 500 oficiales a casi 50 mil, incluyendo todas las especialidades.

Pero para el coordinador del GAIM eso ya no es suficiente. En su opinión, las fronteras de México y los países centroamericanos deben estar igual de protegidas, porque eso garantiza mejor seguridad dentro de EE. UU. y eso es lo que él quiere exponerles a sus jefes en Washington DC.

“Nosotros estamos para dar capacitación en tres temas: ayudar a la seguridad de las fronteras, capacitar para investigar a los “coyotes” y traficantes de personas y ayudar al recién creado Instituto Guatemalteco de Migración para que mejoren la detención y repatriación de personas de otros países afuera de Centroamérica”.

El oficial estadounidense no tiene certeza cuándo se retirará del país la CBP. Cree que lo más seguro es que se retiren con el cambio de Gobierno en enero 2020, sin embargo, su plan es continuar por más tiempo este proyecto hasta completar el año y que 20 agentes de las fuerzas especiales de la CBP se queden en Guatemala.

UN FRÁGIL CA4

En el puesto de registro de la carretera al Atlántico un grupo de cuatro hombres hondureños son detenidos. Todos traen puestas playeras del Club Deportivo Olimpia de Honduras. Los policías les piden que bajen de su camioneta. Son revisados por dos de los 11 agentes de la Dipafront, mientras tres oficiales de la CBP los supervisan. De un momento a otro el ambiente se tranquiliza y hay risas, los hombres sí portan en su pasaporte el sello de ingreso a Guatemala y aseguran que se dirigen a ver el partido de fútbol en donde el Olimpia enfrentará a los Cremas de Comunicaciones como parte de los encuentros deportivos del torneo Concacaf.

Los agentes de la CBP buscan en el pasaporte de las personas un sello o un papel pequeño que emite migración a los que entraron con su documento de identificación personal, como una prueba de que hondureños y salvadoreños pasaron por una aduana o punto fronterizo legalmente constituido. Según los policías de la Dipafront, ese pequeño papel es requisito para que los ciudadanos del CA4 puedan circular con libertad por territorio guatemalteco tal como dice el tratado, el cual es catalogado como uno de los grandes logros del Sistema de Integración Centroamericana, pero que hace pocos meses el Gobierno de Guatemala sugirió su reforma a petición del Gobierno de Estados Unidos.

En una entrevista sobre este tema, el sacerdote José Luis González, de la Red Jesuita con Migrantes, calificó esta acción como algo “bochornoso”, porque al tratar de imponer estas políticas migratorias solo dividen Centroamérica, un problema que se ha tratado de eliminar durante casi 40 años.

 

Ana Judith Ramírez, coordinadora voluntaria de la Casa del Migrante José, ubicada en Esquipulas Chiquimula, aseguró que ha tenido que intervenir en casos de ciudadanos que van en autobuses y que se dirigen hacia la Ciudad de Guatemala, ya que ha visto cómo los policías han tratado de impedir la libre movilidad que tienen hondureños y salvadoreños en Guatemala. “Yo les digo: disculpen, pero esta persona es ciudadano CA4 y puede moverse con libertad”, relata Ramírez, quien dirige un albergue de 11 voluntarios que se encuentra a 10 minutos de la frontera de Agua Caliente.

El coordinador del GAIM toma distancia de estos señalamientos y también lo hacen los jefes de la Dipafront que están al mando de los puestos de registro. El oficial estadounidense aseguró que él solo se limita a capacitar con las leyes migratorias que ya existen y dijo que él no ha sugerido cambios sobre el CA4. “No estamos aquí para cambiar leyes… sobre acuerdos que se están platicando en Washington con el Ministro de Gobernación a ese tema no tengo alcance”, concluyó el oficial.

Según el sacerdote José Luis González, todo esto ha ocasionado “un efecto frenada” en la migración. A criterio del religioso, se ha disminuido el flujo migratorio por las vías antes conocidas, pero duda de que ya no haya personas con ganas de llegar a EE. UU. La migración siempre ha sido irregular, dice, “entonces es seguro que los migrantes han vuelto a la invisibilidad, a la clandestinidad, guiados siempre por los coyotes”.