Lunes 11 DE Noviembre DE 2019
Nación

Felipe escapaba de la miseria

De la aldea Yalambojoch, salió el pequeño Felipe Gómez con rumbo hacia Estados Unidos. Él y su padre buscaban dejar atrás la extrema pobreza, pero el niño de ocho años, lejos de alcanzar “la tierra prometida” se tropezó con la muerte.

Fecha de publicación: 31-12-18
La familia de Felipe vive en una vivienda construida con tablones, lámina y piso de tierra.
Por: José Antonio Corado elPeriódico

Llegar a Yalambojoch en automóvil lleva unas diez horas de camino desde la ciudad de Guatemala. La aldea pertenece al municipio de Nentón, a cinco horas desde la cabecera departamental de Huehuetenango.

Se ubica a pocos kilómetros de la bifurcación de la carretera que conduce a la frontera Gracias a Dios con México y antes de llegar allí, finaliza la parte asfaltada de la Franja Transversal del Norte. Los últimos 13 kilómetros para llegar a Yalambojoch son un camino de lodo que no recibe atención del gobierno y apenas es mantenido por un tractor que los comunitarios pagan de sus escasos ingresos para no quedar aislados.

De allí, de un Yalambojoch que empieza a ser reconstruido por retornados que huyeron a México en 1982 después de sufrir una de las peores masacres del conflicto armado interno, escapó Felipe Gómez Alonzo, quien a sus ocho años confió en la seguridad que le ofrecía la mano de su padre Agustín, para emprender un viaje que le permitiría alejar a su familia de la extrema pobreza.

Sueño frustrado

Felipe murió en los últimos minutos de la Nochebuena pasada. Sus fuerzas no le alcanzaron para ver la luz de una Navidad en la que esperaba recibir una bicicleta para ser recompensado por su aplicación y buenas calificaciones en la escuela.

Murió, según los primeros informes, a causa de influenza, luego de haber sido detenido junto a su padre por la patrulla fronteriza en El Paso, Texas, y luego trasladados a Alamogordo, Nuevo México, en donde se produjo el deceso del infante.

Agustín, el padre de Felipe, ha quedado en libertad provisional y tendrá que acudir en las próximas semanas ante un juez de inmigración, quien decidirá si le otorga asilo o lo deporta hacia Guatemala.
El retorno de Agustín sería otra tragedia para su familia.

Catarina Alonzo, su esposa y madre de Felipe, asegura que no tienen cómo pagar los Q65 mil que les cobró el coyote por llevarlos hacia Estados Unidos, una cifra astronómica en una comunidad en la que no hay acceso a las fuentes de trabajo y, en la que quienes tienen la fortuna de encontrar un empleo, deben aceptar los Q35 diarios que les ofrecen en labores agrícolas.

Según dice Catarina, ese dinero era insuficiente para que su esposo pudiera alimentar a sus cuatro hijos, incluyendo a Felipe, por lo que decidió emigrar hacia territorio estadounidense, en donde se encontraría con un hermano que viajó años atrás.

La muerte de los niños Felipe Gómez y Jakelín Caal ha puesto a las autoridades migratorias de Estados Unidos en el centro de la tormenta.

De esa cuenta han sido obligados a cambiar sus protocolos para recibir a los niños migrantes, comenzando con un riguroso examen médico para conocer el estado de salud en el que son internados.
Una medida que para Felipe y Jakelín ha sido tomada muy tarde.

La niña ya fue sepultada en su comunidad en Raxruhá, Alta Verapaz, mientras que la familia de Felipe espera que su cuerpo sea repatriado.

Mientras tanto, la comunidad de Yalambojoch, la misma que hace 36 años se vio forzada a escapar hacia México, ahora se presenta nuevamente unida, repudiando la muerte del pequeño Felipe y, en la medida de sus cortas posibilidades, ayudando para que Catarina y sus hijos, por lo menos tengan algo que llevarse a la boca cuando llega la hora de los alimentos.