Miércoles 20 DE Febrero DE 2019
Nación

Edelberto Torres-Rivas: gran hombre y gran amigo

Fecha de publicación: 31-12-18
Por: Juan Alberto Fuentes Knight
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Conocí  a Edelberto en Costa Rica a principios de los ochentas.  Era bien conocido como el sociólogo de renombre que había abierto brecha con su interpretación de la realidad socio económica de Centroamérica. También se reconocía su extraordinario y generoso esfuerzo por ampliar e institucionalizar la enseñanza y la investigación en las ciencias sociales desde distintos cargos.  Fue Secretario General de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) en Costa Rica entre 1985 y 1993. Con razón Bernardo Arévalo lo ha calificado como el decano de las ciencias sociales en Centroamérica.

Aunque se graduó como abogado y de joven fue comunista, ni la carrera de abogado ni la disciplina leninista eran compatibles con su naturaleza cuestionadora, inquieta e irónica.  Difícilmente podría haber sido de otra manera: se creó en un hogar de madre guatemalteca católica y padre nicaragüense librepensador y exilado, imbuidos de literatura y de política.  Ello se agregó a la efervescencia revolucionaria que entonces vivía Guatemala, antes del derrocamiento de Arbenz en 1954.  Estudió derecho “a disgusto” como él mismo lo explicó.[1]  Su tesis sobre las clases sociales en Guatemala  fue rechazada por no ser un tema jurídico; solo fue aceptada luego de un proceso judicial, lo cual le permitió graduarse.  Militó en la juventud comunista, pero dejó al partido cuando éste se opuso a que estudiara sociología en Chile.

Sus años de formación en Chile durante la década de 1960, y su participación en intensos procesos de reflexión de figuras notables de la intelectualidad latinoamericana, como Fernando Henrique Cardoso, Enzo Faletto, Theotonio Dos Santos, Vânia Bambirra y Osvaldo Sunkel, marcaron su desarrollo intelectual.  La participación de Edelberto en este grupo, que consideró análogo a un doctorado, lo motivó a realizar sus propias reflexiones, ajustadas a Centroamérica, lo cual volcó en La interpretación del desarrollo centroamericano, publicado en Santiago en 1969.

Este libro marcó a muchas generaciones, incluyendo la mía y a mí mismo, al proporcionar una visión crítica de la forma en que Centroamérica se había insertado en la economía mundial.  Contrastó los efectos de contar burguesías agrario exportadoras y enclaves bananeros, y presentó una perspectiva centroamericana histórica conjunta, a pesar de la fragmentación de la región.   Fue el punto de partida de su prolífica producción intelectual.

Después de realizar estudios de post-grado en Inglaterra, Edelberto volvió a Centroamérica y vivió en Costa Rica.  Y aunque Edelberto tempranamente dejó de ser comunista, no abandonó sus ideales revolucionarios.  Como intelectual comprometido consideraba fundamental responder a la pregunta clave de si correspondía lograr un reordenamiento de las sociedades centroamericanas por la vía de la revolución  o de la democracia.

Edelberto cambió de posición sobre este tema.  Cuestionó su opinión inicial de que el desafío era impulsar la revolución para construir la democracia, como había señalado en su ensayo de “Ocho claves para comprender la crisis en Centroamérica”, a principios de los ochentas.  Afirmó posteriormente que correspondía lo contrario: concebir “la democracia como punto de partida para reordenar la sociedad”. Entonces aseveró, de manera  convincente y categórica, como era usual en Edelberto, que “La manera de ser revolucionario hoy día es ser reformista.”

Conocí mejor a Edelberto cuando en el PNUD preparamos, con otros distinguidos guatemaltecos, los informes nacionales de desarrollo humano, publicados periódicamente a partir de entonces.  El prestigio de Edelberto permitía convocar a los más variados asesores o consultores.  Contamos con un consejo plural que incluía a decanos y directivos de las universidades de San Carlos, Landívar, Marroquín y del Valle.  La lista de consultores del primer informe, en 1998, con el título de “Guatemala: los contrastes del desarrollo humano”, es una fuente de contrastes: Armando de la Torre y Estuardo Zapeta junto con Mario Roberto Morales y Miguel Angel Sandoval, además de otro número importante de distinguidos profesionales.

El espíritu cuestionador de Edelberto siempre estuvo presente: “Creo que nuestra tarea puede ser vista como la de convertirnos cada vez más en fuerzas subversivas del sentido común creado, del que legitima el orden social.”  Pobreza, desigualdad, carga tributaria, concentración de la tierra y el Estado, fueron algunos de los temas que tratamos, pero siempre abiertos al debate, sujetos a la prueba estadística y a la perspectiva histórica e incluyendo el cuestionamiento de los poderosos, como planteaba Edelberto: “Los informes molestan a los intereses creados porque ofrecen fotografías muy completas de la sociedad que esos intereses dominan.  Y hay sectores que lo que quisieran serían imágenes borrosas, en blanco y negro, mientras que lo que se muestra en ellos es una fotografía con mayor exactitud, en colores y con sus distintas facetas. En este momento la verdad es enemiga de la derecha.”

Pero el trabajo académico no era suficiente.  Edelberto decía que los informes: “producen identidad, producen conocimiento, pero no tienen ánimo transformador, y eso no les corresponde, esa es tarea de las organizaciones sociales y de los políticos.”  Así que con Edelberto dimos un paso más en esa dirección, aunque años más tarde.  Luego de trabajar juntos en el PNUD durante casi diez años, lo dejé en 2006, fundé el ICEFI, fui ministro de finanzas, renuncié, y salí de Guatemala en 2010, para trabajar con Naciones Unidas.  Pero cuando volví en 2014, entre lo primero que hice fue reunirme con Edelberto, en las mismas oficinas donde habíamos trabajado juntos. Teníamos las mismas inquietudes:  contribuir a ese “reordenamiento” de la sociedad guatemalteca, como él le llamaba, pero acudiendo a la democracia como punto de partida.  Reformistas, sin ambigüedades.

Acordamos convocar a un grupo de profesionales destacados.  Nos animaba un sentido político.  Edelberto destacaba que las democracias de Guatemala, El Salvador y Nicaragua no fueron el resultado de movimientos populares exitosos sino que habían nacido de la guerra y de la contrainsurgencia, como medio para derrotar a la guerrilla.  Esto las convertía en democracias débiles: era prioritario fortalecerlas y consolidarlas.  Contribuir a ese propósito sería nuestro objetivo principal.

Para avanzar preparamos y discutimos con Edelberto un documento, lo compartimos con unos 17 profesionales y nos reunimos con ellos.  Convenimos que convendría darle permanencia al grupo, revisamos el documento entre todos, y produjimos una declaración que publicó el Periódico en septiembre de 2014.  Edelberto, con la imaginación de siempre, propuso que se llamara “Semilla”, inspirándose en que la palabra aparecía varias veces en el documento.

Pero reflexionar y hacer declaraciones no era suficiente.  En 2015 estallaron las manifestaciones contra la corrupción y participamos como “Grupo Semilla”.  Numerosos guatemaltecos, incluyendo a jóvenes, vieron en Semilla un instrumento transformador, basado en principios básicos que destacaban la necesidad de fortalecer la democracia,  la igualdad, el respeto a la Naturaleza, una economía humana, y el imperativo de reconocernos como sociedad plural. Con esos principios, elaborados por el grupo fundador y consultados ampliamente, junto con principios éticos que se formularon en el camino, acordamos de manera unánime convertir a Semilla en el Movimiento Semilla y luego en partido político.  Edelberto fue electo Secretario General de la Junta Directiva que inició su proceso de inscripción legal: sembró la semilla del cambio, una de muchas que esparció a lo largo de su vida.  Las ideas de este gran hombre y gran amigo perdurarán.

 

[1] Para una muy completa entrevista de Edelberto Torres, véase http://bibliotecavirtual.clacso.org.ar/ar/libros/secret/CyE/CyE2/02dial.pdf

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