Miércoles 19 DE Septiembre DE 2018
Nación

El lado oscuro y “Los Ángeles de Charlie”

Por: Jose Rubén Zamora

Fecha de publicación: 13-08-18
Por: Jose Rubén Zamora
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La estructura criminal del “Darth Vader Tropical”

Aparte de la estructura creada por Obdulio Solórzano (como denunció la semana pasada InSight Crime) para obtener financiamiento ilícito de parte del narcotráfico para la campaña de la Unidad Nacional de la Esperanza (UNE) en 2007, existió también otro poder paralelo ligado al crimen organizado detrás del gobierno de Álvaro Colom: el encabezado por Carlos Quintanilla y los militares Francisco Ortega Menaldo, Jacobo Salán Sánchez y Napoleón Rojas. El 2 de junio de 2008, elPeriódico reveló, por medio de un artículo de Jose Rubén Zamora, cómo se articulaba esta organización de cooptación del Estado.

El lado obscuro de la fuerza y el eterno Darth Vader Tropical, que han sentado sus reales en Guatemala, que la han sometido y transformado en un campo minado criminal, desde principios de la década de los ochenta, tienen en Charlie Quintanilla un peón, un títere operativo de calidad mundial, sin parangón por estas tierras.

Más aún, cuando Quintanilla es un policía de barrio que depende de los consejos y la guía del cosmopolita, sofisticado y experimentado Darth Vader Tropical, más conocido en estas tierras como Ortega, y de sus achichincles, los mentados Salán y Rojas.

Solo en los mejores tiempos de Arzú, el general Espinoza logró concentrar tanto poder como el que posee ahora, en términos operativos, el magnate Quintanilla, quien por cierto, debería publicar sus estados financieros para determinar si existe congruencia entre su descomunal fortuna y sus ingresos y activos oficiales.

Su primer encargo lo realizó con delicadeza y precisión; nombró al alto mando militar en pleno, comenzando por el general de división Marco Tulio García Franco.

García Franco –alias el Ratón– fue prominente oficial de inteligencia militar (la G-2), en tiempos de Serrano Elías, y director de esta institución durante el gobierno de Alfonso Portillo. De todos es sabido que en estos dos gobiernos, de manera singular, “el titiritero”, quien partía el pastel era Ortega, y ahora con el apoyo de los operadores políticos de Serrano logró sentar en el trono militar a García Franco.

Entre los múltiples “méritos” del recién estrenado Ministro de la Defensa sobresalen dos: en marzo de 2002, su gente, sus especialistas de inteligencia militar estuvieron involucrados en una balacera en contra de miembros de la Policía Nacional Civil, en el Hipódromo del Norte, en la zona 2, mientras el ministro de la Defensa de Portillo era el ahora millonario Arévalo Lacs. En el enfrentamiento armado murieron todos sus hombres que disputaban el rescate de un secuestrado, cuyo monto ascendía a US$250 mil. El dinero desapareció.

También ocupó otro puesto importante: desde que era subteniente fue miembro de la corte de Ortega y compadre de otro de sus miembros más prominentes Salán Sánchez.

En la Jefatura del Estado Mayor de la Defensa, Charlie Quintanilla nombró a Hugo Fernando Say Mutz, hombre de confianza de la trinidad diabólica: Ortega, Salán y Rojas. Un domingo, día en que se prohíbe la circulación de vehículos oficiales, Say Mutz se encontraba de shopping en un centro comercial cuando le robaron las armas a sus cuatro escoltas y el vehículo de placas oficiales que estaba a su servicio. Normalmente, cuando a un soldado le roban su arma, el oficial a cargo del grupo –que se denomina subteniente comandante de pelotón– sufre castigos y su carrera irremediablemente queda afectada de por vida. Sin embargo, Say Mutz continuó ascendiendo viento en popa gracias a la amistad entrañable y las bendiciones de Ortega.

Como comandante de la Guardia de Honor Charlie Quintanilla nombró a Mauricio Illescas García, exjefe del Estado Mayor del general Jorge Roberto Perussina Rivera, brazo derecho de Darth Vader. Illescas García es compadre e íntimo amigo de Ortega.

Sin parpadear ni perder el tiempo, Charlie nombró al ministro de Gobernación, Vinicio Gómez, y a sus altos mandos y medios, entre ellos al viceministro de Seguridad, Hernández Umaña, quien trabajaba en una de sus empresas privadas de seguridad. Como asesor del Ministro de la cartera, al general en retiro Roberto Letona Hora, uno de los flamantes directivos de la red Moreno; al secretario de Análisis Estratégico, militar retirado Gustavo Solano, que de entrada realizó una tala rasa en la institución, luego la llenó de militares cuestionados y reorientó su función para transformarla en un tenebroso archivo militar tradicional, como los que caracterizaron a todos los estados mayores presidenciales del pasado, cuyo trabajo más decente es realizar escuchas telefónicas ilegales.

En semanas recientes, Quintanilla nombró al ex especialista del Estado Mayor Presidencial de tiempos de Serrano, Gustavo Alfredo Ruano Tejada, en sustitución de Víctor Rivera. Ruano Tejada, cuya hoja de vida, al tomar el cargo, no había sido entregada al presidente Colom, fue compañerito de banca y de equipo de Obdulio Villanueva (coautor de la ejecución extrajudicial de monseñor Gerardi), de Alfredo Moreno (gerente operativo del contrabando), de Belter Álvarez y Eduviges Funes (terroristas de Estado que, entre sus ejecutorias de menor cuantía, realizaban estacionalmente trabajos de limpieza social y más recientemente allanaron residencias por órdenes de Abadío, De León, Salán y Rojas), Noel Beteta (convicto en todas las instancias de justicia por el asesinato extrajudicial de Myrna Mack) y Víctor Manuel Charchal Ramos, también implicado en el caso Mack.

Entre sus jefes, Ruano Tejada tuvo a los temibles y temidos oficiales: Lima (padre e hijo, en prisión por el caso Gerardi), Escobar Blas, Álvaro Reyes (el Chenco), Reyes Palencia, Morris De León (uno de los exjefes del macabro Archivo), Valencia Osorio (prófugo de la justicia por el caso Mack) y, Rolando Díaz Barrios, a quien le dieron baja por el caso Moreno, entre otras alhajas de colección. Todos ellos terroristas de Estado y profesionales de alto calibre al servicio de Ortega.

Ruano Tejada –alias el Oso– es socio de Charlie Quintanilla en una empresa privada de investigaciones, en la que contaba con el concurso de Víctor Charchal, encargado de cámaras en el aeropuerto, y de Alberto Contreras –alias el Gato– rebajado en el aeropuerto. Los tres, valga la reiteración, ex especialistas emblemáticos del Archivo.

En tiempos de Portillo, Díaz Barrios estuvo a cargo de las cámaras de televisión y registro de viajeros en el Aeropuerto La Aurora, y uno de sus operadores de confianza era el ex especialista del Estado Mayor Presidencial Charchal Ramos, vinculado laboralmente a Ruano y a Quintanilla.

La Secretaría de Asuntos Administrativos y de Seguridad, responsables de la seguridad presidencial, no obstante, fue concebida para ser integrada por civiles profesionales, apolíticos e institucionales; Quintanilla la militarizó y la transformó en una nueva versión de los controvertidos y cuestionados estados mayores presidenciales del pasado, siempre omnipresentes y todopoderosos.

Como muestra un botón: de segundo al mando de la SAAS, en contra dirección a la filosofía de los Acuerdos de Paz, puso al oficial Osman Contreras Alvarado, que sin perder tiempo logró que su tío, el vicealmirante Alvarado Fernández, fuera nombrado viceministro de la Defensa y que su hermano, de apellidos Contreras Alvarado, llegará a jefe de la Policía de Provial de la era Colom.

Como jefe de Finanzas del Ejército, Quintanilla nombró a su excuñado, el coronel Cámbara Deras. Este puesto ha sido clave para realizar magia financiera de todo índole y para tapar los desfalcos de los diferentes ministros de la Defensa, fundamentalmente los de Arévalo Lacs y Robin Macloni Morán, ambos ministros de tiempos de Portillo. La diferencia es que hoy día el jefe de Finanzas del Ejército responde a los deseos y necesidades de Quintanilla, flamante secretario de la SAAS.

Vale la pena mencionar que Morán, a quien sus subalternos le robaron US$2 millones que escondía en la cisterna de su casa, a los pocos días de haber entregado el Ministerio de la Defensa, fue desde su niñez entenado de Ortega, allá en San Marcos, donde ambos dejaron tirado el ombligo.

Hasta en el Comando Sur, ubicado en estos tiempos en Florida, se supo que a los pocos minutos de asumir la alta dirección de uno de los puertos, Eugenio Gabriel fue sorprendido por el propio Quintanilla, quien le indicó que por asuntos de seguridad nacional, él, Quintanilla, tomaría el control de la seguridad de dicho puerto.

Como encargado de seguridad en Aeronáutica Civil, Quintanilla intentó colocar a un ex jefe seguridad del FRG, el capitán de baja de nombre Juan Garrido, que por cierto ya había sido vetado para la misma posición en los tiempos de Edy Castillo en el Ministerio de Comunicaciones por “La Embajada”, debido a sus relaciones con las redes de contrabando de indocumentados en el Aeropuerto La Aurora. Luego lo nombró de Viceministro de Gobernación, pero fue destituido el mismo día, pues se presentó ebrio a tomar posesión.

Garrido, junto con el especialista Víctor Manuel Charchal y el oficial Douglas Meneses, estuvieron involucrados en el robo de US$8 millones en el Aeropuerto La Aurora.

En Aeronáutica Civil fue nombrado el general en retiro Perussina, uno de los brazos derechos de Ortega. En sus días de capitán, Jorge Roberto Perussina fue jefe del Archivo, subordinado al coronel Montalbán Batres, jefe de Estado Mayor en tiempos de Lucas García, y el general Callejas y Callejas estaba a cargo de inteligencia militar cuando asesinaron a Manuel Colom Argueta y a Alberto Fuentes Mohr. En el mejor escenario posible, tanto Perussina, Montalbán, como Callejas y Callejas, son responsables de omisión de denuncia y complicidad. Era imposible que no hayan sabido y/o participado en la planificación y ejecución de estos dos salvajes asesinatos.

Junto a Perussina, ha regresado a sentar sus reales en el aeropuerto Augusto Pantaleón Gudiel, quien por décadas utilizó sus facilidades para contrabando y tráfico de migrantes ilegales, entre otros negocios no ortodoxos.

Otro nombramiento clave del susodicho es el de Baudilio Portillo Merlos como procurador general de la Nación. Portillo Merlos es amigo estrecho de Ortega y exjefe de Policía de Portillo.

En la Dirección de Investigaciones Criminales (Dicri), Charlie Quintanilla nombró a Marco Aurelio Pineda cuya esposa está infiltrada en el Inacif.

El oficial retirado Irlando García Toledo fue nombrado por el mismo Charlie en el comando antisecuestros, García Toledo ha sido vinculado con Byron Berganza, preso en Estados Unidos por narcotráfico.

Luis Alberto González Pérez, más conocido como Calavera de Gallo, quien estuvo en la G-2 y trabajó por mucho tiempo junto a Ortega en inteligencia militar, fue nombrado como jefe de la Guardia Presidencial, gracias a la influencia de Charlie.

En Fonapaz, Charlie nombró a Chilel Laparra, cuñado de Napoleón Rojas. Chilel estuvo vinculado al caso del robo de la nómina del Estado Mayor en tiempos de Portillo.

El coronel Erwin Sosa Lara (por cierto piloto de Julio Girón) sigue de alta en la Fuerza Aérea, como jefe del Comando Aéreo, a pesar de la declaración presidencial que sería removido porque estuvo preso por la venta de repuestos de la Fuerza Aérea y por actos de corrupción. El oficial Manolarga Oliva Cermeño, hombre de Julio Girón, fue nombrado director del Centro Médico Militar. Estos dos personajes están donde están a pesar de sus gigantescas colas, gracias al apoyo de Quintanilla.

En fin, de manera insólita e imposible de prever, la SAAS, bajo el mando de Quintanilla, ha pasado a ser –de facto– la institución rectora de las estrategias y políticas de seguridad de Guatemala, y, paradójicamente, también de todo lo contrario. En cuanto a Darth Vader Tropical, ha regresado triunfalmente a su rol tradicional de “titiritero”.

 

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