Miércoles 19 DE Septiembre DE 2018
Nación

A propósito de la visita de Pence

Jose Rubén Zamora

Fecha de publicación: 02-07-18
Por: Jose Rubén Zamora
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En su fugaz visita a Guatemala, con voz metálica, sin mostrar emociones ni sensibilidad, el vicepresidente Mike Pence espetó lacónicamente a los presidentes, pero sobre todo a los pueblos del Cono Norte de Centroamérica: “Digan a su gente que venir a Estados Unidos de Norteamérica, ilegalmente, solo va a resultar una dura jornada y más aún una vida durísima. Ignoren la publicidad de los coyotes. Renueven la pelea contra la corrupción, contra los grupos criminales y las bandas criminales. Estamos determinados a traer esta crisis –de migración– a su fin”.

Es decir, nos vino a manifestar en nuestras propias caras, sin inmutarse, que no tendrán piedad, compasión, benevolencia, ni consideración, menos aún sensibilidad, con nuestros migrantes, incluyendo niñas y niños no acompañados, que siguen en campos de concentración, y que, más bien, serán implacables, severos, despiadados y crueles.

También nos dijo que somos los responsables de resolver nuestros problemas: como si los gringos no fueran más que corresponsables de los problemas que hoy nos desbordan.

Durante el siglo XX apoyaron élites y procesos políticos autoritarios, intolerantes, mercantilistas, corruptos, que jamás hicieron suyas la democracia, la libertad, el mercado, la competencia, la difusión y popularización de la riqueza, la búsqueda de igualdad de oportunidades, el respeto al Estado de Derecho ni los derechos humanos.

Utilizaron nuestros países como teatros para la guerra fría (guerra caliente para nosotros, que pusimos los muertos) que mantuvieron con la Unión Soviética, y que nos forzó a desviar recursos para la compra de armas y municiones, dando el poder a unas fuerzas armadas omnipotentes, en vez de invertir en superar la pobreza, los rezagos y las inmensas brechas sociales.

Cuando el Congreso de Estados Unidos prohibió a Carter y luego a Reagan que prosiguieran con la “ayuda” militar, simplemente criminalizaron a las fuerzas armadas: les enseñaron a “tumbar” drogas, a venderlas bien vendidas en el mercado de drogas norteamericano y con las ganancias, comprar en el mercado negro armas y municiones.

Han alcahueteado, con pragmatismo pervertido, a ex-altos oficiales de inteligencia de Guatemala, cuyos lideres fueron en su momento empleados de la CIA, como también lo fue Noriega en Panamá, que, por cierto, fue su empleado más importante en la región. Con la complacencia implícita del Gobierno de Estados Unidos, tomaron el control de las aduanas de aeropuertos y puertos y las fronteras desde hace más de 36 años, lo que les ha permitido estar a cargo del contrabando convencional, que les deja en ingresos el cuatro por ciento del PIB, y entre otros negocios criminales, las comisiones derivadas del trasiego de drogas, que excluyendo los ingresos generados por la heroína, la marihuana y las drogas químicas (metanfetaminas) provenientes de China, solo en el caso específico de la cocaína obtienen el 6.7 por ciento del PIB.

Con un silencio cómplice y evidente permisividad, favorecieron que nuestra democracia electoral experimentara una metamorfosis siniestra: cada cuatro años elegimos un cleptodictador, un presidente ladrón que cogobierna con el narcotráfico, la mayoría de contratistas, proveedores y sindicatos del Estado, ignorando las necesidades de las grandes mayorías de la población. Es decir, en nuestros países se ha instalado, con la benevolencia de los gringos, una narco cleptocracia, absolutamente insensible e inconmovible a las necesidades y críticas de la ciudadanía. Cuatro millones de guatemaltecos no almuerzan jamás y apenas cenan “agua” de frijoles y a nadie le importa. Doscientos mil guatemaltecos anualmente cumplen 18 años y solo cuarenta mil consiguen trabajo. Ciento sesenta mil quedan desempleados cada año, en el aire. Su único escenario decente y civilizado es migrar cuanto antes hacia el norte. No necesitan de supuesta “publicidad” de coyotes que los cautiven y seduzcan.

Y ahora, resulta que a los gringos les parece inaceptable e intolerable que los centroamericanos migren en busca de supervivencia y oportunidades. Si no quieren migrantes, los norteamericanos deberían enfocarse en invertir agresivamente para reparar la cadena de errores y desaciertos que han cometido en el Cono Norte de Centroamérica y que los han hecho cómplices de nuestro colapso.

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