Lunes 19 DE Noviembre DE 2018
Nación

El caso de los Bitkovs llega a Washington

Fecha de publicación: 26-04-18
Por: Evelin Vásquez* elPeriódico
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Bill Browder solicitó al Congreso de los Estados Unidos revisar si la CICIG ayudó a destruir a una familia rusa. 

 

 

Un artículo de la revista “The Economist”, titulado “Daño Colateral”, publicado en su sección Las Américas (The Americas), narra cómo el caso de la familia Bitkov llegó a Washington, a través del economista William Felix Bill Browder.

 

Browder, empresario estadounidense, hizo fortuna en Rusia antes de desprenderse del Kremlin y organizar una campaña global de cabildeo contra Vladimir Putin, presidente de Rusia. Además, logró la aprobación en los Estados Unidos (EE. UU.) de la Ley Magnitsky, que está dirigida contra los abusos de los derechos humanos.

 

Bill Browder escuchó el caso de los Bitkovs y acusó a la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG), de tomar dinero del gobierno ruso para dañar a una familia empresarial. Con esto solicitó al Congreso de los EE. UU. a escuchar sus preocupaciones alrededor del caso.

 

La audiencia se llevará a cabo este viernes 27 de abril, en donde solo asistirán los abogados de los Bitkovs y Browder, quien dice que exigirá que los fondos estadounidenses para la Comisión se suspendan hasta que se libere a la familia rusa.  

 

Estados Unidos proporciona la mitad del presupuesto a esa entidad de las Naciones Unidas. El economista admitió que no está familiarizado con el sistema de justicia guatemalteco y que la “gente anti-CICIG ha estado buscando un caso como este”. 

 

Igor, Irina y Anastasia Bitkov fueron sentenciados junto con 36 funcionarios en el caso Migración por el Ministerio Público (MP) y la CICIG. La familia fue involucrada luego de un allanamiento en la agencia de migración en 2014, por obtener documentos de identificación falsos. A pesar que se les ofreció realizar un proceso abreviado de justicia, los Bitkovs declinaron el trato.

 

La familia se puso en contacto con Browder, quien cree que la participación del Banco VTB muestra que la CICIG se ha infiltrado en Rusia. Sin embargo, no ha surgido ninguna evidencia que demuestre la intromisión. El banco Ruso VTB Bank, realizó una demanda contra Igor Bitkov, argumentando que los señalados huyeron del país sin cumplir con una deuda, un fraude de alrededor de US$6 millones. Sin embargo, el juez desestimó la presentación de VTB y puso fin a su participación en el caso Migración.

 

Por otro lado, el artículo hace referencia que la Comisión Contra la Impunidad ha realizado investigaciones que condujeron a la renuncia y encarcelamiento de Otto Pérez Molina, expresidente del país por el Partido Patriota, además del desmantelamiento de redes criminales y del narcotráfico. 

 

“Estos éxitos le han ganado enemigos –a la CICIC–, incluido el presidente Jimmy Morales, que intentó que lo despidieran –al comisionado Iván Velásquez–  el año pasado después de que lo vinculó a aceptar financiamiento electoral ilícito”, expresa al inicio la nota. También señala que luego del 20 de abril, después de una disculpa pública de los empresarios sobre las contribuciones a la campaña del 2015 al partido FCN-Nación, el presidente exigió una investigación sobre el acuerdo de la CICIG. Además, vincula a los “net centers” de difamar a la Comisión. 

 

“The Economist” señala que el caso de la familia es una disputa por corrupción que pone en peligro a los combatientes del crimen en Centroamérica.

 

Hoy los cinco magistrados de la Corte de Constitucionalidad (CC) otorgaron amparo a la familia rusa que aduce que por su condición de migrantes no se les puede criminalizar, ya que se debe analizar si su condición encaja con convenios y Leyes Internacionales.

 

El 12 de enero de 2018 el Tribunal de Mayor Riesgo A condenó a Igor a 19 años de prisión, Irina  y Anastasia Bitkova fueron condenadas a 14 años de prisión cada una.

 

Con la decisión de la CC el proceso contra la familia se retrotrae hasta la audiencia de apertura a juicio.

 

*Con información del artículo “Collateral damage” de la revista semanal The Economist”. 

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