Martes 18 DE Septiembre DE 2018
Nación

Semana Santa con sus mitos y leyendas

Con el nacimiento de la Nueva Guatemala de la Asunción en el Valle de la Ermita, surgieron en la nueva capital del reino mitos y leyendas relacionadas con la Cuaresma y en especial con la Semana Santa.

Fecha de publicación: 25-03-18
El pesacado seco es una de las comidas tradicionales de la Semana Santa en Guatemala. Por: Claudia Méndez Villaseñor cmendezv@elperiodico.com.gt
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¿Recuerda usted cuando de niño, su abuela le advertía en Viernes Santo, que después de las 15 horas era de pecadores tomar una ducha o disfrutar del contacto con el agua de cualquier forma posible?

Igual pecaba, si los oficios domésticos por alguna causa quedaban inconclusos después de la Hora Nona y comía carne de cerdo. Las advertencias había que guardarlas con celo en la Semana Mayor porque el mal “andaba suelto”, mientras Jesucristo resucitaba.

Desde tiempos de la Colonia se habían transmitido de padre a hijo una serie de consejas a cumplir –en Jueves y Viernes Santo principalmente– que incluían lo que había qué comer, hábitos a seguir y las consecuencias de actos de malacrianza o lujuria.

En familia se preparaban alimentos especiales dedicados a esos días de ayuno y penitencia, como pescado seco. Nada de carne roja o de cerdo en esos días, pues era considerado un pecado. Los padres cuidaban con celo incluso las golosinas que comían sus hijos y por eso, para animarlos, cocinaban dulces torrejas rellenas de queso y crema.

Las madres eran severas y prohibían bañarse el Viernes Santo. Aseguraban que se convertirían en sirenas las niñas, y en peces los niños. Les mostraban imágenes de las horribles criaturas para que ninguno por curiosidad desobedeciera.

Listado largo

Ese día tampoco se podía escuchar música y los quehaceres domésticos tenían que estar finalizados antes de las 15:00 horas, cuando murió Jesús. Barrer era el equivalente a barrer el rostro de Cristo.

Para evitar rabietas o berrinches de los hijos, los padres recordaban que en Semana Santa acciones como “sacar la lengua” o alzar la mano en actitud desafiante tendría consecuencias: la lengua se convertiría en serpiente y se le “caería el brazo” al agresor.

Una de las leyendas que cobraron auge en los barrios de la ciudad capital fueron la del Milagro de la Jacaranda.

Las consejas iban dirigidas también a los adultos y por eso en Viernes Santo se advertía a las parejas sobre el peligro de sostener relaciones sexuales ese día: “podían quedar pegados”, les decían.

Celso Lara, historiador y antropólogo consideró en su obra Viejas Consejas Sobre Santos Milagrosos y Señores de los Cerros, que estos  son relatos de tradición oral, de padres a hijos, de abuelo a nieto “y en ese largo camino de eco milenario se convierten en piedras angulares de la identidad e idiosincrasia de un pueblo.

Con el crecimiento de la Nueva Guatemala de la Asunción cobraron auge leyendas en la capital, como la de El Milagro de la Jacaranda, La Dama de los Siete Sagrarios o La Leyenda del Señor Sepultado de Santa Catarina, que hoy todavía se escuchan en los almuerzos familiares del Jueves y Viernes Santo.

Algo de qué hablar

En el caso de El Milagro de la Jacaranda, la tradición cuenta que un Viernes Santo iba la procesión con la imagen de Jesús Sepultado con una túnica morada brillante y avanzaba por un camino de tierra cuando comenzó a llover. Los devotos estaban angustiados porque en esa vereda no había ningún lugar donde proteger la sagrada imagen, solo un árbol seco. Con mantas cubrieron las ramas secas para cubrir a Cristo. Fue en ese momento que la lluvia paró y los fieles devotos observaron cómo el árbol se cubría de un verde follaje y nacían en cada rama pequeñas flores lilas. Es por ello, que las jacarandas florecen en Semana Santa.

“La Dama de los Siete Sagrarios”

Es una leyenda de antes de los terremotos de 1917. Se dice que la noche de un Jueves Santo caminaba por la calle del cementerio una mujer vestida de negro, con un velo en la cara. Detuvo a un cochero que conducía un carruaje y le pidió que la llevara a siete iglesias, porque quería visitar los Sagrarios. Así lo hizo. Cuando cumplió con la última visita pidió al cochero que la regresara al sitio donde la había recogido. La mujer agradeció el servicio pero le dijo al hombre que no podía pagarle, que tenía que ir por el dinero a una dirección que anotó en un papel. El cochero decidió ir por la paga al día siguiente. Cuál sería su sorpresa cuando le informaron que la muchacha había muerto un año antes.

“La leyenda del Señor Sepultado de Santa Catarina”

El Señor Sepultado de Santa Catarina no había salido en procesión desde hacía mucho tiempo cuando Rafael del Llano, dueño de un coche con caballos escuchó las notas de una  marcha fúnebre por el callejón del Manchén. Creyó que se trataba de la procesión del Señor Sepultado de Santa Catarina y trató de alcanzarla. Vio la banda de músicos, dos columnas de cucuruchos y solo pensaba en llegar a la puerta del templo para recibir la bendición. Escuchó la granadera, señal de que la imagen había llegado al atrio. Apuró al caballo porque estaba a dos cuadras del templo, pero al llegar a la iglesia, no había nada. Todo había desaparecido. El viento se levantó y furioso hizo tañer las campanas. El cochero estaba aterrado y se desmayó en el carruaje. El caballo sin guía caminó hacia el establo y allí pasó la noche. En la mañana encontraron el coche, y dentro, el cadáver de Rafael, horriblemente crispado.

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