Sábado 22 DE Septiembre DE 2018
Nación

Un adiós a Elmar Rojas

Fecha de publicación: 19-02-18
Por: Jose Rubén Zamora
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Ayer, después de un destino afortunado, de una larga vida prodigiosa como pocas, plena de realizaciones concretas y abstractas, el invencible maestro Elmar Rojas partió hacia la libertad. En este mundo tan paradójico y contradictorio, con su obra asombrosa y sin parangón, venció de manera aplastante al olvido y hoy camina incansable por la senda de la eternidad sin fronteras, junto al entrañable maistro Maco Quiroa, junto a Carlos Mérida, a Roberto Cabrera, a Ramón Banús, al genial Efraín Recinos, más conocido como el Macho Loco, junto a González Goyri, a Garavito, a Ossaye, a Grajeda Mena y a Mario Monteforte Toledo, quienes lo esperaban ansiosos para que los pusiera al día sobre el ensanchamiento de las brechas sociales, la evolución de la cleptocracia en el país y cómo se viven y se sienten estos días de temblores y madrugones de CICIG y de FECI, de expansión del club de los desvelados, pero sobre todo para discutir cómo transformar en conjunto la eternidad en una galería delirante y subversiva, espléndida, de colores mágicos, desenfrenados, explosivos, originales, sin precedentes conocidos, de suerte que hasta a Dios de la impresión se le ponga la piel de gallina de patio: empresa que sin el concurso de Elmar, sería simplemente imposible.

Nos ha dejado un amigo solidario en las buenas y fundamentalmente en las malas; un patriota sensible, de una generosidad incorregible y sin límites conocidos; un hombre de firmes y profundas convicciones éticas, morales, políticas y sociales, todas a prueba de balas de calibre prohibido, que en Guatemala con la cooperación invariable del Digecam son peste entre las mafias y el crimen; con un envidiable acervo cultural y una enorme capacidad para regalar amor a manos llenas.

Además de inventar los colores de Guatemala, como bien diría Manuel José Arce, en sus pinturas y lienzos, con genialidad, logró atrapar y sintetizar la esencia de este país de radicalismos, extremismos e ideologización implacable; su fragilidad e inestabilidad; sus dolores e incertidumbre, sus conflictos y paroxismos de sangre y terror; su opresión, tortura y sufrimiento; los abusos y excesos de poder; sus sueños y esperanzas rotas y sus volcanes en ebullición perenne. Retrató nuestro país en el que, no siempre para el bien, en cualquier momento puede suceder o explotar cualquier cosa, en el que todo, absolutamente todo, es posible.

Sin embargo, Elmar logró conciliar en sus lienzos más que destellos que dejan entrever la realidad que tiene atrapada a Guatemala, pero sin dejar de poner énfasis en las exigencias, demandas, realidades, sueños y aspiraciones de los ciudadanos globales, habitantes de cualquier rincón del planeta.

Jamás encontré explicación para que Elmar, el Maistro Quiroa, Mario Monteforte, Efraín Recinos, el poeta Arango, mi queridísimo maestro Jorge Sarmientos y mis entrañables eruditos Pancho Villagrán Kramer, Jorge Tuna Skinner Klee, Manuel, el mentado Muso Ayau, y Jorge Corbata González del Valle, me prestaran tanta atención, tiempo y afecto invariable e incondicional sin merecerlo, muchas veces en tumulto.

Lo malo es que me malacostumbraron a tenerlos cerca, a la mano y se me van sin aviso, como lo hizo ayer mi querido y admirado Elmar y a estas alturas mi vacío es descomunal y atroz.

Sin embargo, este dramático y complejo proceso que conocemos a través de la palabra vida avanza a un ritmo inexorable y pronto alcanzaré a mis ilustres paisanos.

Muchas gracias, querido Elmar, por prodigarme tanto, sin esperar nada a cambio y apoyarme sin condiciones en cualquier proyecto que emprendí. Salve entrañable Maestro.

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