Miércoles 26 DE Septiembre DE 2018
Nación

El Capitán se quedó solo

El 18 de marzo de 2001, elPeriódico publicó una entrevista con Byron Lima Oliva, asesinado en Pavón el 18 de julio de 2016. Las respuestas del recluso reflejaban desilusión porque creía que sus jefes lo abandonaron, y daba a entender que si hablaba, podía hacer que muchas estructuras se estremecieran. Lima Oliva fue sentenciado por el encubrimiento del asesinato del obispo Juan Gerardi, aunque la entrevista fue realizada antes de su condena. A continuación un resumen del dialogo sostenido con Claudia Méndez Arriaza:

Fecha de publicación: 17-10-17
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En esta conversación, el Capitán reconoce enviar mensajes subliminales. No refiere a quién le habla, pero asegura, el destinatario reconocerá sus palabras. Lima Oliva tiene mucho que reprochar a sus compañeros. De hecho la entrevista es un obvio reclamo a quienes lo dejaron “solo”.

¿No lo desespera la cárcel? ¿No ha sido frustrante este encierro para un militar que tenía una carrera que prometía un buen futuro? 

– Yo no diría que “prometía”. Tengo todavía la esperanza de regresar a la institución y en su momento arreglar las cosas que el Ejército ha dejado pasar, pero eso será en su tiempo.

Usted a veces parece desesperado.

– No. No me desespera el encierro. Me desespera más bien la poca lealtad de muchos de mis compañeros. Lealtad y apoyo en el sentido económico y moral. Ellos creen que nunca les puede pasar algo así.

¿A qué se refiere? ¿Acaso otros militares podrían caer por este crimen?

– Lo que quiero decir es que este es un problema que empieza en una punta y va a estallar debajo de un despacho… puede ser en el Ministerio de la Defensa o en el Estado Mayor Presidencial (EMP).

¿Qué trata de decir? ¿Qué ellos están involucrados? ¿Qué el EMP estuvo detrás del crimen? Porque eso es lo que siempre se ha dicho.

– Eso. Agarraron gente inocente para destruir al Ejército. Cuando hablo de la poca lealtad me refiero a que nosotros los militares debemos apoyarnos institucionalmente.

Hay quienes dicen que el Ejército los apoya pagándole a sus abogados.

–No. Ellos no pagan nada. Lo que yo quiero decir es que este es un problema “ins-ti-tu-cio-nal”. No es un problema personal. Esto se llama Estado Mayor Presidencial. Esto se llama Ejército Nacional. A nosotros nos involucraron, pero realmente el problema es institucional. Al final, ¿a quiénes le echan la culpa? A ellos… al Ejército.

Ellos deberían despertar y dejar de creer que nunca van a estar involucrados en un caso político como este. Desde el soldado más pequeño hasta el más grande me tiene que apoyar. Tienen que venir, aunque sea a darme un dulce, a platicar. Deberían enterarse cómo está el proceso y qué les puede pasar a ellos si se descuidan.

Pareciera que usted está tratando de enviarle un mensaje a alguien con esta respuesta.

–¡Sí! Se los estoy mandando y les estoy diciendo que despierten.

¿A quiénes, Capitán? ¿A quiénes les envía este mensaje?

– ¡A todos! ¡A todos! Este mensaje subliminal es para el que le corresponde. Para que despierte porque de un momento a otro le va a tocar su turno.

Algunas personas dicen que el único que puede hablar es usted. Que si alguien puede contar la verdad de todo lo que pasó, ese es usted y…

– ¿Qué quieren saber?, y ¿qué protección me ofrecen? No voy a involucrar a gente inocente. Yo no voy a decir que fue el Ejército. No voy a culpar a militares solo porque eso es lo que quieren.

Entonces cuénteme con qué hipótesis va a llegar al juicio.

– Yo no voy a presentar nada. Que las cosas caigan por su peso. No me quiero involucrar más en problemas. Mire, en mi casa entraron a robar, buscaron a mi hija en el colegio, amenazaron a mi familia, pintarrajearon la casa de mi mamá. Llegaron a escribir a las puertas de su casa: “Monseñor Gerardi vive, muerte a los Lima”. ¿Quién hizo esto en plena colonia militar? ¡Más cuando había orden de juez que una patrulla custodiara esa casa!

Y no será que como se dice, fueron militares en contra suya, Capitán. ¿No será que hay una cúpula que no lo quiere? El documento anónimo que lo involucró por primera vez a usted en todo el caso está firmado por un supuesto grupo de militares que no estuvo de acuerdo con el crimen de monseñor.

– Pobres porque fueron desleales con su institución. Involucraron a gente inocente. Pero si fueron militares, que no lo creo, no estaban ubicados en el momento donde querían, tenían ambición de poder, dinero y eran poco profesionales. Pero más creo que eso vino de un grupo de derechos humanos. Sé bien que vino de un grupo de derechos humanos.

Nadie sabía que Luis Carlos García Pontaza, el reo que mataron en esta cárcel hace unas semanas, era un testigo propuesto por usted. ¿Era acaso una pieza clave en su defensa?

– Él sabía mucho sobre el caso.

¿Qué sabía él?

– No puedo decirlo porque jala a otras personas. Jala a fuerzas que ni la Policía puede parar. Fuerzas donde hay mucha gente, de todo, abogados, curas, gente de organizaciones que reciben dinero.

¿Y militares?

– Podría haber.

¿Qué tan importante era su testimonio para su defensa?

– Demasiado importante. (García Pontaza fue procesado cuatro veces ante los tribunales como supuesto líder de una banda de asaltabancos. También fue identificado como una de las personas que llegó a la escena del crimen de monseñor. En esa época García Pontaza era novio de Ana Lucía Escobar, la sobrina de Efraín Hernández, el canciller de la Curia en ese entonces. García Pontaza murió en prisión).

En su indagatoria usted menciona que el día del crimen, en horas de la tarde, cayó en un retén policiaco. Usted cuenta que a ese puesto policiaco llegó su superior, el mayor Juan Francisco Escobar Blas y otros oficiales. Detalla además que llegaron los carros del jefe del EMP, Rudy Pozuelos Alegría. Hay quienes creen que usted trató en estas declaraciones de recordarles a ellos algo. ¿Es así?

– No. Pero son faltos de carácter. Desde mi general Barrios Celada, él jamás debió mentir diciendo que la gente del EMP no llegó allí (a la escena del crimen). ¿Por qué? Porque sí llegó. Y cuando llegó el EMP, el jefe de la Policía, Ángel Conte Cojulún, los retiró. ¿Por qué se hizo para atrás? Él fue el primero en cometer un error. No tuvo integridad para defender a la institución. Él veló por su silla.

¿Cree que algún día se sepa la verdad del crimen?

– No.

¿Por qué?

– No hay interés en el ente investigador. Tienen miedo o ineptitud de meterse y tocar más y capturar a gente que está en lo alto.

¿Y qué defectos cree tener?

– No soy flexible y no termino de comprender que cada vez estoy más alejado de la institución. No quiero aceptar que me estoy separando de la matriz, que mi institución se está yendo. Yo no quiero separarme, sigo de necio detrás de ellos porque sé que hay cosas que nadie quiere ver. Tal vez ahora viven su momento. Talvez ahorita están bien y no se imaginan que les puede pasar lo mismo. Hay un músculo incontrolable que es la lengua.

Creo que otra vez está mandando mensajes a alguien.

– ¡Y que lo oigan!

Usted ya no habla como antes.

– ¿Y cómo hablaba yo antes?

Era más seguro de usted mismo. Confiaba en salir absuelto. No hablaba tan resignado. Parecía tener más control de la situación.

– Porque estaba optimista. Sí he cambiado, la cárcel lo cambia a uno. Estaba acostumbrado a investigar y a saber muchas cosas y a callármelas. Cuando llegué aquí sabía mucho, pero hay un dicho que dice que, el que sabe mucho… ¿qué le pasa?

Dígame usted.

– Entre más se sabe, más se peligra y yo sabía mucho.

¿Del crimen de monseñor?

– De todo. De todo lo que pasó en por lo menos seis años. Cuando yo fui capturado año y medio después de la muerte de monseñor, dije claramente esto: “A mí me lo están dirigiendo”. Yo le quise abrir los ojos al ente investigador, pero nunca lo tomaron en cuenta. Pero ahora, ¿qué? No me interesa si fue la banda de no sé qué… Si fue monseñor… Si fue… ya no me interesa nada. Lo único que me interesa es ver por mi pellejo.

¿Será que el Ejército se olvidó de usted?

– El Ejército no. Sus miembros sí. Los que gobiernan, los que mandan. Eso me duele. ¿Por qué? Porque todo eso puede probar que yo tenía una vida normal.

¿Qué piensa de monseñor?

– Pobre. Lo mataron de una forma cobarde. Haya sido por lo que haya sido.

¿Y quién estaría interesado en matarlo así?

– Ni la guerrilla ni el Ejército. El Remhi ya estaba a la venta. Para quienes lo hicieron convenía que muriera para que después hagan libros de la muerte de monseñor.

LA CARRERA QUE DEJÓ

Antes de su captura, Byron Lima Oliva era uno de los principales edecanes del expresidente Álvaro Arzú Irigoyen. Como oficial del Estado Mayor Presidencial (EMP), (el cuerpo elite del Ejército Nacional) fue propuesto ante el Ejército argentino para enfilar en el Cuerpo de Paz de la ONU en Chipre. Formó parte de esa estructura durante cuatro meses, luego regresó a Guatemala. En su récord militar acumuló créditos en la Escuela Kaibil, Contrainteligencia, Inteligencia, entre otras. A su paso por las diferentes secciones obtuvo los mejores promedios en calificación.

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