Viernes 19 DE Julio DE 2019
Nación

“No quiero dejarle a mi hijo el mismo legado que me dejó mi padre”

El hijo de Pablo Escobar está en el país para presentar su nuevo libro.

Fecha de publicación: 16-07-17
Juan Pablo Escobar (foto: ELPERIódico > José Luis Pos
Por: Jaime Moreno

Juan Pablo Escobar volvió a nacer la tarde del 2 de diciembre de 1993. Tenía 16 años y su padre –Pablo Escobar, el narcotraficante más famoso del mundo– acababa de ser abatido en Medellín, Colombia. Toda la rabia, la frustración y el dolor de un adolescente ante una realidad que no podía manejar quedó grabada en una amenaza: “Yo solo los voy a matar a esos hijueputas”. Para Pablo Escobar nacía el mito; para su hijo, el camino venidero era el del destierro, el anonimato y el estigma. Ahora, más de 20 años después, Juan Pablo es otra persona, “un hombre de paz”. Ha buscado la reconciliación y el perdón con las familias de las víctimas de su padre; ha sido crítico con el actuar de Pablo Escobar y se define como defensor de la legalización de las drogas. Está en Guatemala para presentar su última producción editorial: Pablo Escobar: in fraganti. Conversó con elPeriódico sobre su padre, las drogas y otros temas.

¿Qué se siente esta letanía del perdón? Te has disculpado en muchas ocasiones.

– Siempre lo he dicho, no me cansaré hasta hablar con la última de las víctimas, hasta no pedirles perdón no claudicaré en ese esfuerzo. He aprendido a conocer a muchas familias con enorme capacidad de perdonar. Me han enseñado a reconciliarnos a pesar de estar unidos por las historias de violencia más atroces. Este ejercicio del perdón es muy necesario para nosotros como familia y también para el país. Colombia comienza a transitar por una era diferente en la que ninguno de los colombianos tenemos experiencia en materia de paz. Todos somos expertos en la guerra. El perdón es una herramienta que nos ayuda para alejar el horror. No significa olvidar, es otra cosa. Es no darle permiso al victimario para que continúe ejerciendo daño. El perdón te libera.

¿A quién ha sido más difícil confrontar?

– A Ramón Isaza, por ejemplo. Fue mirarlo a la cara sabiendo que mi padre mató a uno de sus hijos, que le había hecho más de 12 atentados y que había una guerra atroz entre ellos. No sabía con quién me iba a encontrar. Fue duro porque yo me estaba exponiendo mucho. Yo fui solo y él llegó con 25 hombres. Pude haber salido de esa reunión en una bolsa.

En cierta forma, tu padre también ha sido víctima de la mitificación a lo largo de los años.

– Es la primera vez que lo escucho como víctima también. Me parece muy interesante. Si lo digo yo me matan. Imagina: yo diciendo ‘Pablo Escobar, víctima’. Es imposible. Entiendo y coincido. Los medios han tenido un papel que le ha agregado más poder a mi padre del que tenía. Esto ha contribuido a la mitificación de su historia.

En Colombia hay una doble moral sobre el tema. Por el lado oficial todos dicen odiar al narcotráfico, pero por el otro ves a los medios…

– Sacando plata de él. Lucran con él y a ninguna víctima ayudan con las fortunas que han hecho a costa de mi padre. Yo no me opongo a que se cuenten historias de personas como él, a lo que sí me opongo es a que utilicen como argumento la glorificación de la violencia para atraer a más personas.

El narcotráfico es una opción para muchos jóvenes. Pero más que un problema es una consecuencia de Estados débiles, de sociedades fallidas. ¿Cómo evitar que los jóvenes se involucren en ese mundo?

– Declarando la paz a las drogas. Así dejará de ser lucrativo para todos. Es el Estado el que debe asumir la responsabilidad sobre esas sustancias desde una óptica de la salud pública y no desde lo militar. Son sobradas las evidencias del fallo en los intentos de declararles la guerra. Personas como mi padre, sin excluirlos de su responsabilidad personal, pudieron hacerlo gracias al contexto prohibicionista. Con unas drogas legalizadas Pablo Escobar no existiría… ni el Chapo, ni ninguno.

En un escenario de legalización, ¿qué papel deben jugar los narcotraficantes actuales?

–Deberían retirarse agradecidos. Declarada la paz a las drogas, quién sabe cómo sería el control de las sustancias. Mira el caso de Uruguay, a partir del 19 de julio próximo comenzará a vender marihuana en farmacias. El estado de Colorado (Estados Unidos), por haber legalizado la marihuana juntó más de un US$1 millón en impuestos. Hoy los puede invertir en educación, en prevención. Tiene los recursos para disminuir el impacto en la sociedad. Ese millón de dólares nadie lo va a dejar pasar, o lo toma el Estado o lo toman los narcos. El acto de prohibición implica decirle a los delincuentes ‘quédense ustedes con la fortuna y nosotros los perseguimos’. Para mí, ese es un acto de irresponsabilidad estatal. La cuestión es esa, ¿en manos de quién queremos ese dinero? ¿En manos de organizaciones criminales o en manos de políticos? No es que sean muy buenos, pero al menos los podemos auditar; a un cartel, no.

Hablemos del libro. ¿Por qué buscar a tu padre por medio de un retrato hablado de terceros?

– Nunca los enemigos de Pablo Escobar habían escrito o dicho algo. Había un gran silencio, ni una sola entrevista fue concedida. Me parecía que la mejor manera de mostrar los 360 grados del personaje. Qué mejor que quienes más lo odiaron contaran quién era Escobar.

En este proceso, ¿qué ha cambiado de tu visión hacia él?

– Conocí un hombre más violento del que ya él mismo me reconocía. También conocí a un ser humano desde la intimidad más absoluta. Encontré otras facetas que nunca creí descubrir en él.

Llaman la atención las revelaciones que haces. Estados Unidos y la CIA no quedan bien. Aparecen como cómplices.

– Son cómplices. Tristemente, qué notable que este libro lleva ya un mes en el mercado y no encontrás una sola línea que hable de él en los medios estadounidenses. Hay un silencio sepulcral respecto de mis revelaciones en estos libros.

También llama la atención el nivel de involucramiento de los gobiernos en la región. De lo que recuerdas, ¿tu padre alguna vez mencionó a Guatemala?

– No. En la historia de mi padre aparece Panamá, Nicaragua, México, Perú, Brasil, Cuba, Bahamas, Estados Unidos, Canadá… pero no creo que más países. Hoy los países Centroamericanos son víctimas de este fenómeno debido en parte a que las rutas directas del tráfico entre Estados Unidos y Colombia se han ido rompiendo. Si el narcotraficante tiene que ir a la Luna para mandar cocaína, va. Si hoy es más fácil pasar por Centroamérica para ir al norte lo va a hacer, tiene todos los recursos. Se han adaptado a las reglas del juego.

¿No temes represalias?

– Si aquellos que están involucrados sienten una represalia, eso les jugaría en contra. Michael Jackson vendió más discos muerto. A mí me pueden matar, pero el libro está impreso.

¿Aún vives con miedo?

– Hermano, el miedo más grande que tuve fue cuando me dijeron que tenía que asistir a una reunión en la que me iban a matar. He querido transitar por la vida con el mayor respeto posible. No quiero dejarle a mi hijo el mismo legado que me dejó mi padre. No pretendo hacerle daño a nadie. Soy contador de historias.

¿Cómo se empieza de nuevo? ¿Cómo se elige entre seguir el mismo camino o dar un paso adelante?

– Sabía que si continuaba con la posibilidad de ser Pablo Escobar 2.0 mis segundos estaban contados. Esto no se trata solo de pensar cómo mantenerme con vida. Es pensar qué te enseñó tu propia historia. Yo me salí de ese ciclo que estaba por repetirse, si no lo hacía estaría muerto.

¿Cómo fue el proceso de autoperdón?

– No es que sacara la banderita blanca después de la muerte de mi padre. Su entrega en La Catedral [una cárcel] tiene que ver con presiones de mi madre y mías. Nunca fuimos parte del séquito de aduladores de mi padre. Yo creía más en la paz que en la violencia.

Colombia. Los paras, los carteles, el gobierno, el M-19, todos estaban involucrados.

– Estaban me suena a que somos dichosos. Están involucrados. No generalicemos, pero el prohibicionismo garantiza que los criminales infiltren cualquier institución estatal.

¿Cómo ves la paz en tu país?

– Ah, no es un sueño. Es algo perfectamente posible de lograrse. Este libro es una serie de ejemplos de cómo se puede lograr la paz sin disparar un solo tiro… solo hablando.

¿El uribismo le hace bien o mal a Colombia?

– Colombia tiene la capacidad de albergar a todos. No me quiero meter en juicios de valor. Los colombianos somos responsables de los líderes que tenemos. Somos resultado de nuestros propios valores o de la pérdida de estos.

El atentado en el Andino (ocurrido en Bogotá el pasado 17 de junio) es extraño.

– Sí, hombre. Es desesperanzador. Pensamos que esa Colombia había desaparecido, pero pienso que hoy la autoridad está más preparada para enfrentar este fenómeno.

Siempre nos parecemos a nuestros padres. ¿Qué de Pablo Escobar te reconoces?

– La papada (risas).

¿Cómo ves la libertad de algunos colaboradores de tu padre?

– Todos tenemos derecho a una segunda oportunidad. Todos, sin excepciones. No creo en un mundo en el que si cometes un error te lo tienen que cobrar toda la vida.

Presentación
“Pablo Escobar: in fraganti” se presenta hoy. A partir de las 16:00 horas. En Filgua (Fórum Majadas, zona 11). La admisión general a la feria es de Q5.

El libro

La nueva entrega de Juan Pablo Escobar busca un retrato de su padre por medio de terceros. Llega de la mano de la editorial Planeta. En el texto, el autor visita víctimas, enemigos y familia del capo colombiano. De esta manera obtiene una versión distinta de su padre, una más oscura y violenta. En In fraganti, el narcotraficante se revela como un estratega con nexos en todos los niveles: Gobierno colombiano, insurgencia, contrainsurgencia y hasta en el Gobierno de Estados Unidos.