Miércoles 26 DE Junio DE 2019
Nación

Osmin quiere ser la voz de los niños que fueron sustraídos de sus hogares

Cuando tenía siete años, fue sustraído de su hogar y entregado en adopción a una pareja estadounidense. Su caso está en manos de la CIDH.

Fecha de publicación: 27-05-17
Gustavo reanudó la búsqueda de Osmin en 2011. Lo encontró en Facebook como Rico Borz.
Por: Evelyn Boche elPeriódico

De pequeño, a Osmin le gustaban las aguas rojas con Ricitos, recuerda su papá Gustavo… ¿Y ahora? “las beers”, responde y suelta una carcajada.

Osmin fue arrebatado de su hogar cuando tenía siete años y regresó a Guatemala en mayo de 2011, luego de recibir un mensaje de su padre vía Facebook, donde se identificaba como Rico Borz. Entonces, tenía 21 y apenas pronunciaba algunas palabras en español, pero inmediatamente identificó que era su papá quien le escribía.

Gustavo Tobar es un taxista que durante diez años buscó a su hijo, a quien un juzgado declaró en abandono y entregó en adopción a una familia estadounidense, en 1998, pese a que tenía a sus padres y familia ampliada en Guatemala.

Padre e hijo comparecieron el lunes en una audiencia ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos, en Costa Rica, para exponer su caso y pedir que se condene al Estado por la adopción irregular de Osmin.

El niño fue reconocido por sus padres adoptivos como Ricardo William Borz, pero nunca asumió la identidad impuesta. En su casa, en Pittsburg, no se habló sobre la adopción. En la escuela se burlaban de él porque era el más bajito. “Yo sabía que era de Guatemala, mi piel me lo decía”, expresa Osmin al tiempo que muestra su mano, morena.

El joven buscó en la lucha olímpica una forma de canalizar sus energías y ese deporte le abrió las puertas de la Universidad, donde estudiaba Auditoría.

Mientras, su padre libraba en Guatemala una lucha de búsqueda y demanda de justicia, con nulo apoyo estatal. “Presentaba documentos, tocaba puertas, pero nadie quiso escucharme”, recordó. Tan solo encontró apoyo en Casa Alianza y luego en Refugio de la Niñez. “Cuando la mamá perdió fuerzas para continuar, yo me involucré”, cuenta Gustavo.

La madre de Osmin está enferma. “Ella está con nosotros, espiritualmente, pero está muy enferma”, añadió Gustavo.

Osmin muestra una fotografía donde aparece junto a una niña y dos niños, en un hotel, adonde llegaban las familias para conocer a los niños adoptables, explica. En el albergue le llamaban Rico, una forma de hacerlo llamativo ante las parejas que preferían a los bebés o niños más pequeños, recuerda el joven.

Osmin y su hermano, de 2 años, fueron entregados a una familia estadounidense. El menor de los hermanos Ramírez quiere dejar las cosas como están. Acerca de sus padres adoptivos, Osmin dice que “ellos también fueron víctimas”, del sistema corrupto.

El reencuentro estuvo lleno de emociones. Hoy Osmin quiere seguir su lucha por los niños y niñas que fueron dados en adopción de forma irregular.

Una lucha más

El joven no quiere volver a Estados Unidos, quiere quedarse en Guatemala y ser la voz de los niños y niñas que fueron adoptados en situación irregular, como él.

De acuerdo con la Asociación Refugio de la Niñez, para fines de la década de los noventa, Guatemala “era el cuarto país con mayor número de niños y niñas dados en adopción internacional a nivel mundial en proporción a la cantidad de sus habitantes”.

Además, las denuncias de irregularidades quedaron en la impunidad, como el caso de Osmin, que ahora es del conocimiento de la Corte IDH.

“Yo quiero ayudar a las personas que tengan la misma historia; queremos buscar a los niños que se llevaron”, expresa.

Desde 2015, Osmin empezó una nueva historia en Guatemala. Su dominio del idioma inglés le facilitó la oportunidad para trabajar en un call center. Ahora, a sus 27 años, asegura que las “beers” (cervezas) no son más necesarias porque tiene una vida feliz donde no caben las drogas.

Condena y reparación

El Refugio de la Niñez y el Centro por la Justicia y El Derecho Internacional acompañan a Osmin y su padre en la búsqueda de justicia ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos. La principal intención es que se anule la adopción y que se condene al Estado por permitir el proceso irregular y no atender las demandas de justicia de Gustavo Tobar.

Además, se busca que se instale una comisión para localizar a los niños que fueron dados en adopción irregular durante los últimos 30 años.

También piden una reparación económica, como la dotación de una vivienda para la familia Tobar Ramírez.

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Meses podría tomar la CIDH para dictar una sentencia en el caso.