Sábado 22 DE Septiembre DE 2018
Nación

“Les dije que tuvieran fuerza y esperanza…”

Tranquila nena, todo va bien…” Palabras del conmovido doctor Edwin Genaro Bravo Marroquín, del San Juan de Dios, a las pacientes llevadas a EE. UU. para internarlas en hospitales especializados en quemaduras, cuando las pasaban de una camilla a otra a fin de trasladarlas al aeropuerto.

Fecha de publicación: 16-03-17
Por: Tulio Juárez
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“La parte más dura fue cuando tuve que despedirme de ellas y volver. Les dije que tuvieran fuerza y esperanza porque todos los que estaban a su alrededor estaban dando lo mejor y que prontamente nos veríamos en Guatemala”.

“Cuando yo las estoy pasando de una camilla a otra, yo les hablo y les decía: ‘tranquila nena, todo va bien…’. Como los monitores me dicen si respiran más rápido o la frecuencia cardiaca cambia, ¡era increíble!: después de que nosotros le hablamos a los pacientes, comienzan a haber variaciones en la respiración”.

Así lo ha expresado esta mañana a través de Emisoras Unidas (EU) el doctor Edwin Genaro Bravo Marroquín, coordinador del Comité Hospitalario de Gestión de Riesgo y Jefe de Traumatología de Mujeres del Hospital San Juan de Dios, al recordar cada momento vivido junto a las nueve menores llevadas vía aérea a los Estados Unidos, para tratarlas en hospitales ShrinersInternational especializados en quemaduras.

 

(Foto: Hospital Shriners Para Niños)

 

Se trata de las niñas y adolescentes que la mañana del miércoles 8 de marzo sobrevivieron al incendio supuestamente provocado en un ambiente aislado del Hogar Seguro Virgen de la Asunción, de San José Pinula (Guatemala).  De las 17 internadas en el General, 11 murieron y seis fueron transportadas a la Unión Americana, por lo que ya no queda ninguna.

De las 22 del Hospital Roosevelt, diez murieron, cuatro siguen estables, cinco recibieron el alta y tres están en EE. UU. El testimonio del profesional de la medicina incluyó el hecho de que al arribar con las pacientes a los centros asistenciales estadounidenses, médicos, especialistas y enfermeras ya tenían preparados los quirófanos para intervenirlas rápidamente y que, incluso, recibieron injertos de piel

De  la dramática entrevista realizada al médico Edwin Bravo por el periodista Luis Felipe Valenzuela en el segmento A Primera Hora, la radiodifusora ha posteado en sus redes sociales el siguiente documento histórico de lo conversado de manera telefónica la mañana de este jueves:

< ¿Cuál fue su experiencia al acompañar a estas menores?

Podemos recordar que el haber trasladado pacientes en estado crítico a otro país, fue algo muy dificultoso desde el punto de vista médico-tecnológico, pero tecnológico.

< ¿Qué retos hay que enfrentar durante un vuelo en este caso?

No es un viaje de placer, no es de turismo. Es un avión estructurado para tener camillas y que haya infraestructura para conectar los aparatos médicos. Las pacientes tenían siete y ocho medicamentos intravenosos en el hospital, y el primer reto era sacarlas de la cama, porque en ese momento podría provocarse un paro cardiorrespiratorio.

El momento en que quitamos el respirador artificial es clave, porque puede causar un paro respiratorio. Hay que tener todos los medicamentos en su lugar, porque el cuerpo no se tiene que dar cuenta de que yo lo estoy moviendo.

El problema más grave es la hipotermia, porque cuando uno sube al avión se pone frio, por las alturas. Cuando se despega, y el aterrizaje, esos son los momentos críticos.

< ¿Qué momentos pueden ser previsibles en esos momentos?

En el transporte, aunque uno trata de tener todo controlado como ocurre en el hospital, en el avión puede pasar lo mismo. Un paro cardiorrespiratorio, hay que cuidar las variaciones en los flujos de orina, en los líquidos en los pulmones.

Fueron momentos muy dificultosos que tenían que ver con las quemaduras, por las complicaciones. Conforme van pasando los días las complicaciones afloran. Los traslados tardíos son más dificultosos. El noveno traslado fue el más complicado.

<¿Cuál es el futuro de las nueve menores, qué oportunidades tienen ahora?

De hecho la primera paciente que llevé al hospital Shriners International, una organización sin ánimo de lucro, en Galveston, a la hora de haber aterrizado ya estaba en operaciones, con equipos multidisciplinarios, atención pronta. Todo.

No fue un médico, ni dos. Eran equipos de cirujanos que llegaron a limpiarles las quemaduras de inmediato, y a cambiarles la piel quemada por piel sintética. En el momento.

< ¿Cuál es su experiencia en este caso?

Uno está solo cuando está en estas situaciones. Como médico, les decía: ‘Nena, tranquila… todo va bien’. Como los monitores me dicen si respira más rápido… es increíble que cuando les hablamos, hay ritmos variables de la respiración, se altera.

Es como decir que antes de respirar, su alma decía ‘me voy de mi país’. Cuando uno se va de viaje, a uno lo van a despedir, pero en este caso hubo situaciones en que no hubo nadie que las acompañara antes de irse. Eso es emocional.

< La fuerza de la palabra, los medicamentos, el tratamiento, la tecnología… se apoyó en la palabra de un ser humano, que además de médico, les acompañaba.

Estando en los hospitales americanos, yo les explicaba: ‘te van a hacer esto y lo otro… te van a atender’. Y nuevamente se veían alteraciones en el ritmo respiratorio en los monitores.

Una de ellas estaba muy afectada. Antes de regresar yo a Guatemala, le dije ‘que tuviera fuerza y esperanza, que todos a su alrededor estaban dando lo mejor para que ellas se recuperaran pronto’.

 


 

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