lunes 27 febrero 2017
Nación

“Puede ser que al crimen organizado o parte de él lo hayamos elegido en los comicios de 2011” Edgar Gutiérrez, excanciller de Guatemala

El excanciller del gobierno de Alfonso Portillo habla sobre cómo ha evolucionado la relación entre el crimen organizado y el poder político en el país. Edgar Gutiérrez señala que estamos en una etapa en la que los políticos y el crimen organizado se benefician mutuamente provocando una simbiosis y que la lucha contra la corrupción será más dura.

Edgar Gutiérrez, excanciller de Guatemala Por: Manuel Silva elPeriódico

La embajada de Estados Unidos en Guatemala anunció el viernes que Roxana Baldetti, la ex vicepresidenta, y Mauricio López Bonilla, exministro de Gobernación, están acusados de narcotráfico por una Corte en dicho país y se espera pronto la solicitud de extradición. ¿Esto vendría a confirmar la llegada al poder del crimen organizado en el país?

– Para mí la evolución del crimen en Guatemala y su relación con el poder político ha sido notable en los últimos 20 años y ha tenido tres etapas. A la primera se le suele denominar predatoria porque es donde los brazos criminales se instalan para ganar territorio y poder, entran en lucha con otros grupos rivales y fuerzas de seguridad. Es una etapa muy violenta con muchos crímenes escandalosos que para mí en Guatemala se dio desde el gobierno de Arzú hasta la mitad del gobierno de Portillo. Luego hay una segunda etapa que comienza sobre 2002 y termina sobre 2012, cuando está por asumir Otto Pérez. A esa la llamo la etapa parasitaria porque es donde los métodos violentos se sustituyen por la corrupción. Los grupos criminales empiezan a pensar que en vez de pelearnos, mejor corromper y hacer socios a políticos o policías.

¿A qué se debe esa evolución del crimen en Guatemala?

– En Guatemala esto fue posible porque hubo una transformación de las rutas del narcotráfico. Los grupos colombianos dejaron de ser tan poderosos y se fragmentaron, mientras los grupos mexicanos bajaron hasta Colombia y comenzaron a controlar las rutas. Entonces hubo un cambio en la cadena de valor. En la etapa anterior un kilogramo de cocaína lo compraban en Colombia a US$7 mil, pero luego ese mismo kilogramo lo compraban a US$2 mil o US$2 mil 500. En esta etapa, en Guatemala ese mismo kilogramo entra a US$11 mil y sale a US$13 mil. La cantidad de plata que eso significó, permitió que se corrompiera aún más el aparato estatal.

¿Se puede decir que con Otto Pérez y el Partido Patriota el crimen organizado llegó al poder?

– La tercera etapa creo que es a la que llegamos con el gobierno de Otto Pérez, la denominada simbiótica. El crimen organizado y el poder político se benefician mutuamente y se alimentan uno al otro. Puede ser que el crimen organizado o parte de él haya llegado al poder central del Estado, que lo hayamos elegido en los comicios de 2011.

¿Es posible que solo Baldetti y López Bonilla estén involucrados en narcotráfico?

– El pedido de extradición del viernes es solo la punta del iceberg y pienso que va a ir más allá. No creo que fueran acciones aisladas de Baldetti y López Bonilla, sino que correspondía a una estructura y a un pacto mucho más estratégico de ese gobierno.

Esta semana visitó el país el Secretario de Seguridad Nacional y el viernes se dio a conocer la acusación contra Baldetti y Bonilla, ¿esto significa que Estados Unidos cambió de Presidente, pero no de política contra el crimen y la corrupción?

– Muchos grupos de las elites políticas y económicas hicieron una mala evaluación de la llegada de Donald Trump. La designación de John Kelly como secretario de Seguridad Interior, un hombre que conoce muy bien el Triángulo Norte, y su influencia ha sido decisiva para que aquí se mantenga la política que se trazó desde 2014. El mensaje es: nosotros vamos a seguir apoyando a la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG), la lucha contra la corrupción y el crimen va a continuar todavía más dura que antes. No sé si había coordinación entre la visita de Kelly y la publicidad de la extradición, pero los mensajes están claros. Aquí van a obligar a las elites a ajustarse a las leyes por las buenas o por las malas.

¿Fueron clave en este proceso las extradiciones previas?

– Sin duda. El recurso de la extradición para Estados Unidos es muy valioso porque sacan de su hábitat al criminal y en un hábitat donde ellos no dominan nada y, para bajar la pena, “sueltan la sopa”. Muchos incluso ya van preparados con documentos, grabaciones o filmaciones que les permita lograr una negociación más ventajosa. Ellos saben que eso es parte de la regla de Estados Unidos para rebajar penas a cambio de información.

¿Se podría abrir un proceso por narcotráfico a Baldetti y López Bonilla en Guatemala?

– Yo creo que una vez que hay una solicitud de extradición el Ministerio Público (MP) delega en otra fiscalía, en este caso de Estados Unidos, que ya ha investigado el caso. Aquí la única duda es si mientras ellos tienen procesos abiertos no pueden ser extraditados, salvo que el MP y la CICIG renuncien a juzgar, pero eso es muy complicado y no creo que ocurra.

El último alto cargo extraditado a Estados Unidos fue Alfonso Portillo, ¿son comparables los casos?

– El narcotráfico para ellos es un problema de seguridad nacional, la corrupción es un tema mucho más extendido e incluso común. Y en el caso de Portillo, el vínculo, según Estados Unidos, era que había usado bancos de Estados Unidos para depositar los cheques de Taiwán. Es diferente. Hasta ahora el precedente más notable de extradición fue el del expresidente de Panamá, Noriega. Desde 1990 no veíamos algo con tales repercusiones.