Jueves 21 DE Febrero DE 2019
Nación

Conversaciones con un capo del narcotráfico

“El Fantasma” fue extraditado ayer a Estados Unidos, antes de su salida del país dijo que hablaría sobre varios temas con las autoridades norteamericanas.

Fecha de publicación: 03-11-16
Marlon Monroy Meoño, alias el Fantasma, fue evaluado ayer por un médico antes de ser trasladado a Estados Unidos. Por: Redacción elPeriódico
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Los siete meses que Marlon Monroy, alías el Fantasma, estuvo detenido en la cárcel de Mariscal Zavala, vivió a sus anchas. Dentro de su celda instaló una carpa militar y en la cabecera de su cama pegó tres parches de los cursos Kaibil, Paracaidista y Francotirador, que hizo en el Ejército. Al lado de su cama tenía tres estatuas a escala de las especialidades que cursó y una manta con la imagen de Punisher –un personaje de Marvel Comics– con las iniciales de su nombre y apellidos M3 (Marlon Monroy Meoño).

Acostado en su cama y con la televisión encendida, el Fantasma, recibía desde tempranas horas la visita de sus amigos, investigadores y en un par de ocasiones a agentes del Sistema Penitenciario (SP) que vestidos de particular llegaban a recoger dinero. Su permanencia en el centro carcelario le garantizaba continuar con vida hasta llegar el día de su extradición, ello no le impidió tener control de ciertas estructuras fuera de Mariscal Zavala.

Separados por una pared, él y su esposa –Cynthia Cardona Sandoval– contaban con seguridad personal. El almuerzo y las visitas solían ser los momentos en los que ambos compartían. Era común que su mesa se llenara de carnitas y chicharrones, salpicón de conejo y carne de tepezcuintle; además de una que otra botella de licor.

Con el paso de los meses su aspecto físico cambió por la falta de ejercicios. Tomaba varias pastillas y se quejaba recurrentemente de acidez gástrica y falta de aire, sus últimas semanas aprovechó para tatuarse el brazo izquierdo una calavera con la bandera de Guatemala –y a conversar con su familia y amigos más allegados–. “Lo que me gusta a mí es el tema de seguridad”, solía reiterar en las pláticas.

Hablaba del caso de la muerte de Byron Lima, el atentando que sufriría la fiscal general, Thelma Aldana, del financiamiento que el narcotráfico entregaba a grupos políticos, de las personas más allegadas al presidente Jimmy Morales, de la jerga de los narcos, del mayor de sus amores y hasta del gusto personal que tuvo por los relojes Rolex.

Solía asegurar que el ministro de Gobernación, Francisco Rivas, quiso crear una enemistad entre él y Marvin Montiel, alias el Taquero, y agregó que tenía información de que el primer anillo de seguridad traicionó a Lima; aunque también reconoció que fue “extorsionado” por el reo, a quien, asegura, le dio dinero y dos vehículos.

Sobre el caso del atentado contra la Fiscal General negó estar detrás de este; reconoció que un grupo –sin especificar nombres– lo contactó y que le ofrecieron una fuerte cantidad de dinero para que planeara la operación, pero aseguró que fue él quien puso sobre alerta a las autoridades estadounidenses sobre ese crimen.

Solía mostrar varias fotografías en su celular, en las que se le veía entre casas lujosas, para recordar la vida que llevaba antes de ser capturado. “Era un personaje de narconovelas”, decía.

“Cuas”, “tontos” “pizados”, “patrón”, “narquillos” “narcos” “capos” y “carteles” eran las palabras más recurrentes en todas las conversaciones, en muchas de ellas estuvo asistido por Cardona.

El delator

Las interrogantes que quedaron en el ambiente después de varias reuniones fueron: quiénes serían los sucesores del supuesto capo Jorge Milton Cifuentes, alías JJ, sus experiencias con la “licenciada” (como él la llamaba) Marllory Chacón, los acercamientos con Jorge René García Noguera y Marvin Montiel Marín, alias el Taquero; sus vínculos con los carteles de México y Colombia y quiénes son los principales “pasadores” de droga a Estados Unidos. El Fantasma refirió que esos temas los hablaría con la justicia estadounidense.

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