Lunes 22 DE Abril DE 2019
Nación

IGLESIA NORUEGA EN GUATEMALA: 40 AÑOS DE SOLIDARIDAD Y AYUDA

Este reportaje está dedicado a la Iglesia Noruega en Guatemala por su invaluable trabajo e irrestricto apoyo al país durante los últimos 40 años, especialmente a nuestro gran amigo Petter Skauen.

Fecha de publicación: 06-09-16

Fotografías: Archivo AIN/Daniele Volpe

No se logra el respeto de los derechos humanos sin que alguien asuma la lucha por los más pobres y marginalizados. Si los derechos humanos no son inherentes y gozados por todos y todas, pierden su sentido y valor. Una labor esencial de la sociedad civil es hacer responsable a sus autoridades de las políticas que implementan”, es la reflexión que hace Anne-Marie Helland, secretaria general de la Ayuda de la Iglesia Noruega en el libro 40 años en Guatemala, en el que se relata la historia de esta organización a lo largo de las cuatro décadas en las que ha colaborado con la promoción del desarrollo humano en las áreas más pobres de Guatemala.

“En Ayuda de la Iglesia Noruega (AIN) trabajamos por una sociedad donde las personas son sujetos de su propio desarrollo y se organizan para exigir y promover sus derechos. Como AIN no “desarrollamos a nadie”, pero colaboramos con nuestra experiencia, nuestros recursos, nuestra voz y nuestra solidaridad para que las personas puedan autogestionar los cambios en sus propias vidas. Esto es para nosotros, fe en acción”, explica Helland en su relato inicial.

El sismo de la guerra

San Martín Jilotepeque quedó en ruinas por el terremoto en 1976.

 

Con el comentario de Helland comienza la lectura de diversos testimonios que recuerdan cuatro importantes etapas en la vida contemporánea del país, pues el comienzo de la ayuda de la Iglesia Noruega se registra en 1976, el año en el que un terrible terremoto devastó las estructuras físicas de las principales ciudades durante el gobierno militar de Kjell Eugenio Laugerud García (4 de febrero de 1976).

El documento rememora esa etapa dura que se contextualiza como la más cruenta del Conflicto Armado Interno como un fundamento de su cooperación en Guatemala. La primera fase a la que se hace mención en el texto es desde 1976 hasta 1986. En esa década, los esfuerzos de la AIN se enfocaron a la ayuda humanitaria para solucionar a corto plazo las necesidades urgentes de la población desatendida por las administraciones gubernamentales de la época.

“La primera oficina se abrió en Tierra Colorada, una de las comunidades de San Martín Jilotepeque más afectadas. Desde allí AIN coordinó su trabajo de reconstrucción en el departamento de Chimaltenango. En 1979, la oficina se trasladó al área urbana de San Martín debido a que reinició la violencia por el conflicto armado”, se describe en el documento.

Coordinando proyectos desde la oficina y centro de capacitación de AIN en San Martín Jilotepeque. Emilio Oreno a la derecha.

 

La designación de la primera oficina se plantea porque fue Chimaltenango el departamento más afectado por el terremoto de febrero, y sobre todo el municipio de San Martín Jilotepeque, en donde la fuerza de la tierra arrancó vidas y destruyó más del 90 por ciento de la infraestructura.

“El trabajo para aliviar las necesidades agudas en el primer periodo después del terremoto proveyó a la organización de una percepción más fundamental de las relaciones sociales, tanto en las ciudades como en el área rural. Se entendieron mejor los mecanismos que durante siglos han creado las desigualdades sociales entre los pueblos indígenas en el área rural y la población mestiza en las ciudades más grandes”, reflexiona Jan Gerhard Lassen, quien fuera embajador de Noruega en Guatemala entre 2012 y 2016.

Además, enfatiza, “las actividades se movieron gradualmente de la ayuda humanitaria hacia el esfuerzo por contribuir a cambiar las estructuras sociales tradicionales y fortalecer la democracia en el país. Los y las empleadas de AIN cultivaron durante las primeras décadas una amplia red de contactos que demostró tener gran significado en el posterior involucramiento de Noruega en el proceso de paz de Guatemala”.

Entender la dinámica de otro país es escuchar a la gente que trabaja en la cotidianeidad, que teje relaciones sociales con su comunidad y que es ejemplo como líder que cohesiona la sociedad. La AIN obtuvo aliados originarios del lugar al que se enfocaba la ayuda.

 

El padre Gonzalo Herrera y Petter Skauen visitan las comunidades de San Martín Jilotepeque.

 

Es así como el catequista Julio López se integró a las coordinaciones entre la AIN y el Comité Pro-mejoramiento en Tierra Colorada, San Martín Jilotepeque, Chimaltenango, del cual era presidente. Junto con otros comunitarios organizados construyeron la escuela del pueblo e introdujeron el agua potable en los años 1968-1975. “Apoyó a Petter Skauen (representante de país de Ayuda de la Iglesia Noruega en Guatemala) en la ejecución de varios proyectos, como el traslado en helicóptero de enfermos al hospital, láminas para vivienda, construcción de escuelas en cinco comunidades, construcción de puente y empedrado de la entrada a Tierra Colorada. Fue el primero que visitó Noruega en el marco del contacto de amistad entre San Martín y Fredrikstad”, se rememora en el libro.

Esa cooperación que se desarrolló con entusiasmo y esfuerzo se nubló cuando el contexto de la guerra interna se agudizó para imponer la visión del Ejército sobre las poblaciones civiles. Fue, como se describe anteriormente, la época más cruenta del conflicto. “A partir de 1982, el proceso de reconstrucción después del terremoto se vio interrumpido fuertemente por el conflicto interno. En las comunidades, lo que con fe y entusiasmo se había reconstruido y construido, fue destruido por la mano del hombre, creando miedo, inseguridad, confusión, odio y muerte entre hermanos; despojándolos de su dignidad a la fuerza. Nuevamente, el hambre, el frío, la oscuridad, la muerte y el abandono reinaban en las comunidades, sin nadie que se apiadara de ellos, especialmente de las mujeres y niños”, cuenta Yolanda de Salazar, quien fue voluntaria y luego directora local de AIN entre 1984 y 2001.

Las vísperas de la paz

Se firma el Acuerdo sobre el definitivo cese al fuego, en Oslo, Noruega, el 4 de diciembre de 1996. Al fondo, de izquierda a derecha: Ricardo Rosales Román (Carlos González, URNG), Jorge Ismael Soto García (comandante Pablo Monsanto, URNG), cuatro representantes del Estado de Guatemala (gobierno de Alvaro Arzú), general Otto Pérez Molina (exPresidente de Guatemala 2012 – 2015), Richard Aitkenhead Castillo (ex Ministro de Finanzas), Raquel Zelaya Rosales (exMiembro de la Comisión de Paz –COPAZ– y Secretaria de la Paz del gobierno de Alvaro Arzú), María Trinidad Culajay (representante del pueblo maya), Damiana López (representante del pueblo maya). En el medio, de izquierda a derecha: Jan Egeland (exViceministro de Relaciones Exteriores), Jean Arnault (moderador de Naciones Unidas), Bjørn Tore Godal (ex Ministro de Relaciones Exteriores). Al frente, de izquierda a derecha: Arne Aasheim (exembajador noruego en Guatemala), Ricardo Ramírez de León (comandante Rolando Morán, URNG), Gustavo Porras Castejón (ex Presidente de la Comisión de Paz y Secretario Privado de la Presidencia), Petter Skauen (AIN).

Guatemala evolucionaba desde los gobiernos militares represores hacia un país que trataba de ser democrático con la promulgación en 1985 de la Constitución Política de la República que aún se encuentra vigente, y el comienzo de las épocas electorales que promovieron al primer Presidente de perfil civil desde Juan José Arévalo, en 1944. Dos años después, en 1987, cinco presidentes centroamericanos firmaron los que serían los primeros acuerdos para el restablecimiento del orden democrático de los países aún enfrentados en guerras internas. Era el principio del fin del conflicto.

Mientras eso sucedía, la AIN también se desarrollaba como promotora de un cambio paulatino en el país, es la segunda década de su trabajo en Guatemala y que es marcada entonces por los procesos de restablecimiento de la paz, entre 1986 y 1996.

“Han sido incontables los testimonios de las atrocidades cometidas que han sido transmitidas a AIN, que participó primeramente con ayuda humanitaria de emergencia después de las masacres, en casos de inanición extrema y quema de las comunidades rurales”, menciona en el texto Petter Skauen, quien durante distintos periodos fue representante de país de Ayuda de la Iglesia Noruega en Guatemala.

Fue la participación noruega, cuenta Skauen, un pilar fundamental para establecer vínculos entre los grupos guerrilleros y la cúpula militar. La AIN había tenido distintos acercamientos con líderes de la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URNG), quienes expresaban sus perspectivas desde ese lado del conflicto y solicitaban auxilio para sus familiares enfermos.

“En Guatemala, a AIN le había sido asignada la misión de preparar y cooperar con la delegación gubernamental que iría a Oslo, y ocuparse de todos los asuntos prácticos antes de la partida. Después de posponer varias veces el viaje y después de tener la garantía de que serían los líderes de alto mando de la URNG los que se reunirían con la delegación del gobierno en Oslo, se decidió finalmente la fecha de salida. Las delegaciones del gobierno de Guatemala y de la URNG se encontraron en Oslo en marzo de 1990. Este primer encuentro tuvo un apoyo amplio entre las autoridades noruegas, la FLM y AIN. Las partes en conflicto suscribieron el Acuerdo de Oslo como base para las próximas negociaciones”, relata Skauen.

Además, relata que el Ministerio de Relaciones Exteriores de Noruega y la AIN participaron activamente, entre 1990 y 1996, de las conversaciones y reuniones que producirían la firma de los Acuerdos de Paz. “Se hizo particular énfasis en la construcción de una red internacional que pudiera contribuir a la resolución pacífica del conflicto armado que duró 36 años. Durante este periodo, el MREN (Ministerio de Relaciones Exteriores de Noruega) y AIN fueron invitadas a conducir directamente las conversaciones de negociación entre las partes en conflicto. El rol más importante de Noruega fue crear una atmósfera de confianza entre las partes, así como promover y facilitar el proceso de paz”, apunta.

“Los acuerdos lograron evidenciar que la solidaridad internacional y el acompañamiento oportuno fueron una contribución necesaria y decisiva”.

PETTER SKAUEN, representante de país de Ayuda de la Iglesia Noruega en Guatemala.

De la paz a la inclusión social

Firmando uno de los acuerdos de paz: Petter Skauen (AIN), Dr. Jorge Rosal (enlace diplomático de la URNG) y Ricardo Ramírez de León (alias comandante Rolando Morán, URNG).

Luego de ser parte de la red de actores más importantes para el apoyo social y la culminación del enfrentamiento armado, la Ayuda de la Iglesia Noruega se convierte –después de la Firma de los Acuerdos de Paz en diciembre de 1996– en un cooperante para el restablecimiento del tejido social desmenuzado por los casi 40 años de guerra.

El papel fundamental en los primeros dos años de la era pacífica fue fomentar el retorno de los desmovilizados.

Sin embargo, el trabajo realizado desde 1976 por AIN para crear organizaciones locales de comunitarios que pudieran ayudarse a sí mismos se vio reflejado en los últimos años del siglo XX. Los lazos tejidos en las comunidades para rehacer su propia historia fueron fundamentales para el desarrollo de proyectos que se sostuvieran en el tiempo. Es así como AIN deja de apoyar financiera y logísticamente a ciertas organizaciones que lograron ser autónomas.

En cambio, la perspectiva de los noruegos se modifica entendiendo que la realidad del país también ha sido modificada y los retos sociales que presentaba el nuevo milenio eran otros. La prioridad: la mujer como centro de convergencia de las comunidades.

“Desde el año 2001, el apoyo se dirigió en mayor grado en el trabajo de prevención contra la violencia y de prevención del VIH/Sida, en concordancia con la estrategia global que AIN había aprobado para el periodo 2000-2004. Como resultado de estos cambios, la cooperación –con algunas de las contrapartes– llegó a su fin y se inició la cooperación con nuevas organizaciones defensoras de los derechos sexuales y reproductivos y de la diversidad sexual, incluyendo organizaciones de fe e iglesias que trabajaban por estos derechos. La cooperación con las contrapartes también implicó apoyar sus gastos de funcionamiento y se puso énfasis en su fortalecimiento institucional”, explica Johan Hindahl, responsable por América Latina en la oficina central de AIN.

La esperanza de que con los Acuerdos de Paz en Guatemala se resolvieran los vacíos en políticas públicas enfocadas al desarrollo del país y de la sociedad, se atenuaba cada año. Han pasado dos décadas desde la firma y los problemas sociales que originaron el conflicto están más agudizados. Es así como el papel de la AIN ha estado enfocado en fomentar el desarrollo, la educación, la salud y la reivindicación de los derechos más fundamentales.

Ahora culmina la participación activa de la Ayuda de la Iglesia Noruega, así como la representación diplomática de esa nación en Guatemala. Fueron cuarenta años dedicados a la lucha por mejores condiciones de vida y a la priorización de los derechos humanos. Solo queda el legado, la cohesión social lograda, la carencia de un conflicto armado aunque eso no signifique la paz y la ilusión de convertir a Guatemala en un país verdadero con una democracia fuerte y un Estado capaz.

“El mejor fruto de la paz ha sido el ejercicio de libertades políticas por una ciudadanía que hoy actúa con más espacios para denunciar que sigue existiendo violación sistemática de derechos humanos. Parece una paradoja: hay más libertad para denunciar que no hay libertad. Un gran desbalance entre las libertades políticas y las libertades socioeconómicas es la razón principal de este contrasentido”.

TANIA PALENCIA, analista política e investigadora social.

“Como guatemaltecas y guatemaltecos, y en particular los pueblos indígenas y las mujeres mayas, hemos tenido el privilegio de que pueblos hermanos e instituciones de gran prestigio universal, a partir de un alto sentido de solidaridad y de hermandad, hayan caminado junto a nosotras y nosotros en la construcción de la paz. Por ello, mi profunda gratitud al pueblo de Noruega, en especial a Ayuda de la Iglesia Noruega –AIN–, a quienes rindo un homenaje por la contribución invaluable en los procesos históricos de mayor relevancia para la sociedad guatemalteca, que a lo largo de estos 40 años de misión de solidaridad en nuestro país, han acompañado de manera extraordinaria y sostenida”.

RIGOBERTA MENCHÚ, Premio Nobel de la Paz 1992.

Etiquetas: