Miércoles 14 DE Noviembre DE 2018
Nación

Seis encuentros y 37 días le bastaron a la DEA para apresar a los sobrinos del presidente Nicolás Maduro

Por primera vez la Fiscalía revela detalles de cómo se usaron testigos encubiertos para capturar a los familiares del presidente de Venezuela, Efraín Campo Flores y Franqui Flores de Freitas, en su negocio de narcotráfico.

Fecha de publicación: 30-07-16
Por: Tamoa CalzadillaFollow
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Un seguimiento digno de película tuvo de protagonistas a dos familiares muy cercanos a la familia presidencial de Venezuela: Efraín Antonio Campo Flores y Franqui Francisco Flores de Freitas. Seis encuentros clave en 37 días le bastaron a la DEA (la agencia antinarcóticos de EE. UU.) para ponerle las esposas a los sobrinos de la primera dama, Cilia Flores, esposa de Nicolás Maduro.

El contacto “equivocado”

La primera vez que se registró un encuentro fue en la paradisíaca isla hondureña de Roatán. Los primos Campo y Flores, movidos por el deseo de obtener dinero fácil para su consumo personal –según sus testimonios– contactaron a un hombre en silla de ruedas (el Sentado) para llevar la droga en vuelos legales desde Caracas, donde usarían su ascendencia política para pasar sin revisión. Sin saberlo, Campo y Flores hablaban con un informante de la DEA (CW1), un acusado por narcotráfico que negoció con las autoridades estadounidenses su reducción de pena a cambio de ayudar a capturar narcos.

El hombre avisó a la DEA que un par de venezolanos estaba por caer. Los sobrinos presidenciales viajaban en vuelos privados. Campo les aseguró que él estaría a cargo de manejar el trato en Venezuela y que él y Flores estarían presentes en el aeropuerto para la carga de cocaína en el avión.

También le dijo a los testigos cooperantes que el avión no sería seguido por la ley desde la partida de Venezuela porque “saldría de aquí como si… alguien de nuestra familia estuviera en el avión”.

Guardaespaldas que ayudan a cargar

Por su parte, Flores confesó que sus escoltas personales sabían de la operación y lo ayudarían a montar la carga de cocaína en el vuelo. Ambos se mostraron siempre confiados en el poder que les daba el apellido presidencial para abrir puertas, por lo que comentaron que no necesitaban contactos entre los militares ni los policías.

A finales de octubre de 2015, Campo y Flores se reunieron tres veces con sus supuestos socios para la operación de narcotráfico en Caracas, Venezuela. Uno de ellos cuenta cómo cerraron negocio en un restaurante de comida Thai cerca del centro comercial El Tolón, en el este de la capital.

En una de esas tres reuniones caraqueñas, Campo dijo que su proveedor de cocaína podía proveer el primer cargamento en “un par de días” y que esa persona les “aseguraba” que la calidad de la droga era “lo mejor que podías conseguir”. Esa persona era el Flaco, quien según los testimonios de los acusados conseguía el producto a través de la guerrilla colombiana FARC.

Al día siguiente, los testigos encubiertos obtuvieron fotos del momento en el que Campo manipula un paquete del “producto”, que denominaban “el kilo”. Allí, los supuestos socios comentaron que basados en el olor, apariencia y textura, se trata de cocaína con 95 por ciento o 97 por ciento de pureza.

Treinta y dos archivos que los inculpan

Según el informe que publicó la Fiscalía, por cada encuentro se obtuvieron: un audio (el archivo de mayor duración) y varios videos (entre tres o siete por cada reunión). También interceptaron teléfonos y correos electrónicos.

En las conversaciones lograron determinar la ruta que seguiría la droga, los planes de vuelo, participantes, distribución del dinero de la operación y el destino. Entre ellos estaba Honduras, México y varias ciudades de los EE. UU., cosa que lograrían con el Mexicano (otro informante de la DEA).

Caso narcosobrinos manipulando la cocaína

En la penúltima reunión, Campo y Flores sostuvieron un encuentro en Honduras donde hicieron una promesa: Flores enviaría la primera carga de cocaína el domingo 15 de noviembre de 2015.

La mañana del 10 de noviembre, los sobrinos de Cilia Flores y otros cuatro hombres (incluidos los pilotos) viajaron en jet privado a Puerto Príncipe. El testigo encubierto CS1 les entregaría US$5 millones. Se reúnen con él en el restaurante de un hotel cerca del aeropuerto –a pocas cuadras de la embajada de EE. UU.

Los agentes uniformados de la lucha contra el tráfico de estupefacientes de Haití (BLTS, por sus siglas en francés) y la DEA aguardaban el momento para dar el golpe. Campo y Flores confirmaban la operación que ocurriría en cinco días. CS1 se levantó para ir al baño. De pronto un grupo comando irrumpió y los tomó por sorpresa.

En el avión de la DEA

Después de los procesos legales de extradición, Campo y Flores fueron subidos a un avión de la DEA, donde el agente de esa unidad de policía, Sandalio González, se encargó de leerles los derechos y asegurarse de que firmaran la renuncia al Derecho Miranda, con el famoso: “tiene derecho a guardar silencio y cualquier cosa que diga podrá ser usada en su contra en una Corte”.

Luego de obtener ambas firmas, el agente González procedió a entrevistar a cada primo por separado durante el vuelo a Nueva York, donde serían procesados y encarcelados. Ambos ofrecieron detalles que, en efecto, están siendo usados en su contra en la Corte. Especialmente, cuando al ver la foto de un paquete de cocaína en sus manos –imagen extraída por los testigos de la DEA– el agente le preguntó a Campo: ¿quién es ese?, a lo que respondió “soy yo” y a la repregunta de qué era lo que cargaba, Campo soltó: “tú sabes lo que es”.

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