Lunes 24 DE Septiembre DE 2018
Nación

Caso Sepur Zarco: el alcalde auxiliar que prefirió ser torturado y no traicionar

Manuel Cu es uno de los testigos en el juicio por esclavitud y violaciones sexuales cometidas en campamento militar.

 

 

Fecha de publicación: 03-02-16
Por: JOSÉ DAVID LÓPEZ jlopez@elperiodico.com.gt
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Estaba ahí sentado frente a un tribunal. Su voz no se quebrantó ni exaltó mientras relataba la tortura a la que fue sometido en 1982, mientras era el alcalde auxiliar de la comunidad San Miguelito, de Panzós, Alta Verapaz. Su nombre es Manuel Cu.

“Ellos querían el nombre de las personas que querían legalizar sus lotes, pero no lo hice”, narró el ahora testigo en el juicio contra el ex teniente coronel Esteelmer Reyes y el ex comisionado militar Heriberto Valdéz Asij.

Cú se refería al momento en que fue detenido por los soldados. Afirmó que los pobladores de San Miguelito se organizaron para legalizar los terrenos en los que vivían, por lo cual era el encargado del trámite de cada persona. Esa, según declaró, fue la razón de su captura.

En ese momento su rostro fue cubierto con un trapo y trasladado hacia el campamento militar Pataxte, lugar donde permaneció recluido por 45 días, de acuerdo con su testimonio. La teoría del Ministerio Público (MP) es que ese sitio era un centro de tortura.

“Hasta el atardecer me sentía vivo, porque disminuía el calor”, recordó Cu. Pero el calor en la base militar no ero lo único que soportaba en esos días. Narró que fue amarrado de pies y manos. Para comer debía tirarse al suelo y en ocasiones tuvo que tragar el “monte” que lo rodeaba.

El rogar por agua tampoco lo olvida. Los militares se orinaban sobre él cuando la pedía y a veces los orines eran lanzados dentro de botellas. Declaró que bebió del agua que se acumulaba en algunos surcos… era eso, o nada.

Luego de permanecer en el campamento, fue llevado a Sepur Zarco, el destacamento donde las mujeres eran obligadas a lavar ropa y cocinar para los soldados. En ese lugar fueron agredidas sexualmente por estos. Ahí él estuvo en las mismas condiciones que en Pataxte. Fue un espectador de la esclavitud que vivían las mujeres de la aldea.

Un cambio de autoridades en Sepur Zarco hizo que el ahora testigo lo abandonara y los vecinos de la comunidad curaron sus heridas. “No todos los soldados son malos, algunos eran bueno”, expresó.

34 años después, Cu no se arrepiente de resistir la tortura. Delatar a sus vecinos tendría un solo camino que otras comunidades conocieron: la muerte.

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