Domingo 23 DE Septiembre DE 2018
Nación

Batalla en El Cambray II por recuperar los cuerpos de los desaparecidos

Miles de personas apoyaron ayer una jornada marcada por el dolor y la esperanza. Aunque de acuerdo con la Conred son pocas las probabilidades de encontrar personas con vida.

Fecha de publicación: 04-10-15
Por: José David López jlopez@elperiodico.com.gt
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Bomberos, policías, brigadas de la Conred y vecinos de la comunidad hacen una cadena humana y con cubetas retiran tierra en el área afectada por el derrumbe del jueves último. / Elperiódico > Elías Rodríguez

En la morgue provisional ubicada en el ingreso del caserío Cambray II, Santa Catarina Pinula, los vecinos del lugar esperaban con impaciencia y angustia reconocer a sus familiares desaparecidos desde el jueves último cuando ocurrió el desprendimiento del cerro localizado en el área.

Sonia Ramos estaba parada y observaba con los ojos llorosos a cada una de las víctimas que eran trasladadas hacia ese lugar. Ella intentaba reconocer a alguno de los diez miembros de su familia, entre niños y adultos, que quedaron soterrados.

Durante la jornada miles de rescatistas trabajaban por retirar miles de toneladas de tierra con el único fin de encontrar a los desaparecidos. Según, la Coordinadora Nacional para la Reducción de desastres (Conred) era casi imposible que se encontraran con vida.

Sonia vive en una casa al lado de la morgue provisional y cerca del río Pinula. Desde ahí escuchó un estruendo la noche del jueves, ese sonido duró segundos pero ahora no puede dejar de escucharlo.

La mañana del 1 de octubre, en la celebración del Día del Niño, fue el último día que Sonia vio a sus familiares. “Luego de escuchar el derrumbe, corrimos todos para ver si los podíamos salvar, pero qué íbamos a hacer con palas, eso era cuestión de máquinas, no de palas”, recordó ayer mientras intentaba contener las lágrimas.

Ella, su esposo y su dos hijos se apuraron a rescatar a su familia esa noche, pero no avanzaron más de medio kilómetro. Una parte de Cambray II había desaparecido entre la tierra y la oscuridad.

La luz entre las sombras

Una energía sobrehumana se vivía ayer en la comunidad destrozada, bomberos y pobladores con palas y piochas en mano bajaron hasta el fondo de la quebrada que rodean la comunidad en un nuevo frente de trabajo. Mientras otros vecinos y empresas como Pollo Campero, San Martín, McDonald’s, Maseca acudían al caserío con alimentos para los afectados y las brigadas de socorristas.

Mayra Labarenzo, era una de las mujeres con una pala en mano, incansable trabajaba al lado de hombres más fuertes. “Tengo bastantes familiares, somos 21 aquí, entre primos y tíos”, mencionó.

“Yo pasé por aquí” y señala los volcanes de tierra que hoy se observan en el área. “Estaba entrando a mi casa cuando pasó. Había ido a traer unos catálogos con mis primas y venía de la Iglesia evangélica, ahí estuvimos, porque todos vivimos cerca y cada quien iba para su casa. La última vez que los vi estábamos bromeando”, recordó.

Un voluntario ayuda a acomodar los ferétros para niños víctimas del la tragedia. / JL Pos

Con la pala trabajaba cuando Mayra habló de nuevo, “todo se oscureció, no se veía nada. A mi casa no llegó, solo a la de mis tíos. Toda mi niñez fue aquí. Aquí jugué. Allí donde está la gente (señala a los socorristas, tal vez estén mis tíos”, el sudor se mezcló con sus lágrimas y aguerrida siguió en la faena.

Mientras la ayuda llegaba, camiones repletos de tierra salían de la comunidad. En la carretera por la que se conducían, un hombre informaba por medio de un megáfono que la Municipalidad de Santa Catarina Pinula entregaría ataúdes para las víctimas, algunas fueron trasladadas a un salón comunal a la espera de ser identificadas, dado el poco espacio dentro de la morgue provisional.

En ese lugar, personal de la oficina del Procurador de los Derechos Humanos, la Procuraduría General de la Nación, la Universidad de San Carlos atendían a los familiares de los desaparecidos, algunos de ellos necesitaron ayuda psicológica.

“Mi tío, mi prima, su esposo y su bebé de 40 días quedaron debajo de la tierra. Yo no sabía nada fui a trabajar el viernes, yo vivo aquí en este lado (en el centro de Santa Catarina Pinula), no pensé que fuera tan fuerte, pero regresé cuando escuché la noticia y me fui corriendo al barranco”, indicó Marta Sánchez, afuera de la morgue provisional localizada en ese salón comunal.

“No podía hacer nada, nada aunque lo intentara”, perdió las fuerzas y su voz se hizo un hilo. “Solo pude llegar a la morgue, no me dejaron pasar más allá. Mi primo sí pudo, él trabajó todo el viernes hasta la madrugada, como a las dos de la mañana logró sacar a mi tío”, agregó.

No logró contener el llanto. “Ahora estoy esperando que me den su cuerpo. Todavía no están los otros ni el bebé”.

Vecinos llevaban consigo fotografías de sus allegados, las cuales entregaban a las autoridades y compartían con ellos sus características personales, en algunos casos, en ese mismo momento reconocieron a sus familiares desaparecidos.

Otros estaban en el lugar desde las 6:00 horas como Francisco Gómez, quien buscaba a su hermana, su cuñado y cuatro sobrinos. Hasta las cuatro de la tarde de ayer ninguno había sido encontrado. “No supe nada hasta ayer –viernes– que vi las noticias”, afirmó con la voz quebrada.

En el centro del municipio, las iglesias y comercios se convirtieron en centro de acopio de alimentos, ropa y otros utensilios para las familias damnificadas. La incertidumbre reinaba en lugar, bajo el cielo nublado que amenazó con suspender las actividades de rescate.

Bolsas con agua pura, ropa, alimentos y otros víveres son clasificados por cientos de voluntarios. / JL Pos

El duelo se dejaba ver ayer en las calles de Santa Catarina Pinula. Se observaban carteles en apoyo de las víctimas y los primeros cortejos fúnebres de los difuntos que fueron enterrados ayer.

Familia pide ayuda en San Marcos

Tania Teresa García Salic, se comunicó por última vez con sus familiares el jueves. Ella, junto a su esposo, José Jonathan Sandoval, Melanie, Bryan José, Estéfani de apellidos Sandoval García murieron en El Cambray II. “Nunca pensamos que iban a morir de esa forma” dijo Maribel Escobar.

Para ayudarlos se abrió la cuenta de ahorros 4024193441 de Banrural.

La taxista desolada

 Flor de María Cuyuch Flori, conduce un taxi y es muy apreciada por sus  pasajeros. El jueves a las 21 horas se condujo por en la 20 calle de la zona 10 hacia El Cambray II y cuando llegó a la aldea la encontró destruida.

Flori, una de las pocas taxistas de su género, perdió la sonrisa que le caracteriza cuando le informaron que en la tragedia habían muerto su madre, Francisca Cuyuch, sus dos hijos, Julio, de 24, y Gerson Valenzuela, de 22 años.

“La Conred nos advirtió hace años, pero nunca nos dijo qué hiciéramos”,

Mayra Labarenzo.

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