Martes 19 DE Marzo DE 2019
Nación

El desarrollo que se firmó, pero que nunca llegó

“elPeriódico” realizó un recorrido por lugares de Quiché y Alta Verapaz, departamentos más afectados por la guerra interna en el país, donde se reportan 31 mil 400 y 6 mil 485 violaciones a los derechos humanos durante ese período.

Fecha de publicación: 28-12-14
Por: CINDY ESPINA Cespina@elperiodico.com.gt
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Si no fuera por algunas casas de concreto, un complicado camino de terracería, las viejas estructuras de los centros educativos y salud, además del servicio de energía eléctrica que llegó recientemente, las aldeas Cuarto Pueblo y Santa María Tzejá serían las mismas de hace 44 años.

Estas se encuentran ubicadas en el municipio de Ixcán, departamento de Quiché, en la zona norte del país, en medio de gran parte de la selva maya. Los

primeros habitantes que se establecieron en la región entre los años 1969 y 1970, provenían principalmente de la zona del altiplano, donde trabajaban como mozos para grandes terratenientes, quienes en época de zafra los llevaban a la costa en donde laboraban a cambio de un pequeño terreno, en el cual podían vivir con su familia.

Los pobladores de Santa María Tzejá y Cuarto Pueblo están a cinco horas de distancia, si se transportan en buses colectivos a cada uno de los pueblos; y a tres horas, si viajan de forma individual en picop, esto debido a que el mal estado de los caminos hace que el acceso sea complicado.

Pese a la distancia y la complicación que tienen las carreteras que los comunican, los habitantes de ambas aldeas poseen una historia en común que los hizo tener un aire de esperanza hace 18 años, cuando el país firmó los Acuerdos de Paz.

Esto después que más de la mitad de la población fue masacrada y obligada a buscar refugio en México a principio de los años ochenta, debido al conflicto armado interno que se vivió en el país.

Los Acuerdos de Paz fi rmados el 29 de diciembre de 1996 tenían como fin terminar una guerra interna que duró 36 años en el país, la desmilitarización y disolver a los grupos guerrilleros eran parte de los acuerdos operativos de la paz. El tratado también buscaba la no repetición del conflicto, a través del desarrollo socioeconómico y cultural, con el fin de eliminar la brecha de desigualdad social y exclusión en que vivían las personas de los pueblos afectados en esa época por el conflicto armado interno.

SANTA MARÍA TZEJÁ, AL PUEBLO QUE LE FALTA TODO Y LE SOBRAN ANTENAS

Para llegar a Santa María Tzejá debe recorrer la carretera de la Franja Transversal del Norte, desviarse 500

metros antes de entrar a Playa Grande (si viene de Cobán) y atravesar, ya sea en bus o picop, un descuidado camino de terracería. A primera vista pareciera que los años

ochenta se detuvieron en ese pueblo, pero las torres que surten energía eléctrica a las casas y las antenas de televisión digital recuerdan que ya se está en la Guatemala del siglo XXI.

En Santa María Tzejá vive Pedro Canil, quien tenía 18 años cuando se fundó esa aldea, el 19 de enero de 1970.

Canil es un hombre de 62 años, de baja estatura y moreno; usa botas de hule y un sombrero mientras trabaja la milpa. Atiende a reporteros de elPeriódico afuera de una pequeña casa de concreto que le construyó el Estado a finales de 2007, por medio de un pro-yecto de vivienda popular ejecutado por una Organización No Gubernamental; y como parte del plan de resarcimiento que benefi ció a 200 familias del lugar y que costó Q968 millones 325 mil en inversión.

Para el anciano estar sentado afuera de la pequeña vivienda ha sido toda una odisea, Canil cuenta que la razón que lo motivó a establecer un hogar en medio de la selva fue porque “desde pequeño cuando me llevaban a trabajar en la costa, soñaba con tener una casa y un terreno propio… porque el que nos daba el patrón era muy pequeño y con lo que ganábamos jamás podríamos comprarlo”.

Por medio de la Cooperativa Agrícola y de Servicios Varios de la Zona Reyna, en 1970 lograron obtener terrenos, cultivar y construir sus propias viviendas. El primer proyecto en el lugar fue construir una pista de aterrizaje, la cual permitía que se pudiera ingresar medicamentos, alimentos y otros productos. “A finales de los años setenta, todo iba bien”,asegura Canil. “Pero al mismo tiempo, en esa época, la guerrilla empezaba a caminar más por aquí y hablaba con la gente sobre los problemas de desarrollo en el país y la corrupción de los gobiernos… a mí no me decían nada nuevo, yo eso ya lo sabía desde que tenía 15 años… pero algunos sí se sintieron identifi cados con las ideas de la guerrilla”, relata.

Es por esta razón, que para los aldeanos y, en especial para Canil, todo cambió en 1982. El domingo 13 de febrero de ese año, el Ejército entró a la aldea como parte de un operativo contrainsurgencia establecido en el Plan de Campaña

Victoria 82. Pero cuando los soldados llegaron, ya todos se habían ido. Dos sobrevivientes de una masacre sucedida en el pueblo La Trinitaria, habían alertado a los pobladores de Tzejá sobre las intencionesde las fuerzas armadas del Estado, de reunirlos un domingo en la iglesia y quemarlos, cuenta sin inmutarse el anciano.

Esto obligó a que la familia de Canil se refugiara en las montañas, pero al tercer día las balas del Ejército alcanzaron al primer hijo y a la madre de Pedro Canil. Seis meses después de vivir en las montañas, la mitadde los habitantes de

Santa María, unas 300 personas, decidieron irse a México a buscar refugio y fue hasta 1994 que regresaron gracias al acuerdo para el reasentamiento de las poblaciones desarraigadas por el enfrentamiento armado.

“Al regresar de México (12 años después) ya había camino, pero estaba peor que el que tenemos ahora. Había escuela primaria, pero solo habían dos maestros fi jos, después de eso todo era igual”, explica Canil.

Antes de la firma de los Acuerdos de Paz en 1996, se instaló en nivel básico y el Centro de Salud en Tzejá, el cual no cuenta con medicamentos ni doctor.

Según el anciano, en 2003 se trató que se impartiera la carrera de magisterio en la aldea, pero ya no se pudo. A la fecha los jóvenes que culminan la secundaría tienen que viajar hasta Playa Grande para terminar sus estudios de nivel diversificado.

El servicio de energía eléctrica llegó en 2007, pero el agua potable aún sigue ausente, muchos como Pedro Canil, aún utilizan canales que recogen agua de lluvia, la cual utilizan para lavar ropa o trastes, es por esto que la mayoría de las casas aún tienen letrinas como servicio sanitario.

“Muchos tienen sus casas de concreto o sus bombas, pero eso es a nivel personal, ya sea que se hayan ido a Estados Unidos o que les haya ido bien con el cultivo de cardamomo, que es lo que se da más aquí. Pero en el desarrollo común, poco es lo que se ha hecho de parte del Gobierno”, relata Canil.

Durante estos últimos años, de 2007 a 2012, Canil trabajó en Estados Unidos para que sus cinco hijos pudieran estudiar en la universidad. “Ahora que ya son estudiados, viven en la capital, porque aquí no hay futuro para ellos… aquí no hay empleo ni para los graduados de maestros que esperan meses para que les salga una plaza con el Ministerio de Educación”, dice. Ahora Canil vive solo en la casa de concreto del terreno que el Estado le

otorgó, su esposa murió hace dos años, dice ya no tener muchas esperanzas que las cosas cambien en su aldea, mientras tanto sigue cultivando milpa para su propio consumo y quiere reparar la casa de madera que construyó cuando regresó de México con su familia.

 

EL PUEBLO QUE SE QUEDÓ SIN PUEBLO

 

Para llegar a Cuarto Pueblo no hay necesidad de detenerse en Playa Grande, se debe seguir conduciendo 20 minutos más sobre la carretera de la Franja Transversal del Norte y después desviarse a un camino estrecho de terracería, que debido a la lluvia constante, se convierte en un trayecto de lodo. A Cuarto Pueblo los buses no entran. Si no se tiene un picop o camión, las per- sonas tienen que caminar durante una hora y media para llegar a la aldea.

Cuarto Pueblo fue fundado a fi na- les de 1969, también por medio de la cooperativa de la  Zona Reina y al igual que Santa María, solo se podía ingresar por vía aérea. Es por eso que se instaló una pista de aterrizaje en el centro del pueblo, la cual todavía se aprecia junto a los restos de chatarra de una de las avionetas que se utilizaron.

La historia de Cuarto Pueblo es aún más trágica que la de Santa María, según Guatemala Nunca Más, el informe del proyecto interdiocesano Recuperaciónde la Memoria Histórica (Remhi), 350 personas fueron masacradas en ese lugar. Según Anselmo Roldán y Manuel Díaz Hernández, quienes eran niños en esa época, la mitad del pueblo murió. Los nombres de las víctimas están ahora escritos en un monumento cerca del centro del lugar.

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