Viernes 23 DE Agosto DE 2019
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El viaje del Apolo 11, medio siglo de una gesta en el espacio

El 20 de julio de 1969 marcó un hito en la historia de la humanidad. Por primera vez, un ser humano ponía su huella en la superficie de un cuerpo celeste distinto a la Tierra.

Fecha de publicación: 20-07-19
FOTOS: NASA
Por: EUROPA PRESS

Aunque esta hazaña fue posible gracias a un extenso equipo de ingenieros, diseñadores, técnicos, científicos y pilotos, el éxito de la llegada del hombre a la Luna no se podría explicar sin conocer el contexto socio-político del momento ni los orígenes de la carrera espacial.

Entre finales del siglo XIX y principios del siglo XX varios científicos comenzaron a teorizar respecto al uso de cohetes para viajar fuera de los límites de la tierra, siendo uno de los más prominentes el estadounidense Robert Goddard.

Este ingeniero y físico lanzó con éxito el primer cohete propulsado con combustible líquido en 1926. No obstante, el desarrollo de la tecnología de cohetes recibió un impulso decisivo debido a su potencial como arma de guerra. En Alemania, el joven ingeniero y físico Wernher von Braun, un apasionado de la aeronáutica y de los viajes espaciales, comenzó desde muy joven a fabricar cohetes caseros.

Cuando Hitler ascendió al poder en 1933, von Braun no desperdició la oportunidad de avanzar en su carrera en el campo del diseño de cohetes y se enroló en el ejército alemán. Sus conocimientos fueron fundamentales para el éxito del programa alemán de cohetes. La culminación del trabajo de von Braun y su equipo fue el V-2, el primer cohete balístico con carga explosiva. Con este ingenio Alemania se puso a la cabeza en el desarrollo de la tecnología aeronáutica, muy por delante de los países aliados. A pesar de que se lanzaron más de 3.000 de estos ingenios sobre Inglaterra, Francia y Bélgica causando más de 9.000 muertos, el V-2 llegó demasiado tarde para inclinar la balanza a favor de Alemania.

Con la derrota alemana y el fin de la guerra en Europa en mayo de 1945, los estadounidenses decidieron que era de vital importancia contar tanto con la tecnología de cohetes como con los hombres que la habían desarrollado. Para ello, priorizaron la captura de todos los cohetes ensamblados que no se habían lanzado, la totalidad las piezas listas para su ensamblaje, las herramientas para la fabricación y construcción de los cohetes así como toda la documentación que encontraron en las instalaciones.

Todo el material fue cuidadosamente trasladado a los EE.UU. para su estudio. De forma paralela, el ejército concibió una operación secreta con el nombre en clave de Paperclip, en la que un equipo de militares de élite recibió la orden de buscar y capturar a todos los responsables del programa de cohetes alemán responsables, incluyendo científicos, ingenieros y técnicos del programa de cohetes, con el fin de trasladarlos a los EE.UU. junto con sus familias. Muchos, incluyendo el propio von Braun y los miembros de su equipo, fueron localizados y trasladados a los EE.UU. Otros cayeron en manos soviéticas.

LA GUERRA FRÍA

A pesar de ser aliados, las diferencias entre los EE.UU. y la Unión Soviética comenzaron a ponerse de manifiesto apenas terminó la Segunda Guerra Mundial. Ambas naciones luchaban por convertirse en la potencia hegemónica en el nuevo mundo que emergía de una de las guerras más devastadoras que había conocido la humanidad.

Este factor fue determinante en el interés estadounidense por adquirir la tecnología alemana, aún pasando por alto las implicaciones morales que suponía contar con unos hombres cuyo trabajo había traído consigo tanto sufrimiento al mundo. En su condición de “empleados especiales”, los científicos alemanes mostraron a los estadounidenses la tecnología y supervisaron las primeras pruebas con los cohetes V-2 capturados. En los años posteriores, el impulso en el desarrollo de los cohetes se debió, de nuevo, a su vertiente como arma militar.

Con la Guerra Fría en su apogeo las miradas de ambas naciones se fijaron en el espacio. Se trataba de un campo en el que se jugaba el prestigio y el dominio tecnológico en una nueva frontera. A mediados de los años 50, las dos superpotencias hicieron públicos su deseo de conquistar el espacio, inaugurando la denominada carrera espacial.

Fue la URSS la que se adelantó cuando el 4 de octubre de 1957 lanzó con éxito el primer satélite artificial de la historia, el Sputnik I. Esta gesta encendió todas las alarmas en los EE.UU., que hasta ese momento había apoyado tímidamente el desarrollo de tecnología aeroespacial. Wernher von Braun languidecía en su puesto del ejército y cuando tuvo conocimiento del lanzamiento del satélite soviético vio la oportunidad perfecta para conseguir los fondos que necesitaba para alcanzar su sueño: el desarrollo de cohetes para llevar al hombre al espacio.

Von Braun mantuvo entrevistas y reuniones con la dirigencia política de Washington advirtiendo del peligro que suponía para el mundo libre que la URSS estuviese a la cabeza de la carrera espacial. Con este mensaje, el científico alemán logró su objetivo. Los fondos comenzaron a llegar y los estadounidenses lograron lanzar pocos meses después el satélite Explorer I utilizando como plataforma uno de los cohetes desarrollados por von Braun. Finalmente, el 1 de octubre de 1958 nació la NASA (Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio) una organización gubernamental que canalizaría todos los esfuerzos para adquirir conocimientos científicos y tecnológicos en el campo aeroespacial y llevar al hombre al espacio.

EL PROYECTO MERCURY

El lanzamiento de satélites para orbitar la tierra fue tan solo el primer paso en la carrera espacial. El siguiente objetivo fue poner un ser humano en órbita. Tanto la URSS como los EE.UU. deseaban ser los primeros en alcanzar este hito. La NASA creó el proyecto Mercury, con el objetivo principal de poner un ser humano en órbita y lograr que volviese a la tierra sano y salvo. Si los estadounidenses lograban ser los primeros en lograr el objetivo, adelantarían a los soviéticos y recuperarían el prestigio tecnológico.

No obstante, fue de nuevo la URSS la que tomó la iniciativa cuando el 12 de abril de 1951 el cosmonauta Yuri Gagarin logró dar una vuelta a la órbita terrestre a bordo de la nave Vostok I. La NASA respondió enviando a su primer astronauta al espacio, Alan Shepard, quien realizó un vuelo suborbital el 5 de mayo de 1961. Poco después, John Glenn dio tres vueltas completas a la órbita de la tierra el 20 de febrero de 1962. Cuando concluyó el proyecto Mercury los estadounidenses seguían por detrás de los soviéticos. No obstante, seis hombres habían viajado al espacio y los científicos de la NASA habían adquirido conocimientos respecto al comportamiento del ser humano en el espacio, además de avanzar en el desarrollo de cohetes más eficientes y de mayor potencia.

EL IMPULSO DE JFK

Para los científicos de la NASA el siguiente paso natural de la exploración espacial era la llegada del hombre a la luna. Este objetivo se discutió en las primeras fases de la carrera espacial, siendo el proyecto Mercury tan sólo la primera etapa para obtener el ambicioso objetivo. El proyecto Gemini, que comenzó a principios de 1962, era la segunda etapa en un objetivo que pretendía tomar de manera definitiva la iniciativa en la carrera espacial.

Pero para ello era necesario dotar de fondos a la NASA. Y fue el presidente John F. Kennedy quien, en un incisivo discurso en el congreso el 25 de mayo de 1961, plasmó esta idea pidiendo a los políticos y a toda la sociedad estadounidense que pusiesen todos los recursos necesarios para alcanzar el objetivo de llegar a la luna. Kennedy abogó por alcanzar el objetivo de la llegada del hombre a la luna para antes del final de la década de los años sesenta. Aunque Kennedy no lo pudo ver, las bases para que la epopeya del Apolo 11 fuese posible ya se habían asentado.

EL PROYECTO APOLO

Cumplidos los objetivos del proyecto Gemini, en el que se probaron con éxito nuevos cohetes, se realizó el primer paseo espacial estadounidense, se ensayaron acoplamientos de varias naves en el espacio y se probaron nuevos procedimientos de vuelo orbital, comenzó la fase final para llevar al hombre a la luna: el proyecto Apolo.

Para ello se desarrolló un imponente cohete con el nombre de Saturno V, en gran parte obra de von Braun. A pesar del entusiasmo inicial, el Proyecto Apolo sufrió un significativo retraso debido a la tragedia de la misión Apolo 1. El 27 de enero de 1967, durante unas pruebas de presurización de cabina en tierra, un devastador incendio en el módulo de mando costó la vida a Virgil Grissom, Edward White y Roger Chaffee. Este accidente recordó al público que la exploración espacial no estaba exenta de riesgos. Tras evaluar el origen del fallo que provocó el accidente, las operaciones se reanudaron y la NASA comenzó a probar los componentes en una serie de misiones preparatorias.

Así, el Apolo 8 fue el primero en realizar el viaje hasta la órbita lunar. Por su parte, el Apolo 10 de mayo de 1969 supuso un ensayo general en el que, excepto por el alunizaje, se pusieron a prueba por última vez todos los procedimientos para completar con éxito el objetivo final. La misión a la luna quedaría reservada a los tripulantes del Apolo 11.

EL VUELO DEL APOLO 11

Finalmente, y tras más de una década de planificación, llegó el gran día. En la mañana del 16 de julio de 1969 miles de personas se congregaron en las cercanías del centro de lanzamiento de cohetes de la NASA en Cabo Cañaveral, en el estado de Florida y el lanzamiento fue transmitido en vivo por radio y televisión a 33 países.

El comandante de la misión era Neil Armstrong, con Edwin “Buzz” Aldrin como asistente y copiloto del módulo lunar. El tercer miembro de la tripulación, Michael Collins, se mantendría pilotando el modulo de mando en la órbita de la luna, mientras sus dos compañeros descenderían con el módulo lunar. Como era tradición, la tripulación eligió los nombres de ambos módulos. El módulo de mando recibió el nombre de Columbia y el módulo lunar se bautizó como Eagle.

El lanzamiento se efectuó sin contratiempos. Las etapas del cohete Saturn V fueron desprendiéndose según lo previsto, lanzando a los astronautas a toda velocidad hacia nuestro satélite natural. El viaje hasta la luna duró tres días y la nave entró en órbita lunar el 19 de julio. Mientras la tripulación realizaba pruebas programadas y evaluaba las condiciones del lugar elegido para alunizar, la nave realizó treinta órbitas alrededor de la luna. El área designada para el alunizaje se había bautizado previamente como el Mar de la Tranquilidad debido a su extensa superficie llana.

El 20 de julio, Neil Armstrong y “Buzz” Aldrin se trasladaron al estrecho módulo lunar para acometer el descenso final. Tras revisar todos los sistemas, el Eagle se desacopló del Columbia y comenzó el descenso, en una maniobra que no estuvo exenta de incidencias. La excesiva velocidad a la que el módulo lunar se acercaba a la superficie hizo que pasaran de largo el lugar previsto del alunizaje.

Mientras tanto, los ordenadores de abordo comenzaron a disparar varias alarmas, aunque desde el Centro de Control les aseguraron que ninguna de ellas impediría completar la misión. A medida que descendían, los astronautas se percataron que el nuevo lugar del alunizaje era un área rocosa que estaba peligrosamente cerca de un gran cráter. Neil Armstrong, un excelente piloto militar de pruebas y dotado de una legendaria sangre fría, tomo el control manual del Eagle y lo pilotó hacia un lugar de alunizaje más seguro. La maniobra de alunizaje consumió la casi totalidad del combustible reservado a este fin. El ritmo cardiaco de Armstrong, controlado desde la tierra, apenas se alteró.

UN GRAN SALTO PARA LA HUMANIDAD

El Eagle se posó en la luna a las 20:17:40 del domingo 20 de julio. Armstrong comunicó la posición de la nave al Centro de Control con la famosa frase: “Houston, aquí Base de la Tranquilidad. El Eagle ha alunizado.”

Tras un periodo programado de descanso de cinco horas, los astronautas comenzaron a realizar los preparativos para el EVA (Extra Vehicular Activity) o Actividad Extra vehicular, lo que en lenguaje coloquial se denomina paseo espacial. Los astronautas tardaron tres horas en ajustarse los trajes espaciales A7L debido al estrecho espacio del que disponían y a la complicación del ajuste de los distintos componentes de la prenda.

Cuando se realizaron las últimas comprobaciones, se procedió a despresurizaron el Eagle y los astronautas abrieron la escotilla. Armstrong fue el primero en descender por la escalerilla y activó la cámara de televisión colocada en una de los extremos del módulo con el fin de transmitir en vivo la señal a la tierra, vista en directo por más de 600 millones de televidentes.

Armstrong alcanzó el extremo de la escalerilla y realizó una pisada en la superficie de la luna, para después pronunciar unas palabras que pasaron a la historia “Es un pequeño paso para un hombre, un gran salto para la humanidad.” Unos minutos después de que Armstrong comenzase su paseo por la luna, “Buzz” Aldrin hizo lo propio. Ambos procedieron a realizar experimentos y recoger muestras del suelo lunar. Armstrong usó su cámara Hasselblad para tomar fotografías y después ambos astronautas plantaron una bandera de EE.UU. en la superficie lunar. Poco después tuvieron una comunicación con el presidente Richard Nixon.

Después de realizar todas las tareas asignadas para la misión en la superficie lunar, Armstrong y Aldrin accedieron al módulo lunar, lo presurizaron y descansaron unas horas antes de despegar. Tras completar los preparativos, el 21 de julio despegó la etapa superior del módulo Eagle de la superficie lunar, quedando en la luna la etapa inferior. Tras un corto viaje, el Eagle se acopló de nuevo al Columbia.

Una vez que los astronautas abordaron el modulo de mando, el Eagle se desacopló y quedó abandonado en el espacio. El 24 de julio, el Apolo 11 se precipitó a través de la atmósfera terrestre y cayó en el océano Pacífico, donde la tripulación y la cápsula fueron recuperadas por miembros de la Armada estadounidense.

La carrera hacia la luna se había completado con el triunfo estadounidense. Los soviéticos nunca intentaron imitar la gesta de llevar un cosmonauta a la luna. La misión Apolo continuó con otras seis misiones, de las que cinco se completaron con éxito. La última vez que el hombre puso el pie en la luna fue en el transcurso de la misión Apolo 17, que tuvo lugar el 7 de diciembre de 1972.