Viernes 16 DE Noviembre DE 2018
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Nicaragua conmemora el aniversario de la revolución tras la toma de feudo opositor

En las últimas semanas, el gobierno de Ortega endureció la represión contra los opositores que bloquearon carreteras y controlaron ciudades, hasta desalojar por la fuerza a sus adversarios. Para el sociólogo independiente Melvin Sotelo, la victoria del gobierno sobre los manifestantes llegó a expensas de derechos fundamentales de la población nicaragüense.

Fecha de publicación: 19-07-18
Por: AFP
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Nicaragua conmemora este jueves el 39 aniversario de la Revolución Sandinista, que encabezó el actual presidente Daniel Ortega, mientras su gobierno proclama un triunfo sobre los manifestantes que desde hace tres meses demandan la salida del poder del mandatario.

El gobierno de Ortega tomó control esta semana de la ciudad rebelde de Masaya, el último feudo controlado por sus opositores, tras un violento enfrentamiento de seis horas que dejó al menos dos muertos, según un organismo de derechos humanos. En un hecho que dio ánimos al oficialismo pero que no deja de empañar la fiesta de este jueves.

“Proclamamos nuestra victoria, nuestro avance sobre esas fuerzas tenebrosas, diabólicas, que durante tres meses azotaron y secuestraron la paz, pero no pudieron”, dijo la vicepresidenta Rosario Murillo el miércoles, en su alocución diaria con medios oficiales.

La celebración del 19 de julio suele ser una fiesta multitudinaria en Nicaragua, con invitados y líderes de la izquierda mundial, pero esta vez Murillo -también esposa de Ortega- se limitó a anunciar actos en cada municipio. Activistas se movilizan en los barrios para llevar seguidores al festejo que se prepara en Managua, bajo un fuerte dispositivo de seguridad.

El presidente venezolano Nicolás Maduro felicitó en Twitter la gesta de hace 39 años y dijo que “hoy, ante las agresiones imperiales, el gobierno de Nicaragua ha derrotado el plan terrorista y golpista. ¡nosotros venceremos!”.

En medio del feriado por la Revolución, las calles de la capital lucen con poco movimiento. Tampoco se reportan enfrentamientos en las calles, como los que han dejado unos 280 muertos desde el inicio de las protestas contra el gobierno, el 18 de abril.

Las vigilias de los barrios, que solían esperar al amanecer para dirigirse a pie a la explanada frente al malecón de Managua donde cada año se celebra la Revolución, no se realizaron y activistas con altoparlantes invitan: “Vamos con Daniel todos a la plaza”.

En Masaya, de donde sus pobladores acostumbraban salir en caravana a Managua, las familias se reguardaron en sus casas, mientras los paramilitares que tienen ocupada la ciudad bailan al son de música con el estribillo “El comandante se queda”.

“¿Qué vamos a celebrar nada hoy? Estamos mal, uno pobre, todo caro, no hay ni gente en las calles. Lo que ha pasado en el país es horrible”, dijo  Petrona Amador, una jubilada de 82 años.

“Antes se celebraba con mucha alegría, pero este gobierno ha estado masacrando, asesinando, llevando presa a mucha gente”, dijo el taxista y exmilitar Gerardo.

En las últimas semanas, el gobierno de Ortega endureció la represión contra los opositores que bloquearon carreteras y controlaron ciudades, hasta desalojar por la fuerza a sus adversarios.

Para el sociólogo independiente Melvin Sotelo, la victoria del gobierno sobre los manifestantes llegó a expensas de derechos fundamentales de la población nicaragüense.

“Lo hizo ahogando el derecho de las personas a manifestarse en repudio al gobierno. No permite ejercer el derecho de los nicaragüenses a organizarse, a elegir libremente a sus autoridades, cerró todas los espacios y posibilidades políticas” de participación, dijo Sotelo.

 El precio del triunfo

Sin embargo, Sotelo consideró que la victoria contra los bloqueos de vías llegó a un precio alto para Ortega. “El presidente políticamente y moralmente perdió mucho. Esto es una guerra de un Estado supuesto a proteger las vidas de las personas contra una población indefensa. Lo que ha creado es rechazo en la población”, sostuvo el sociólogo.

Adicionalmente, enfrentó al presidente con la Iglesia católica de Nicaragua, cuyos jerarcas se han erguido como las principales voces de crítica y defensa de la población ante la represión de las fuerzas gubernamentales, al tiempo que median en el diálogo entre el gobierno y sus adversarios.

Ese diálogo no ha prosperado, principalmente por la negativa de Ortega de aceptar la propuesta de los obispos católicos de adelantar las elecciones de 2021 a 2019, para acelerar su salida del poder.

Paramilitares descansan en el barrio de Monimbo en Masaya, Nicaragua, luego de enfrentamientos con manifestantes antigubernamentales. MARVIN RECINOS / AFP

 Líder revolucionario

El Daniel Ortega actual dista entonces de la figura que emergió de la Revolución Sandinista de 1979, cuando encabezó al movimiento guerrillero que libró a Nicaragua de la dinastía de los Somoza.

Tras dejar el poder por la vía electoral en 1990, Ortega volvió a la presidencia por las urnas en 2007 y desde entonces se reeligió en dos ocasiones, la última en 2016, con su esposa Murillo como vicepresidenta.

Aliado de los empresarios, Ortega despertó críticas por tomar pleno control de los poderes del Estado: el parlamento, la justicia y el tribunal electoral. Sus detractores lo acusan de conformar, junto a su esposa, un régimen marcado por el nepotismo y el autoritarismo.

  Presión internacional

En este contexto, las protestas en contra del gobierno estallaron hace tres meses en oposición a una reforma a la seguridad social, pero la represión hizo que se propagaran hasta convertirse en un amplio movimiento que reclamó la salida del poder de Ortega.

La violencia contra los manifestantes generó también el repudio internacional, lo que sin embargo hizo poco por ablandar la mano del mandatario contra sus opositores.

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