Jueves 15 DE Noviembre DE 2018
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La izquierda, con pocas cartas en América Latina tras comicios en Paraguay

Con el resultado de las elecciones generales del domingo, Paraguay mostró a sus inversionistas, muchos de ellos de Brasil, que es un país estable. Y también que está en consonancia con el rumbo político que está tomando su vecino y otras naciones del continente en un año de varias citas electorales.

Fecha de publicación: 23-04-18
Por: DPA
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Paraguay amaneció este lunes sin demasiados sobresaltos: sabe que el presidente “colorado” Horacio Cartes será sucedido por su correligionario Mario Abdo Benítez, quien garantiza la continuidad del modelo económico liberal aplicado desde hace décadas.

El país sabe también que posiblemente podrá mantener, e incluso quizás aumentar, la tasa de crecimiento económico del 4,5 por ciento que exhibe orgullosamente cada año desde hace 15, gracias al negocio de la soja y sobre todo la maquila.

Pero el modelo tiene una contracara difícil de ocultar cuando el mismo Palacio de Gobierno, en la capital, está rodeado por un populoso barrio marginal: en Paraguay casi una de cada tres personas vive en la pobreza o la extrema pobreza.

Con el resultado de las elecciones generales del domingo, Paraguay mostró a sus inversionistas, muchos de ellos de Brasil, que es un país estable. Y también que está en consonancia con el rumbo político que está tomando su vecino y otras naciones del continente en un año de varias citas electorales.

Así, en Brasil resuena el nombre del ultraderechista Jair Bolsonaro a medida que se avanza hacia las elecciones generales de octubre. En recientes sondeos de Datafolha, el ex militar aparece segundo en la intención de voto. Está 16 puntos porcentuales por debajo del ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva, pero eso no sirve de mucho si el máximo favorito cumple en prisión una condena a 12 años por corrupción.

“Yo lo llamo un golpe preventivo. Es uno de los recursos disponibles en este momento para frenar toda posibilidad de Gobiernos progresistas en la región, tal como lo han sido los golpes disfrazados de juicios políticos”, afirma la socióloga Marielle Palau, del centro de investigaciones paraguayo Baseis.

El 8 de abril, al día siguiente de que Lula se entregara a las autoridades, el diario conservador uruguayo “El País” titulaba en portada: “El principal referente de la izquierda sudamericana se entregó anoche”, con lo que daba cuenta de la importancia que ese hecho tenía para todo el continente.

La única opción que se vislumbra para rearmar una punta de lanza progresista en la región se centra actualmente en el candidato presidencial mexicano Andrés Manuel López Obrador, quien lleva una ventaja de más de diez puntos porcentuales en las encuestas de cara a las elecciones del 1 de julio.

En opinión de Palau, Paraguay perdió en estas elecciones la oportunidad de constituirse en esa punta de lanza mediante una coalición que, si bien incluía a sectores liberales, tenía entre sus filas al ex presidente Fernando Lugo (2008-2012). “Paraguay podría haber sido el inicio de un proceso de recuperación del progresismo en la región, pero eso no ocurrió”, señaló.

Ninguno de los otros países donde hubo o habrá elecciones presidenciales este año (Costa Rica, Colombia, y Venezuela), como tampoco Cuba, están hoy en condiciones de erigirse en vanguardia para retomar el rumbo progresista que había tomado el continente en las dos décadas pasadas, afirma el analista colombiano Christian Arias, profesor de Teoría Crítica Latinoamericana en la Universidad de Buenos Aires.

“Con Hugo Chávez, Venezuela tenía liderazgo regional. Hoy, Venezuela está en una retaguardia incesante, tratando de sobrellevar las dificultades económicas en medio del bloqueo financiero y del aislamiento político”, explica Arias.

En cambio, sigue vigente en Bolivia la figura de Evo Morales, cuyas aspiraciones de reelección para los comicios de 2019 fueron rechazadas por la población en un referéndum cuyo resultado él consideró producto de una campaña de desprestigio en su contra.

Con este cambio de rumbo continental, los movimientos populares, que están ya bastante golpeados en varios de estos países, tienen por desafío resistir para no perder las conquistas sociales logradas en los años pasados.

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