Viernes 23 DE Agosto DE 2019
Mundo

La mordedura de un perro te puede matar

Fecha de publicación: 20-06-17

David Krall, es el nombre del paciente que casi pierde la vida por una mordedura de perro. Esta historia es un claro ejemplo de lo que debes tomar en cuenta si te sucede algo similar.

Un hombre llamado David Krall llegó de su trabajo a casa y le dijo a su esposa Becky que saldría a correr con su perro. En el trascurso del paseo, la mascota se enredó en una pelea con otro perro del vecindario; al intentar separarlos él fue mordido, lo que provocó una pequeña herida en su muslo.

Retornó a su casa para lavarse la herida con agua y jabón, y aplicó una crema antibacterial; creyó que sería para curarse. Al día siguiente visitó un centro médico donde le suministraron una inyección antitetánica. Le comentó al enfermero que el perro que lo había atacado ya tenía una inyección contra la rabia.

Los especialistas le comentaron que sería bueno suministrarle antibióticos para evitar cualquier peligro, pero David consideró que era suficiente lo que había hecho y que estaría bien. Grave error, casi le costaría la vida.

Fue hasta el día siguiente cuando empezó a sentirse mal, a tal punto de pedirle a su esposa que condujera por él, porque se sentía muy débil. “Pensé que su herida se había infectado o que era una reacción a la inyección antitetánica”, contó Becky al The Washington Post. Por lo que decidió llevarlo a una clínica.

Aquí una enfermera le tomó la temperatura, y descubrió que estaba muy alta, sobre todo en la región de la herida. Por lo que les recomendó ir al hospital universitario de Kentucky.

Al momento de estar en la clínica una enfermera atendió a David pero él nunca dijo que fue mordido por un perro y que le habían aplicado una inyección el día anterior. Luego de dos horas y cansados que ningún médico lo atendiera decidieron regresar al día siguiente.

 

Eran las cuatro de la mañana cuando David tuvo que dirigirse de nuevo al hospital con la ayuda de su esposa porque se sentía muy enfermo. Al llegar a la clínica fue llevado en una silla de ruedas al consultorio. Su esposa, regresó a parquear bien el carro y cuando entró nuevamente una enfermera se le acercó para decirle “Su marido está muy, muy enfermo. Necesita prepararse porque quizás no resista este día”. No podía creer lo que escuchaba.

De inmediato, Becky vio a uno de los médicos. Y sus comentarios le dieron la posibilidad de saber lo que ocurría. Mencionó dos palabras: “antitetánica” y “perro”. Información que su esposo había obviado mencionar la noche anterior. Para ese entonces, sus dedos estaban azules, sus ojos cerrados y tendido en una sala de urgencias. Estaba en shock. Pero además, hizo referencia al historial de su esposo: no tenía bazo, órgano clave para el sistema inmunológico.

Los médicos trataron de descubrir qué pasaba, pensando que era meningitis. Ignoraron que Becky había mencionado una bacteria provocada por la saliva de los perros llamada Capnocytophaga canimorsus. Este “ingrediente” puede ser fatal en los pacientes sin bazo, según le había dicho un médico amigo de la familia tras conocer el estado de David.

Al sexto día fue el médico Dereck Forster quien identificó la bacteria. Llamó al laboratorio y preguntó si habían notado algo raro en las células de la sangre del maratonista. “Son muy pequeñas”. Además, crecían lentamente. Era un signo claro de que se confirmaba su sospecha: capnocytophaga.

David permaneció 11 días en coma, pero al menos los médicos ya sabían de qué se trataba. Pasó por muchos meses de recuperación y las consecuencias fueron gravísimas. Tres dedos de los pies debieron ser amputados.

Para Forster, la negativa de David de aceptar los antibióticos luego de la mordida fueron producto del estado de salud. Al haberse sometido a un tratamiento corto, hubiera eliminado la posibilidad de infectarse. Pero también la falta de comunicación y la omisión de información clave a los médicos y enfermeros dieron como resultado el dramático cuadro final del paciente.