Lunes 19 DE Noviembre DE 2018
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“Lula” comparece ante el juez Moro

El esperado encuentro con Moro, ídolo de los detractores del exmandatario, puede ser crucial para el futuro de este político que dejó la presidencia con un 80 por ciento de popularidad.

Fecha de publicación: 10-05-17
Por: AFP
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El expresidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva llegó este miércoles al tribunal de Curitiba (sur) para comparecer ante el juez anticorrupción Sergio Moro.

El exmandatario de izquierda (2003-2010), de 71 años, ingresó rodeado de seguridad y entre vítores de cientos de partidarios que se movilizaron para expresarle apoyo.

Moro buscará determinar si Lula es propietario de un triplex en un balneario de Sao Paulo, que habría recibido de la constructora OAS, sumergida en el escándalo Petrobras, a cambio de “ventajas indebidas”.

El combativo exlíder sindical lo niega enfáticamente y se considera víctima de una persecución judicial y mediática que, para él, propulsó la muerte de su esposa y compañera de batallas, Marisa Leticia, en febrero pasado.

La audiencia se lleva a cabo a puertas cerradas y la filmación del interrogatorio debería liberarse unas horas después de su finalización. Los manifestantes no pudieron aproximarse a la corte, custodiada por centenares de policías.

La sentencia debería conocerse en un plazo de 45 a 60 días, aunque algunos analistas apuntan que podría ser en apenas un mes.

El expediente, conocido como el “apartamento de Guarujá”, es una de las cinco acusaciones que hasta el momento pesan contra Lula por corrupción pasiva, lavado de dinero, tráfico de influencias y obstrucción a la justicia.

De acuerdo con las leyes brasileñas, Lula no podría postularse a las elecciones de octubre de 2018 si una eventual condena es ratificada en segunda instancia. Este proceso suele demorar un año.

Lula, el mito que quiere volver a gobernar

Luiz Inácio Lula da Silva fue el presidente más popular de Brasil (2003-2010) y es favorito, según las encuestas, para las elecciones de 2018. Pero las acusaciones de corrupción pueden arruinar la suerte de este mítico exobrero.

“Yo conocí el hambre, y cuando uno conoce el hambre, no desiste jamás”, afirmó recientemente. “Hace dos años que estoy leyendo en los periódicos que el PT acabó y que mañana Lula estará preso. Si ellos no me meten preso en breve, quien sabe si un día yo los hago detener por las mentiras que cuentan”, amenazó el viernes pasado en un mitin.

Nacido en el árido nordeste en octubre de 1945, Lula conoció desde la cuna lo más dramático de la pobreza que azotaba a casi un tercio de los brasileños.

 

Séptimo hijo de un matrimonio de analfabetos, fue abandonado por su padre antes de que la familia emigrara a la prometedora e industrial Sao Paulo, como millones de coterráneos.

Fue vendedor ambulante y lustrabotas, a los 15 años inició su formación de tornero mecánico, perdió un meñique en una máquina y al final de la década de 1970 se convirtió en el líder sindical al mando de una histórica huelga que desafió a la dictadura (1964-85).

Sin embargo, Brasilia se hizo esperar y en tres ocasiones fue derrotado como candidato presidencial al frente del PT, que él mismo había cofundado en 1980.

El líder al que la revista Foreign Policy calificaría después como una “estrella del rock de la escena internacional” llegó finalmente a la presidencia en 2003 bajo promesas de justicia social.

Durante sus dos mandatos, empujados por el viento a favor de la economía mundial, 30 millones de brasileños salieron de la pobreza.

Lula coronó su mandato, y su popularidad mundial, consiguiendo para Brasil la sede de la Copa del Mundo de fútbol en 2014 y los Juegos Olímpicos de Rio de Janeiro en 2016.

La sombra de la corrupción

Idealista pero pragmático, Lula es considerado un maestro en el arte de tejer alianzas aparentemente contranaturales o de deshacerse de amigos incómodos.

En 2005, descabezó a la dirección del PT implicada en el gran escándalo del “mensalão”, una millonaria contabilidad ilegal para pagar a partidos y congresistas a cambio de apoyo político.

El mandatario logró mantenerse al margen, fue reelegido en 2006 y en 2010 consiguió la victoria de Rousseff.

Un año después de dejar el poder, le diagnosticaron un cáncer de laringe que superó, aunque dejó huella en su voz áspera con la que declaró a la justicia haber sufrido una “canallada homérica” cuando fue impedido de ser ministro de una acorralada Rousseff.

Aunque ya avisó el mismo día en que la policía le llevó a declarar de madrugada: “Si querían matar a la serpiente, no le golpearon en la cabeza, le pegaron en el rabo, y la serpiente está viva como siempre”.

 

 

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