Domingo 23 DE Septiembre DE 2018
Mundo

Noviembre, el tiempo de las maldiciones rotas

El mes aún no termina, pero es seguro que muchos ciudadanos en EE. UU. añoran que el Día de Acción de Gracias llegue cuanto antes.

Fecha de publicación: 20-11-16
La noche del 8 de noviembre fue una sorpresa tanto para los republicanos como para los demócratas. (El periódico > Lucy Chay) Por: Lucy Chay elPeriódico
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Los Cachorros de Chicago ganaron el 1 de noviembre la Serie Mundial de Béisbol después de 108 años de mala suerte. Lo hicieron en una serie final reñida de siete encuentros ante los Indios de Cleveland, quienes tampoco han logrado el título desde 1948.

El resultado de este duelo debió ser el presagio de un mes negro para el partido demócrata. Esa misma semana los estrategas del equipo azul daban por sentado que había muchos republicanos que preferían esconder su verdadera intención de voto y que Hillary Clinton ya contaba con los 270 votos electorales necesarios para ganar una elección. Pero el martes 8, la realidad fue otra. A dos horas del cierre de las urnas en varios estados de Estados Unidos, la candidata demócrata mandaba un mensaje por su cuenta de Twitter. “Este equipo tiene mucho de qué estar orgulloso. Pase lo que pase esta noche, gracias por todo”, decía Clinton mientras los resultados daban ya una ventaja considerable a su rival republicano Donald Trump, en cuya cuenta publicaba a esa misma hora una foto junto a su compañero de fórmula, Mike Pence, su familia y su equipo de campaña.

¿Si piensan que los republicanos prefieren esconder su voto antes que decir que votarán por Clinton, acaso no les podría pasar a ustedes lo mismo luego de ocho años sin lograr una reforma migratoria? Fue la pregunta a uno de los estrategas demócratas movilizados de California a Arizona para apuntalar el voto latino en uno de los estados en donde el 22 por ciento de la población es latina. La respuesta nunca llegó y se esforzaron en dejar claro que lo que buscaban era extender el mapa electoral en los estados indecisos.

El mapa se vistió de rojo

Al filo de la medianoche Trump ya se había hecho de la mayoría de los Estados péndulo como Florida, Carolina del Norte, Iowa, Ohio, Pensilvania. Sin contar que a esa hora, los datos también computaban que los republicanos habían ganado el Senado.

Fue una larga jornada en donde poco a poco las sedes demócratas eran abandonadas por sus integrantes y canceladas las fiestas previstas para la victoria. Al día siguiente, lo que nadie se imaginaba había pasado. Donald Trump era el Presidente electo de Estados Unidos y con él el partido republicano había logrado mantener el control del Senado y la Cámara de Representantes.

Los ocho años de gobierno demócrata habían terminado y un outsider le había arrebatado el éxito a la dinastía Clinton.

“¿Usted está contenta con el resultado?”, pregunté a una trabajadora blanca del hotel en donde me hospedaba, solo alcanzó a inclinar la cabeza y a mostrar su negatividad. Horas antes había preguntado a un grupo de latinos que reparaba la fachada del mismo hotel ubicado en Concord, New Hampshire, por quién votarían. “No podemos votar, pero no creo que votaríamos por Hillary”, dijo uno de ellos.

Ese mismo día se estrenaron las manifestaciones contra el Presidente recién electo. Not my President ( No es mi presidente) se leían en pancartas hechas por estudiantes en Boston, quienes en una de las plazas gritaban en español: “el pueblo unido, jamás será vencido”.

La noche antes de las elecciones Trump y su equipo había pronunciado el último discurso como candidato en un mitin en Manchester, New Hampshire, identificado como un estado morado (tan republicano como demócrata). “¿Se imaginan a Hillary Clinton cuatro años en la Casa Blanca?” preguntaba el entonces candidato mientras los asistentes al SHNU Arena le contestaban “encarcélala”, “construye el muro”. Ahí, Trump prometió cambiar todas las decisiones tomadas por Barack Obama, detener la inmigración ilegal y make América great again. El mitin lo pronunció ante un público eminentemente blanco, los únicos latinos presentes eran mis seis amigos y yo, quienes no nos escapamos de miradas inquisidoras y alguno que otro comentario del que solo entendimos mexicans en tono despectivo.

Obama también hacía su último intento por pedir el voto para Clinton, en el mismo Estado. El apoyo del aún Presidente sirvió a la candidata demócrata, quien ese martes logró en New Hampshire los cuatro votos electorales en dicho estado, dejando atrás la derrota sufrida en las primarias ante Bernie Sanders. Pero los números no le alcanzaron a Clinton.

No subestimes al enemigo

“No sabemos”, respondió una reportera de una radio en Boston a la pregunta de cómo Trump ganó la elección. Luego, explicó que privó más la situación económica, una brecha que se amplió en los últimos años, además del miedo al terrorismo mundial y del miedo de la población blanca del cambio demográfico. ¿Pero las encuestas y los medios de comunicación daban a conocer el triunfo de Clinton? “Creo que subestimamos la gravedad del descontento de la gente, es un voto contra Hillary, contra el statu quo. Es también un llamado a nosotros, no supimos identificar ese descontento”, dijo otra de las periodistas presente.

Un descontento que Trump no solo logró percibir, además capitalizó esa rabia de las personas que se sentían aisladas y no vinculadas.

“Obama realizó muchas cosas importantes para nuestro país, y eso a los conservadores no les gustó. Pero también hay muchas cosas que están cambiando muy rápido, como la economía mundial. A la par de los problemas en los estados en donde los puestos de trabajo se han disminuido. Todos ven a Trump como su salvador, pero él es un falso profeta”, repondió uno de los representantes de una de las tantas organizaciones encargadas de trabajar en campañas de base y de recaudación de fondos del partido azul, y quien hasta ahora no da crédito al resultado.

Los demócratas parecen haberse dormido en sus laureles, no pensaron que necesitaban trabajar tanto las bases, o invertir más tiempo en esos bolsones de ciudadanos quienes se sentían aislados, algo que sí hizo su oponente. O como lo dijo Sanders en Twitter: “Los demócratas se han enfocado en obtener grandes sumas de las familias adineradas y han ignorado a las familias trabajadoras”. Clinton obtuvo un millón de votos más que Trump, pero el voto popular no le alcanzó para lograr la Presidencia.

 

En el último mitin de Trump, una noche antes de ser electo Presidente. (El periódico > Lucy Chay)

Entre Arpaio y la marihuana


> Esperemos que gran parte de lo que prometió se le olvide, que sea un demagogo, responde un académico en Boston al referirse a Trump como presidente. Ahora debemos preocuparnos por la lista de las personas que lo acompañarán para hacer gobierno, de los secretarios de Estado, y ya hay algunos nombres que nos deben preocupar, dice. Y añade: “La lección más importante sobre la transición de poder es que pese a las grandes diferencias hay un traspaso pacífico. Ese es el mensaje que debemos entender en el primer encuentro de Obama con Trump”.  En medio de estos agridulces comicios hay otro tipo de resultados que rompieron una que otra maldición. El polémico y más duro perseguidor de migrantes indocumentados, el alguacil del condado de Maricopa, Phoenix, Joe Arpaio perdió su séptima reelección. Mientras California, Nevada, Main y Massachusetts votaron a favor del consumo recreativo de la marihuana, y como me dijo un amigo: “qué bueno, porque de aquí en adelante la van a necesitar”.

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